1 abr 2017

EL CEPO CHINO


Sinopsis
-
Los jóvenes de hoy vamos a ser la primera generación en mucho tiempo que vivirá peor que la de sus padres. La disminución de la calidad de vida actual respecto a la de años ha es más que evidente. El dolor puede percibirse en las calles, aunque muchas veces se esconda tras falsas apariencias o autoconvencimientos conformistas que tratan de buscarle lógica y justificación. ¿Por qué limitarse a culpar de nuestros males a la “crisis”, acudir a frases vacías tipo “ya vendrán tiempos mejores”, y quedarse cruzados de brazos? O por otro lado, ¿por qué echarnos la culpa entre nosotros según las ideas políticas que tengamos?. Algo no va bien. Quizá nuestra pasividad se debe a que estamos totalmente sometidos, y alguien lleva tiempo manipulándonos a sus anchas...

Nota del autor

La parte más benevolente de mí quiere pensar que todo lo que expongo aquí no es cierto. Que los responsables humanos de nuestros males, sea porque se creen sus propias mentiras, sea porque viven aislados de la realidad social, no son conscientes del daño que nos están haciendo, que no hay deliberación por su parte. Pero tal y como estamos, teorías como ésta cobran algo de sentido.

EL CEPO CHINO

En nuestro país se vive, a juzgar por lo que nos dicen, bien.

Aquí no escasean el agua ni el alimento; tenemos hogares confortables; tenemos una sanidad y una educación con buen rendimiento; tenemos trabajo y el salario que cobramos nos da para vivir; y si no lo tenemos, podemos recibir ayudas.

No obstante, en los últimos tiempos ha disminuido nuestra calidad de vida. Los precios suben; los salarios disminuyen, se estancan o aumentan menos que los precios; trabajamos más horas; el rendimiento de la educación, la sanidad y el sistema de subsidios y pensiones ya no es el de años ha; los jóvenes cualificados emigran; la población envejece; los despidos y los desahucios son el pan de cada día; cada vez más población vive bajo el umbral de la pobreza...

“A ver, es cierto que no estamos en nuestro mejor momento, que las cosas pueden ir mejor, pero no debemos quejarnos tanto, comparando nuestro nivel de vida con el de (insertar país pobre), el de (insertar otro), y ya no te digo el de (insertar otro con mayor presencia mediática)... vivimos bien. Ya vendrán tiempos mejores...” Esta persona es una víctima total.

Víctima, sí. Creo que en estos momentos estamos siendo víctimas de un terrible entramado, extendido a nivel mundial, que representa una poderosa arma de la que alguien - ya veremos quién - se vale para conducir la situación política, económica y social hacia lo que algunos críticos hace ya tiempo que comenzaron a referirse como un monstruoso "Nuevo Orden Mundial".

Es una trampa. Otra más, para no variar. Y para ella he encontrado un nombre que le va como anillo al dedo: El cepo chino.

Para quienes no lo sepan, el cepo chino fue un instrumento de tortura consistente en una caja, generalmente de madera, en la cual se colocaba el pie de la víctima, y con una manivela, utilizando los principios de la prensa y el tornillo, el verdugo lo iba apretando. La víctima pasaba gradualmente de sentir una simple presión en el pie a sufrir la trituración de sus huesos.

Una vez situados, llega la dramática afirmación: nosotros, los ciudadanos, somos el torturado.

Nuestros pies están ahí atrapados, y un misterioso verdugo puede apretar en cuanto le dé la gana, y juega con el dolor que nos hace experimentar y el miedo que tenemos a que se haga más fuerte para agotarnos mentalmente y dominarnos.

Pensemos, sin ir más lejos, en el aumento del conformismo y la disminución del espíritu crítico que han tenido lugar en este país en los últimos tiempos.

Hemos pasado del drama de los mileuristas, a contentarnos con cobrar el SMI, para acabar en el "al menos tienes trabajo". ¿Por qué hemos sido capaces de consentir, al no hacer nada para evitarlo, que nos hayan llevado a esta situación?

Muy sencillo: Porque el verdugo estaba apretando el cepo. La mayoría se ha concentrado en soportar el dolor, y sólo unos pocos han decidido quejarse y pedir que cese la tortura.

Y lo peor de todo. Cuando el verdugo accede a las quejas y plegarias, damos gracias. O más bien cuando finge acceder, pues posiblemente lo tenga ya planeado, para hacernos creer que entre nuestras quejas y plegarias y el cese temporal de la tortura hay una relación causa-efecto. Lo tiene todo bajo control. Vivimos engañados.

Además, la nuestra es una sociedad escandalosamente acrítica y manipulable. El verdugo, para mitigar - si cabe aún más - la rabia que tendríamos que estar descargando contra él, hace que nos peleemos entre nosotros. Que al buscar al culpable de nuestros males miremos hacia los lados en vez de arriba.

Para eso están los partidos políticos. Nos han convencido de que un puñado de personas elegidas de forma más o menos cuestionable, a través de un mecanismo tan simple como dejar un papelito en una urna cada cuatro años – mal llamado “democracia” - pueden adquirir legitimidad para representar los intereses de toda la ciudadanía y velar por ellos.

Cada partido político va a defender una serie de ideales, y los predicarán y defenderán de tal forma que dividirán por completo a la ciudadanía. No hay más que vernos. Que si rojos, que si azules, que si naranjas, que si morados...

Al respaldar o adherirte a un bando te conviertes en enemigo de otros. Si tú gobiernas, a partir de ahora tú serás considerado culpable de los problemas de la ciudadanía. Y si otro gobierna, lo será él, y tú descargarás toda tu ira contra él cuando las cosas no te vayan bien.

Para el verdugo ese panorama no podría ser más cómico. Mientras él campa a sus anchas, los torturados nos tiramos los trastos a la cabeza entre nosotros.

Aunque en mi juventud apoyé durante un tiempo a un bando, pronto vi que estaba equivocado. Gobernase quien gobernase, el panorama era similar, la población seguía y sigue sufriendo, da igual quién gobierne y da igual cómo lo haga. Si a pesar de los esfuerzos de unos y otros por mejorar la vida de los ciudadanos - cada uno a su manera - esa mejora o bien no llegaba; o bien llegaba a cuentagotas; o bien, incluso, llevaba la situación a peor, era porque quizás, al contrario de lo que me habían hecho creer, la ciudadanía no tenía ni tiene el poder.

O eso, o que todavía no se ha descubierto la forma adecuada de gobernar un país, pero eso lo dudo bastante. Sencillamente, observando más allá de nuestras fronteras, podemos encontrarnos con todo tipo de sistemas de gobierno apoyados en todo tipo de pensamientos sociológicos, económicos, morales y compañía, y si aún así nuestro nivel de vida está muy lejos de alcanzar el máximo que el planeta ofrece, será por otra razón.

Y esa razón va asociada a la gran incógnita que llevará todo el tiempo intrigando al lector: la identidad del verdugo. Lo cierto es que al respecto hay distintas opiniones.

Las teorías conspirativas más extendidas suelen identificarle con organizaciones elitistas concretas, tales como el conocido Club Bilderberg (una reunión a la que anualmente acuden las personas más influyentes del planeta, en la cual, impidiendo totalmente el acceso a la prensa, intercambian opiniones y propuestas sobre qué hacer del mundo); o la “mafia sionista” (un reducido grupo de adinerados banqueros y empresarios judíos que, gracias al poder del que disponen al controlar una gran parte de las entidades financieras y prácticamente la totalidad de los medios de comunicación del mundo, indudablemente van a poder ejercer sobre él una gran influencia).

Por mi parte, a ciegas, no me atrevo a ponerle al verdugo nombre y apellidos, aunque sí afirmo que el arma empleada es siempre la misma: el sistema. Como ya dije en alguna ocasión, el capitalismo fomenta la desigualdad, aunque no sea eso lo que pretendía en sus orígenes. Ahora, simplemente, los más beneficiados por sus efectos ejercen su influencia para mantener y reforzar su poder.

Y lo están haciendo bien. Aquí nos tienen, deslomándonos para poder sobrevivir y poco más; engañados, pensando que nosotros tenemos el poder, que votando podemos cambiar las cosas, y que si no cambian, nuestras penurias son culpa de quienes gobiernan; matándonos entre nosotros mientras echamos las culpas de nuestro sufrimiento a las personas equivocadas; asustados, superados totalmente por nuestro miedo al prójimo y al porvenir...

Estamos sometidos. Puedo percibir angustia y dolor en las calles, aunque muchas veces se escondan tras falsas apariencias o autoconvencimientos conformistas que tratan de buscarles lógica y justificación cuando no las tienen.

Este cepo chino es una trampa muy sofisticada, y yo, tras analizarla, sólo le veo un punto débil: la manifiesta intención del verdugo en no cesar jamás en su tortura. Se olvida de que la gran resistencia del ser humano tiene un límite.

Creo que tarde o temprano nuestro dolor llegará a un nivel tan insoportable que los humanos no nos veremos capaces de provocárselo a nuestros iguales bajo ningún concepto. Nos daremos cuenta de que no podemos ser tan crueles. Que por más y más diferencias que puedan existir entre nuestra forma de ver la vida y nuestras ideas, todas encaminadas – cada una a su manera - a lograr el tan ansiado bienestar, no seríamos capaces de hacer sufrir tanto a los demás para defenderlas.

Si el tiempo da la razón a estas palabras, llegado ese momento, incluso Maquiavelo se revolverá en su tumba. El bienestar, pese a ser un fin tan importante, jamás justificaría el uso en su búsqueda de tan despiadados medios.

Lo que le sigue es obvio. Sabiendo que no somos nosotros, buscaremos a los verdaderos responsables. Y es cuestión de tiempo que alguien, una vez sepa que es inútil mirar a los lados, decida mirar arriba.

El verdugo jamás se habría esperado eso. Habrá sido localizado e identificado. Quien lo haya hecho lo pondrá en conocimiento de los demás. Y cuando todos lo observen y se den cuenta de que él es el enemigo, serán capaces de dejar de lado sus ahora superfluas e irrelevantes diferencias para hacerle frente. Porque el enemigo de mi enemigo es mi amigo.

Así, finalmente, la sociedad renegará del sistema capitalista y dará la espalda a quienes se benefician injustamente a sus expensas. Lo que venga después, desde luego, será una tarea complicada. Pero no hay que tener miedo. Ya no. Porque todos querremos lo mismo: un mundo mejor.

Aunque habrá un largo camino por recorrer, nuestros pies ya no se hallarán presos en ese cepo chino, así que, poco a poco, volveremos a ser capaces de caminar.

Caminar, y hacer camino al andar.

BW.

4 comentarios:

  1. Caminar y hacer camino al andar .... Una sociedad que olvida su pasado no puede mejorar el futuro, enternece el deseo del autor asegurando que el pueblo finalmente se librará del cepo chino, utópico deseo ,hermoso sueño, pero, y si se cumpliese? un nuevo orden social horizontal, justo, equitativo... Ojalá , hoy soñaré de nuevo con ello gracias al autor.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. No tengo reparo en reconocer que vi en el cierre una ocasión perfecta para darle algo de sensacionalismo al texto :D pero en fin, muchas veces aquello que creemos imposible en realidad sólo era extremadamente complicado, y la vida nos lo habrá demostrado a todos en alguna ocasión. Dulces sueños :)

      Eliminar
  2. Me gustaría que algún día mirásemos todos arriba, pero mucho me temo que veríamos que el verdugo no está solo.
    Hay muchos verdugos. Y carecen completamente de sentimientos. Son psicópatas. No sienten. Sólo piensan. En ellos mismos. En los demás verdugos que se ayudan a seguir apretando el cepo.
    Soy pesimista. Pero los primeros en levantar la vista han de ser los jóvenes, con esa curiosidad e imaginación que les suele caracterizar.
    Y luego mirará el resto.
    Y quizás entre todos logremos librarnos del cepo.
    Pero de momento, sigamos engañados con el papelito cada cuatro años, que por cierto, demuestra que hay quien puede, sabe y quiere hacer las cosas bien para que el cepo no apriete tanto.
    Buena teoría BW.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Deduzco, por ende, que eres de quienes sostienen que en el verdugo no hay maldad, sino desconocimiento del daño que causa, por vivir en su burbujita. Nada que decir al respecto.

      Respecto al voto, me mantengo bastante escéptico. Creo que poco puede hacer quien pretende encender una llama en medio del océano. Simplemente, hace poco, cuando el verdugo vio que parte del pueblo se movilizaba, aflojó el cepo en nuestro país, pero tarde o temprano volverá a apretar. Puede que hoy por hoy, polarizando a la población y fomentando guerras y odio entre culturas, esté sembrando sus futuros pretextos.

      El tiempo dirá. Gracias por leer.

      Eliminar

¿Qué te ha parecido? Siéntete libre de opinar