6 may 2017

APOCALIPSIS


Sinopsis
-
La lógica le diría a cualquiera que si no se prohibiese la venta de drogas, su consumo se dispararía y el país entero sería un caos.

Jeringuillas abandonadas en parques infantiles; hospitales colapsados; decenas de muertes diarias por sobredosis; drogadictos y yonkis adueñándose de las calles, delinquiendo día sí y día también para pagarse nuevas dosis... Catastrófico. El apocalipsis.

¿Realmente es así, o es todo fruto del miedo? Legalizar las drogas quizá no sea una idea tan descabellada. De hecho, puede que sea la mejor forma de luchar contra ellas...

APOCALIPSIS

La lógica le diría a cualquiera que si el Estado no prohibiese la venta de drogas, su consumo se dispararía y el país entero sería un caos.

Jeringuillas abandonadas en parques infantiles; decenas de muertes diarias por sobredosis; hospitales colapsados; drogadictos y yonkis adueñándose de las calles, delinquiendo día sí y día también para pagarse nuevas dosis... Catastrófico. El apocalipsis.

Como todos sabemos de los daños que las drogas pueden provocar, lo normal es pensar que el Estado, prohibiéndolas, nos está protegiendo de ellos. Que si las llegase a permitir, con total seguridad su consumo se extendería y todos sufriríamos las consecuencias.

Es un miedo racional, completamente lógico dadas las circunstancias, que nos ha llevado a renunciar al derecho individual de decidir si consumir o no, con tal de evitar esa catástrofe. Sin embargo, para mí, legalizar las drogas no tendría ese resultado. No agravaría el problema; sería su solución.

Las drogas deberían legalizarse. Todas. Y explicaré detalladamente por qué.

Para empezar, no todas las drogas son iguales. Según su capacidad de provocar adicción y el impacto que puedan tener en la salud, se diferencian entre “blandas” - las de andar por casa, como cannabis o éxtasis – y “duras” - las más peligrosas, como cocaína o heroína -. Me referiré a unas y otras por separado.

En cuanto a las blandas, prohibirlas no podría ser más hipócrita. Tabaco y alcohol, drogas permitidas, generan más adicción y tienen un mayor impacto en la salud del consumidor que los citados cannabis y éxtasis, drogas prohibidas.

No tiene sentido. El tabaquismo es una de las primeras causas de muerte a nivel mundial, y es bien sabido que el alcohol influye en muchas otras, siendo ambas drogas permitidas. Y mientras tanto, por ejemplo, jamás se ha atribuido directamente una muerte al consumo de cannabis, droga prohibida.

Poco más que decir. Legalizar las drogas blandas no sería ningún disparate, y no seríamos pioneros en ello.

Lo que va a resultar más complicado es razonar por qué también deberían legalizarse las drogas duras, si la realidad juega más bien en su contra. Veamos...

Por desgracia, entre tanta información que recibimos sobre los efectos de las drogas; el énfasis que ponen los medios en la calidad de “drogadictos” o en estar “bajo el efecto de las drogas” al narrar las fechorías de algún delincuente puntual; y las experiencias desagradables que hayamos podido tener con consumidores, cometemos un grave error: equiparamos “consumidor de drogas” con “drogadicto”.

Si yo ahora mismo paro a alguien en la calle y le digo que un amigo mío consume cocaína, la imagen que le genero es la de mi amigo arrastrándose por el suelo en una sucia esquina de un barrio marginal, encocado hasta las cejas. Y eso no tiene porque ser así. Buena parte de los consumidores de drogas duras no caen en la adicción ni sufren más problemas de salud que los que una dosis les provoque en su momento. Llevan una vida completamente normal, como la tuya o la mía, sin dar problemas a nadie.

Sigamos. Como ya dije, pensamos que prohibir la venta de las drogas limita su consumo y disminuye así el daño que puedan causar, pero esa afirmación es falsa. Esa prohibición es insuficiente y además tiene graves efectos secundarios.

Es insuficiente, porque no frena la demanda. Si el Estado no permite ni asume como propia la labor de distribuir droga, la demanda será satisfecha - y en exclusiva - por organizaciones de narcotráfico. A propósito, hay algo que parece que no entendemos: el delincuente siempre va un paso por delante de la ley. Lo que se consigue con la prohibición es que el criminal diseñe estrategias cada vez más complejas y eficaces. El crimen organizado es muchísimo más peligroso que el espontáneo y con poca premeditación. Contra él, por mucho que el Estado se empeñe en luchar, poco puede hacer. Es una batalla perdida, y en este caso con más razón, pues el narcotráfico tiene incluso influencias políticas.

Ahora, vamos con esos graves efectos secundarios.

Lo que buscan los narcotraficantes no es satisfacer la demanda de droga. Les mueve el dinero. Saben que si logran llevar a buen puerto sus operaciones, se harán un hueco en el mercado y tendrán grandes beneficios. Así, a día de hoy, hay un enorme mercado negro a nivel mundial que es una pesadilla para las economías nacionales. Dinero que los Estados jamás podrán controlar y del que jamás verán un duro.

Otro efecto es común a cualquier prohibición. En la mente humana ocurre un curioso fenómeno: lo prohibido atrae. Cuando a alguien le prohíbes o le desaconsejas hacer algo, le estás dando un incentivo para hacerlo. Si la sociedad las desaconseja y la ley trata de impedir que se consuman, las drogas despertarán la curiosidad de algunos. Porque hacer lo prohibido mola. Para bien y para mal la mente humana es rebelde, y poco hay más rebelde que hacer lo que te dicen que no hagas.

Cuando somos frágiles y manipulables, buscamos algún modo de decir “aquí estoy yo”. El típico adolescente acomplejado e inseguro o el jovencito que no ha tenido suerte en los estudios o el trabajo son los potenciales consumidores de droga. Lo ven como un modo de reafirmarse ante la sociedad y huir de sus problemas. Si no tuviesen el incentivo de la prohibición y el desaconsejo, probablemente no empezarían a consumir. Aunque pensemos que prohibir la droga disminuye su consumo, quizá no estemos tan en lo cierto.

Y el último efecto es el peor. La droga es un negocio. Como empresas, los narcotraficantes siempre buscarán la forma de aumentar sus beneficios. Para ello, pueden tratar de expulsar a sus competidores del mercado, lo que dará pie a constantes luchas armadas que alterarán la seguridad ciudadana y se llevarán vidas inocentes allá donde tengan lugar. Y pueden también buscar la forma de sacarle más partido al producto que venden, “cortando” la droga, disminuyendo su pureza al mezclarla con otras sustancias, todavía más nocivas que la droga misma. El impacto que sufrirá el consumidor en su organismo será aún peor que el que sufriría si la droga fuese “pura”. El narcotraficante no tiene reparo ninguno, le da todo igual mientras pueda conseguir más y más dinero. Y de eso no hay ley que proteja al ciudadano.

Por todo ello, prohibir las drogas no me parece un modo acertado para luchar contra ellas. Ahora, la otra cara de la moneda: permitirlas sí lo sería. Os presento algunas hipótesis...

Si el Estado pudiese controlar la venta de droga y su calidad, distribuyéndola él mismo o regulando el mercado privado, el narcotráfico verían muy reducida la demanda de su producto, lo que con el tiempo motivaría, si no su desaparición, una notable decaída en sus actividades. El mercado negro, aunque nunca llegaría a desaparecer, se reduciría considerablemente. Calidad, control y dinero a las arcas públicas. Ya es un tres en uno.

Después, ya que prohibirla les da a sus potenciales consumidores un incentivo, permitirla se lo quitaría. Si la droga está permitida, ya no “mola” tanto, y ellos no verían tan buena idea en empezar a consumir. Además, ya saben el daño que pueden sufrir. El proceso mental que seguirían para decidir no hacerlo sería tan simple como renunciar a saltar encima de un cactus porque se hacen daño. De seguro hasta el más acomplejado o echado a perder se lo pensaría dos veces. 

Y en último lugar, además de que se reduciría el narcotráfico, el que persista se lo tomaría más a la ligera. Si la venta de drogas fuese legal, no tendrían que esmerarse tanto en burlar los controles. Y además moverían mucho menos dinero, al existir competencia que incluso cuenta con el respaldo del Estado. Así, especialmente en lo que respecta a luchar por el control del mercado, el narcotráfico se relajaría. Volvería la tranquilidad a los lugares afectados.

Aunque algún día este planteamiento llegase a ser real, todavía quedaría algo por hacer.

La droga sigue siendo peligrosa. Cuando podamos consumirla sin apenas obstáculos, debemos decidir por nosotros mismos no hacerlo. Tenemos razones de sobra para ello. Y debemos, también, ser condescendientes y ayudar a aquellos que caigan presa de ellas, no darles la espalda. Así, con el tiempo, los problemas causados por la droga disminuirían hasta poco menos que desaparecer.

Entonces, estaríamos ante un enorme triunfo social. Habríamos acabado con los problemas de las drogas sin prohibirlas.


Y habría sido una decisión tomada como debe ser: desde la libertad.

BW.

2 comentarios:

  1. Estando en gran parte de acuerdo con tu planteamiento el escrito da que pensar.
    Lo que es seguro es que no se terminaría con las drogas por legalizarlas, como no se ha terminado con el alcohol, el tabaco ni el juego, por poner ejemplos, estando éstos controlados y legalizados.
    Lo que es verdad es que se terminaría el negocio para muchos y llevaría a un mejor bienestar social, pues todo lo que gira en torno al narcotráfico, la violencia, las mafias, los crímenes.... desaparecerían.
    Cabe suponer que la calidad del producto estaría controlada, así como su comercialización y generaría pingües beneficios a las arcas públicas.
    Pero ¡ay amigo...!
    Habla tú de esto con todas aquellas personas que han perdido algún familiar por su consumo y verás como tienen infinitos motivos para tumbar tu idea. No creo que se convenciesen tan fácilmente.
    Pero como todo en la vida, se debería poder escoger libremente.
    Y para eso hay que tener una exquisita y cuidada educación precisamente basada en la libertad y el respeto, y mucho me temo que esta sociedad no está preparada para ello.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Concordamos, pues, en la idea, desde un punto de vista teórico.
      Ante el problema que me planteas, debo darte la razón. Ya había pensado en ello. Lo que ocurre ahí es que con las personas que hayan sufrido perjuicios de ese tipo no se puede tratar este tema simplemente desde el punto de vista teórico, pues lo llevarán al terreno personal, y tienen toda la razón del mundo para hacerlo.
      Lo mismo ocurre en otras cuestiones polémicas, por ejemplo, con quienes han perdido seres queridos en ataques "terroristas", quienes han sufrido la ocupación de sus viviendas, o quienes han sido gravemente perjudicados por la actuación del gobierno de su país. Sería casi imposible tratar estos temas con ellos sin llevar el debate a lo personal.
      ¿No estamos preparados para ello? Ahí tenemos, como sociedad, algo más en lo que trabajar...

      Eliminar

¿Qué te ha parecido? Siéntete libre de opinar