22 sept 2018

HAMBRE DE HOY, PAN PARA MAÑANA


Sinopsis
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Sueños de ricos en mentes pobres, muertas en vida. Generaciones y generaciones de obreros luchando en silencio, sin quejarse, confiando en que tarde o temprano llegarán sus recompensas. Incontables almas devastadas, víctimas del dogma del esfuerzo y el emprendimiento al servicio del capital, venerando la figura del “millonario hecho a sí mismo”.

“Lucha por lo que quieres”“Con esfuerzo todo se consigue”“Si quieres, puedes”...

El poder de este monstruo es infinito...

Prólogo

Desde que adquirí conciencia política, hace ya unos años, he aborrecido la teoría liberal del esfuerzo, y presenciado cuántos estragos ha causado, causa y causará en la economía, en la sociedad, y sobre todo, en nuestras almas.

Desarrollar este texto llevaba tiempo en mi lista de tareas pendientes, esperando a que la inspiración llegase a mí y me permitiese reflexionar y escribir con paciencia y criterio.

Al final llegó, y éste es el resultado. Como no podía ser de otra forma, los culpables son los de siempre...

HAMBRE DE HOY, PAN PARA MAÑANA

En esta ocasión, vamos a hablar sobre otra de esas poderosas armas de las élites económico-financieras, como mayores beneficiarias del sistema político-económico-social capitalista, de las que se valen para perpetuarlo y continuar enriqueciéndose a costa del resto de la población: la falsa teoría liberal del esfuerzo, o cómo generar sueños y anhelos de ricos en las mentes de los pobres, para seguir manteniendo pobres a los pobres.

Como ya expliqué, hay algunos logros – como los académicos o los deportivos – que no podremos conseguir sin esfuerzo y dedicación; pero cometemos el error de extrapolar eso a aspectos donde no debería caber. No todo en la vida hay que ganárselo; hay cosas, en especial todo aquello que supone un mínimo para la supervivencia humana, sobre las que, por el mero hecho de existir en cantidad suficiente para tod@s, ostentamos un derecho natural e irrebatible para acceder a ellas sin más obstáculos que los que presenten de por sí.

Cometemos ese error, y es entonces cuando todas esas frases de motivación tan extendidas - “lucha por lo que quieres”, “con esfuerzo todo se consigue”, “querer es poder” -, tan útiles en otros aspectos, se convierten en demagogia barata, y contribuyen a que permanezca y se extienda una mentalidad nociva donde las haya, a la que vamos a referirnos como la – falsa - “teoría liberal del esfuerzo”.

La teoría liberal del esfuerzo es una mentalidad propia y originaria de la vertiente social del sistema que impera en el mundo, que sostiene que los logros, cualesquiera que sean, se consiguen con esfuerzo, sacrificio, dedicación, motivación y autodisciplina. Viene a decirnos algo así como que el hambre de hoy es pan para mañana.

Lo que esto pretende y consigue es generar sueños de ricos en mentes pobres. Desde los tiempos en que el liberalismo económico cosechó sus primeros triunfos, ha dado lugar a una clase trabajadora más propensa a adaptarse a sus duras condiciones, que apenas reclamará mejoras generales porque estará concentrada en lograr avances individuales. Tiene en su cabecita la idea de que puede llegar a ser rica y, además, el deseo de serlo, y combina idea y deseo para darse motivos para trabajar duro y en silencio toda su vida.

Los anhelos de riqueza de la clase trabajadora son resultado de la socialización; es decir, de que su socialización tenga lugar bajo la influencia del sistema imperante, pues según él, la riqueza trae consigo el éxito social. Como ya analicé, es el éxito social lo que en verdad perseguimos en nuestra búsqueda de la riqueza.

Además de reforzarse cada vez que alguien se motiva para trabajar duro y en silencio recurriendo a la mencionada demagogia barata, la idea de que cualquiera puede hacerse rico de esa forma bebe también de la fuente del ejemplo.

El sistema educativo y los medios de desinformación al servicio de las élites, y también gran parte de nuestros representantes políticos – como miembros de nuestra sociedad que son, pero micrófono en mano, cámaras delante y en prime time – se encargan de ensalzar la figura del emprendedor que comienza de la nada y se convierte en millonario, erigiéndola ante la clase trabajadora como la viva imagen del triunfo, convenciéndola de que eso es “tener éxito” y que está al alcance de cualquiera, por el mero hecho de que esa persona lo consiguió y está vivita y coleando.

Los vivos ejemplos son para la teoría del esfuerzo un apoyo sensacional, del que las élites se valen para hacer florecer en la población más interés por lo material, y fomentar el individualismo y la competitividad que constituyen la base del sistema.

Este arma letal que es la teoría liberal del esfuerzo se combina a la perfección con otra de la que ya habíamos hablado: el cepo chino. Mientras éste siembra el conformismo y la adaptabilidad en el obrero y disminuye sus expectativas, llega ella y le pinta una luz al final del túnel, creándole la ilusión de que todavía, si trabaja duro y sin quejarse, puede llegar a ser rico y alcanzar así el éxito.

Y el resultado de todo es tan palpable que asusta: millones y millones de trabajadores deslomándose en silencio; callando a quienes alzan la voz por ellos; alegrándose por tan siquiera llegar a fin de mes y poder permitirse algún que otro capricho; y confiando en que, si siguen así, llegarán tiempos mejores. Tiempos que jamás llegarán, porque la creación y el mantenimiento de la pobreza son parte de la esencia del capitalismo.

El éxito de la teoría liberal del esfuerzo tiene lógica. Por un lado, da una explicación a las desigualdades sociales, generando el pensamiento de que “quien es pobre lo es porque quiere, porque no se esfuerza lo suficiente”; y por otro, confiere a quienes la creen y la predican una gran fuerza para defenderla ante quienes la critican, porque les vuelve capaces de restar importancia o incluso obviar los verdaderos motivos de las desigualdades, que casi seguro – y con razón - estarán en boca de los críticos, sin tener ningún tipo de remordimientos, siempre contando con el recurso de ensalzar la figura del “millonario hecho a sí mismo”.

Por eso, la imagen de estas personas que se han hecho ricas va a ser explotada hasta la saciedad.

De estas – pocas – personas, quiero decir. Porque ahí está la cuestión: la teoría liberal del esfuerzo no se sostiene.

Primero, porque si lo pensamos bien, lo que afirma es del todo incapaz de explicar que existan tan grandes diferencias económicas entre la población. Un “millonario hecho a sí mismo” no es tal porque se haya “esforzado” mil veces más que un mileurista ni millones de veces más que esa gran parte de la población mundial que vive con un dólar al día; lo es porque, casi siempre contando con cierto capital inicial y/o una gran oportunidad, enfocó sus esfuerzos hacia una o varias ideas o actividades que por unos u otros motivos hallaron viabilidad económica.

Y segundo, porque mientras ensalza la figura de estas pocas personas, se encarga de obviar a todas aquellas – la inmensa mayoría – que han tratado de hacerse ricas de la misma forma y han fracasado. Por cada “millonario hecho a sí mismo” hay cientos de emprendedores en bancarrota. Todos ellos, habiéndose “esforzado” tanto o más que aquellos pocos a los que les fue bien. Se produce así en la sociedad un fenómeno que en psicología se conoce como sesgo cognitivo de la disponibilidad.

De esta forma, la propia realidad desmonta la teoría liberal del esfuerzo. Donde ésta dice que el esfuerzo y el trabajo duro traen la riqueza, le contesta demostrándole que no es cierto, que son el propio dinero, la habilidad para manejarlo, la visión empresarial, los contactos, las oportunidades y la suerte aquellos factores que marcan la diferencia.

Si ya en parte se han podido deducir, ahora hablaremos de las fatales consecuencias de esta teoría y su aplicación práctica.

La teoría liberal del esfuerzo es una catástrofe para la humanidad.

Para empezar, porque la deshumaniza.

Siguiendo sus directrices, el ciudadano piensa que el éxito se consigue con dinero y que el dinero se consigue con esfuerzo; con lo cual, el éxito se consigue con esfuerzo. Por esta razón, además de presentar grados escandalosamente altos de tolerancia hacia la explotación y la precariedad, los ciudadanos orientan su vida casi en exclusiva al desarrollo económico, dejando de lado el crecimiento personal.

Hasta cierto punto, claro que es lógico preocuparse por la economía personal, pero las directrices de la teoría del esfuerzo canalizan en exceso las preocupaciones de los ciudadanos - y en consecuencia sus esfuerzos diarios - en ese sentido, provocando que el crecimiento personal y espiritual se deje de lado e incluso se penalice, pues bajo el manto del capitalismo salvaje, tener valores y principios humanistas puede incluso impactar de forma negativa en las propias finanzas, al impedirnos actuar según de qué manera. Aquí, o pisas o te pisan. Si no quieres pisar...

También, la teoría del esfuerzo nos transmite que “todo está en nuestras manos”. Es una idea que a priori puede sonar motivadora, pero que resulta ser una fuente de emociones negativas.

Esa idea le hace creer al individuo que está solo aquí. Que debe preocuparse por sí mismo y no confiar en nadie, pues al final toda la gente busca su propio beneficio. Que es él contra el mundo. Y eso hace que cada uno trate de salir adelante por su cuenta, de forjarse su propio caminito, como si la vida fuese una cárcel de miseria de la que cada uno deba tratar de huir escarbando su propio agujero en la pared con una cucharilla y cuidándose de que nadie le vea.

Hombres y mujeres, jóvenes y no tan jóvenes, solteros y cabezas de familia, asalariados y autónomos... todos tratando de ganarse la vida, bajo presiones internas y externas, percibiendo riesgo por doquier, sintiéndose solos, privándose de muchos placeres, con una permanente sensación de incertidumbre, pues, a la par que todo depende de uno, todo puede cambiar en un momento...

Por culpa de esto, los ciudadanos encajan y soportan mucho peor los fracasos. Porque como todo está en sus manos, si algo falla es culpa suya. Sus penurias son culpa suya. Si la vida no les va bien, si son pobres, es por su culpa, porque algo hacen mal que les impide prosperar.

Y esto debemos conectarlo con otra idea. La teoría del esfuerzo, además de deshumanizar a la humanidad, si bien está concebida para fomentar la prosperidad económica individual, nacional e incluso mundial, en la práctica provoca el efecto adverso: la humanidad pierde productividad por un tubo.

Arrojar de una patada a cada individuo a buscarse la vida por sí solo hace que deba destinar muchísimos esfuerzos individuales a superar las circunstancias adversas propias del sistema liberal, tan fanático del emprendimiento: riesgo, inseguridad, autoexplotación, grandes inversiones iniciales, malestar emocional...

De este modo, el esfuerzo que supone para cada uno asumir esa inversión - o más bien coste – económica y personal, es capacidad productiva que se pierde.

Y para mayor pesar, también actúa - ¿cómo no? - el factor socioeducativo.

Bajo la influencia de la teoría del esfuerzo, al lograr aquello para lo que nos esforzamos, esa satisfacción de creer estar empezando a encajar en ese “vivo ejemplo” que malamente se idolatra, hace que nos olvidemos de cuestionarnos si ese “esfuerzo” que hemos hecho, en realidad, ha tenido sentido. Que no nos cuestionemos si, quizá, no deberían ser más fáciles las cosas.

De esta forma, abandonamos la idea de ponérselo más fácil a las generaciones venideras; y al contrario, transmitimos a nuestra prole toda esta sarta de mentiras que nos ha llevado a donde estamos. Que sepan que todo hay que ganárselo, y que aprendan a valorar lo que cuesta hacerlo. Y así, hacemos que también renuncien a valorar la posibilidad de que las cosas puedan ser mucho más sencillas de distinta manera; y que ellos, cuando crezcan, perpetúen este ciclo.

Pasa el tiempo, pasan los años, las generaciones... y el obrero liberal sigue a lo suyo. Esforzándose y trabajando duro, aguantando lo que le echen, soportando sus penurias del presente guiado por su fe en el futuro. Futuro en el que, según la teoría del esfuerzo, sus esfuerzos tendrán su recompensa – económica, por supuesto – y el cuento tendrá final feliz sí o sí.

Pero ese futuro es incierto. En la mayoría de casos, su situación económica apenas mejorará durante su vida; y, aún mejorando, casi nunca lo hará en proporción a todo lo que ha hecho.

Mientras el obrero piense que su hambre de hoy es pan para mañana, pasarán por él años, lustros, décadas... su vida entera, a la espera de ese día en que no salga de casa pensando en volver, y no vuelva pensando en acostarse.

Amigo/a...

El hambre de hoy no garantiza tu pan de mañana; sólo garantiza que tú cocines para otros. Y que te resignes a hacerlo de por vida, inspirado por la fe en un futuro mejor y la motivación demagógica para seguir librando una guerra que nunca ganarás.

Porque ya te han vencido.


BW.


ESCRITOS RELACIONADOS

NO PAIN, NO GAIN: Aquí abordo la temática del esfuerzo desde otra perspectiva muy complementaria con ésta. Entre otros aspectos, trato la distinción entre aquello que sí hay que ganarse, que nadie te lo va a dar; y aquello que mereces por derecho natural e irrebatible pero que a día de hoy, también tienes que ganarte con tu trabajo. O más bien, recuperar...

ASPIRACIONES VITALES: Aquí hablo sobre el “éxito”, una temática que me encanta. Es una crítica social que apunta a los problemas que tiene el querer ser rico y poderoso, algo a lo que aspira mucha gente. Problemas para uno mismo, y para la sociedad. Y también, propongo una alternativa...

EL CEPO CHINO: Aquí presento otra de esas “armas” de la que las grandes élites, máximas beneficiadas del sistema imperante, se valen para mantenerlo. Una turbia estrategia que consigue reducir nuestras expectativas y hace que nos peleemos entre nosotros buscando culpables que no vamos a encontrar...

GUARDIANES DE NUESTRA PROPIA PRISIÓN: Aquí analizo los motivos por los que el pueblo, pobre, se encarga él mismo de reprimir a aquellos colectivos que luchan por mejorar sus condiciones laborales y para protegerlas cuando pretenden empeorárselas. Un panorama muy preocupante...

¡GOOOL!: Aquí hablo de una más de esas “armas”: los sistemas de canalización del espíritu crítico. Una estrategia muy eficaz que juega con nuestra atención, y de forma sutil, consigue que volquemos nuestra ira y nuestras ansias reivindicativas en asuntos que no tienen impacto alguno en nuestras vidas; para así huir de nuestro punto de mira.

4 comentarios:

  1. Bueno. No creo que el esfuerzo de la mayoría de las personas se centre en hacerse millonarias. Entre ser supervivientes malamente y no pasar hambre ni necesidades y querer ser un Amancio Ortega por poner un ejemplo, estamos la mayoría de los humanos cuyas aspiraciones de futuro son más comunes y entendemos el esfuerzo como un medio para conseguir necesidades no vitales y pequeños placeres... Así. Sin más.
    Esta muy bien argumentado pero ese "ansia viva" como que el común de los mortales creo que no tenemos.....
    Dentro de unos años, si quieres comprarte un coche, por ejemplo, volvemos a hablar....
    Encantada de volver a leerte.
    😍

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    1. Te responderé en dos partes:

      En primer lugar, a mi modo de ver, quizá al pensar la respuesta olvidas u obvias lo que he analizado en “El cepo chino”. Son dos armas que se combinan.

      Entender el esfuerzo como un medio para conseguir necesidades no vitales y pequeños placeres quizá no sea correcto; quizá deberíamos poder conseguir eso con mucha menos dificultad.

      Un coche, por seguir tu ejemplo, es una necesidad que oscila entre básica y no tan básica según las circunstancias de cada quien; pero deberíamos tener muchos menos problemas para cubrirla.

      No obstante, es indiscutible que la cultura de consumo, que es otro arma de dominación masiva por tod@s conocida, influye y - como explico en “Aspiraciones vitales” -, el éxito social que da la acumulación de bienes alimenta también ese “ansia viva” de la que hablas, y no debería hacerlo.

      Por eso, en lo personal, yo quiero un coche; pero, por coherencia, no voy a “esforzarme” por él. Como bien dice Mujica, cuando compramos algo no lo compramos con dinero; sino con el tiempo de vida que empleamos para conseguirlo.

      La cuestión es, en síntesis, dejar de ver la consecución de esas necesidades no vitales y pequeños placeres como un logro, y empezar a verlo como un “sólo faltaría”.

      Como también explicaré en un futuro escrito que ya tengo listo – aunque sea más bien de corte psicológico que político -, nuestra vida mejorará a medida que sepamos cuándo luchar por algo y cuándo exigirlo.

      Y en segundo lugar, decir que el texto está enfocado en el obrero de corte liberal, perfil en el que no encaja toda la clase trabajadora – quizá no sea tu caso -; pero sí la mayoría,. En eso debo debo llevarte abiertamente la contraria. Sí observo el ansia de la prosperidad económica en la mayoría de las personas de mi generación. Completamente seguro, lo vivo a mi alrededor todos los días. Un ansia convertida en “deseo” o “sueño” por el efecto combinado de la teoría del esfuerzo y el cepo chino; pero que sigue ahí, y orienta sus conductas y aspiraciones.

      Aún así, que no veas esto puede deberse a un desfase generacional, que explicaría que ni tú ni una parte considerable de las personas de tu generación tengáis la visión que yo tengo; o a una cuestión meramente de “experiencia vital” - no diré “madurez” porque jamás entenderé esa palabra -, que nos vendría a decir que quizá tu generación, cuando era más joven, sí tenía esos deseos y ansias, pero los han ido abandonando y sustituyendo. Eso lo sabrás mejor que yo.

      Pero está ahí. Y es un problema muy grave. Quien aspira a más, en este sentido, acierta cuando piensa que merecemos algo mejor; pero los medios que tiene para llegar, tal y como expongo en el escrito, son un arma de doble filo que le mantendrá en la miseria o la mediocridad.

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  2. Teoría y práctica discurren por sendas distintas aunque en nuestros ideales compartan los dos carriles del mismo sentido, la realidad y la crudeza de la vida las separan en dos vías no siempre paralelas, por desgracia.
    Bien como reflexión, bien como ideario , lo bueno de tus escritos es que invitan a pensar, dudar y cuestionarse.
    Espero el siguiente.

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    1. Soy de quienes afirman, ante la “dureza” de la vida, que ésta no es tal “de por sí”, sino que pese a que es obvio que nuestro paso por la Tierra estará plagado de malos momentos, como sociedad, la hacemos mucho más complicada. Podría ser más fácil.

      Gran parte de los problemas que tenemos no son naturales o fortuitos, no son una triste casualidad que no tenga remedio; son por culpa de alguien. Y el que expongo en este escrito es uno de ellos.

      Predicar realismo de esta forma, es abrazar el conformismo. Es asociar la realidad “fáctica” con la realidad “natural”, negando cualquier influencia humana en ello; o bien, no negando la influencia humana – ejercida desde arriba - pero sí la capacidad de la sociedad para contrarrestarla.

      Que la teoría y la práctica sigan caminos distintos, en el ámbito político, no es “ley de vida”; es “ley del poder”. Y habiendo logrado que tanta gente piense así, está muy claro: las élites están venciendo. Se ha normalizado una situación intolerable mediante la técnica de la habituación, como ya analicé en “El cepo chino”.

      Tomaré prestada un fragmento de los apuntes de uno de los cursos que hice: “Cualquier exposición repetida a una situación de violencia afecta y disminuye la conciencia crítica de percepción y de rechazo a la misma, provocando una distorsión sobre el umbral de tolerancia y constituyendo una especie de anestésico ante la violencia.”.

      Y esto se refuerza por efectos socioeducativos con el paso del tiempo, porque la violencia se normaliza y es más difícil reconocerla como tal, pues se combina el negacionismo de la anterior generación de víctimas - de las que dependemos o con las que convivimos - con nuestra propia falta de conocimiento.

      Así, como no lo paremos – y hablar de ello es lo mejor que puedo hacer para contribuir - , pese a que existieron y existirán periodos de “bonanza” - que recordemos, están premeditados - , cada generación recibirá un martillazo más que hunda a la humanidad hacia el fondo.

      Y el fondo, es el Nuevo Orden.

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