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Hay crímenes que al amparo del sistema se cometen a plena luz del día y a cara descubierta. Están ahí, aunque miremos hacia otro lado. Y peor aún, seguirán ahí aunque miremos hacia ellos, porque nosotros, la ciudadanía de a pie, no podemos hacer nada.
Es el poder del capital en todo su esplendor: puede deshumanizar al ser humano. Puede hacer que tus defensores te esclavicen. Si protestas, puede hacer que dejen llegar a tus asesinos hasta ti. Y peor aún: ellos mismos pueden convertirse en tus asesinos...
Prólogo
Hasta
en un examen de Derecho puede uno encontrar inspiración para
escribir.
“Litigación
internacional y sostenibilidad”,
una asignatura optativa de mi último curso de carrera y que
escogí casi por descarte, resultó, para mi sorpresa, muy
enriquecedora de conocimiento y más de espíritu, porque trataba
gravísimos problemas internacionales desde una perspectiva crítica
y humanista. Las lecciones que recibí, desatando mis lágrimas,
conectaron a la perfección con la ilusión y el deseo de cambiar el
mundo que tenía con 18 años, cuando entré en la facultad por
primera vez; que ya había nacido en mí a los 12, cuando escogí
esta carrera; y que hoy, con 23, ya graduado, espero perder sólo si
llego a conseguirlo.
En
este post, partiendo de mi examen de esa asignatura, busco compartir
algunas de esas lecciones que aprendí, hablando sobre uno de esos
crímenes que al amparo del sistema se cometen a plena luz y a
cara descubierta: la explotación laboral y la represión sindical en
el tercer mundo.
Espero
que os guste.
RESTOS
DE SANGRE
La
existencia de países, al tiempo que potencia la sensación de
pertenencia a una comunidad y el deseo de estrechar lazos y compartir
objetivos de mejora con el resto de sus miembros, tiene un efecto
adverso: divide a la
humanidad, haciendo que
pierda la conciencia global. Que cada persona, además de sus propios
intereses, no sepa ver más allá de – como mucho - los de su
comunidad, sellada por fronteras.
Y
eso hace que se dejen de perseguir intereses generales y no se
condenen ciertas situaciones que, si bien sólo las sufren grupos
concretos de personas, afectan a toda la humanidad, porque
atentan contra los grandes valores que deberían imperar en ella.
En
este escrito vamos a hablar de una de ellas: la explotación
laboral y la represión sindical del “tercer
mundo”.
La
globalización también incumbe al mercado. Las empresas de países
“avanzados” tienden a buscar mano de obra en los
“tercermundistas”, porque les es más rentable al ser allí
las condiciones laborales más precarias que en sus países de
origen.
Es
la llamada “deslocalización
empresarial”. Un fenómeno que desde el punto de
vista económico tiene cierto sentido, ya que el fin de una empresa,
además de subsistir, es obtener cuanto más beneficio, mejor; pero
que desde el punto de vista social es inaceptable, porque vulnera
gravemente los Derechos Humanos.
Derechos
Humanos, que simbolizan parte de esos grandes valores que deberían
imperar en la humanidad; pero no lo hacen, porque es casi imposible
protegerlos frente al poder del capital.
En
el "tercer mundo", para defenderse de estos ataques, también existe la
acción sindical. O más bien, trata de existir, porque ese es el
problema: el sindicalista del "tercer mundo" es criminalizado,
perseguido, torturado y asesinado.
Los
Gobiernos de esos países se unen al capital contra su propia
población. Las oligarquías plutócratas que gobiernan quieren su
parte del pastel, y saben que si mantienen - pistola en mano y ley
mediante - la precariedad en su país, las empresas continuarán
yendo a buscar mano de obra; y eso es una potente inversión de la
que se van a beneficiar. Y como
la acción sindical puede ser un obstáculo, los mismos Gobiernos se
encargan de combatirla. A veces, incluso a través de grupos
paramilitares. De cualquier forma.
Así,
la población trabajadora es reprimida y abandonada a su suerte
por quienes se supone que deben defenderla.
Lo
más lógico y sensato por parte de las empresas sería que,
conscientes de esa realidad, se abstuviesen de contratar mano de obra
en estos lugares o que, aun haciéndolo, tratasen de mejorar la vida
de quienes estén a su servicio, reconociéndoles también, por
supuesto, el derecho de sindicalización y huelga.
Pero
el capital es poderoso. Las empresas del “primer mundo”
han encontrado la forma de tener a esa gente a su servicio sin ser
directamente sus explotadoras: la “subcontratación”.
La
subcontratación consiste en no contratar mano de obra propia para
una tarea; sino a una empresa, para que sea ella quien la realice con
la mano de obra de la que disponga.
Es
una práctica que per sé no
es dañina, pero que aplicada en el ámbito internacional
y en esta dirección, es un mecanismo fatal que fomenta la
explotación de la clase trabajadora "tercermundista", al permitir
a las empresas del "primer mundo" tenerla a su servicio sin asumir
responsabilidades por los tratos que reciba.
Aquí,
aunque en teoría no debe ser así, en la práctica, cuando alguien
subcontrata a una empresa puede desentenderse de cómo trate ésta a
sus trabajadores. La empresa subcontratada se las arregla para
cumplir su cometido y la principal no se mete en sus asuntos. De esa
forma puede beneficiarse de la explotación, ocultándose tras un
velo. Porque, al fin y al cabo, aunque en realidad esa gente trabaje
para ella, no es la empresa explotadora. No es responsable de velar
por que tenga unas condiciones dignas, sólo se limita a obtener los
frutos de su trabajo.
Es
casi imposible parar esto. Las pocas iniciativas internacionales que
pretenden luchar contra esta práctica se encuentran con tres enormes
obstáculos:
Primero,
la enorme y compleja
estructura organizativa
de estos entramados. Contratas, subcontratas, filiales,
empresas-red, etc., tejen una tela de araña que les permite desviar
culpas entre sí y hace
casi imposible identificar responsables.
Segundo,
la falta
de herramientas legales. Puede que nos sorprenda, pero
esta práctica, aunque sea inmoral, en principio es legal.
Quien quiera actuar contra ella, muchas veces sólo puede hacerlo utilizando los
llamados mecanismos de
“ley blanda”.
Esto
es, acudir a la Declaración de Derechos Humanos, al Pacto
Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, etc.
Lo que ocurre es que esos derechos
– por desgracia - no se pueden invocar de forma directa; sino que
necesitan que en el país en cuestión haya leyes imperativas que
digan cuándo se entienden vulnerados – y cuándo no -. Y en muchos
de estos países, esas leyes son muy permisivas o ni siquiera
existen. Por esto, en la práctica, tantas veces los Derechos Humanos
y compañía se vuelven papel mojado.
Y
tercero – por si fuera poco
- que estas empresas pueden exprimir las leyes nacionales e
internacionales para idear potentes
mecanismos de defensa con
los que pueden echar abajo muchos procesos judiciales contra ellas.
Conflictos de competencia
y ley aplicable; prescripción y caducidad; falta de litisconsorcio
pasivo necesario; reconvenciones por difamación y calumnias;
ocultación de pruebas y pruebas nulas... Para
quien le interese, al final de este escrito hay un texto extra en el
que explico cómo funcionan.
Así,
el fenómeno se perpetúa sin que, salvo en casos muy sonados,
nadie pueda hacer nada.
Y
como nadie puede hacer nada, los trabajadores se quedan solos.
Los pocos que se atreven a alzar la
voz, llegan a pagarlo con la muerte. Y de esta forma,
la situación les impulsa a quedarse callados, pues viendo lo
poderoso que es el enemigo y lo dura que es la reprimenda que puede
recibir quien ose plantar cara, mejor agachar la cabeza y desear que
nada vaya a peor. “Virgencita, que me quede como estoy”.
En
el “primer
mundo”, parece que no queremos darnos cuenta de lo
que ocurre; y lo que es peor, aunque queramos,
tampoco podemos hacer
nada.
Lo
primero – y casi único – que quizá podríamos hacer para ayudar
a esa gente, es un boicot.
Negarnos a comprar los productos de las empresas que sabemos que
hacen eso. Pero no podemos, porque el propio mercado nos lo
impide.
Los
productos de estas empresas, dados sus bajos costes de producción
respecto a aquellas que no realizan estas prácticas, son más o
mucho más baratos y accesibles. La diferencia es tal que el
consumidor del “primer mundo”,
por mucho que desee lo peor para estas empresas, rara vez
puede boicotearlas, porque, por un lado, muchos de sus
productos son de primera necesidad, y por otro, no puede permitirse
los de sus competidores éticamente más correctos, que son
mucho más caros – razón por la cual, al mismo tiempo, esa
competencia más ética tiende a quebrar -.
¿En
serio nadie puede hacer nada?
Si
descartamos una ruptura total del sistema, las únicas que pueden
parar esto son las propias empresas explotadoras. Deberían
negarse a buscar mano de obra en estos países. El no ser
explotadores directos no debería poder permitirles beneficiarse de
estas prácticas, porque las perpetúan. Es difícil creer que no
sepan el daño que hacen, y todavía más entender que, aún
sabiéndolo, continúen haciéndolo. Ahí el capital demuestra
otra vez la magnitud de su poder: es capaz de deshumanizar al ser
humano, en especial cuando éste persigue su propio beneficio.
Y
con los Gobiernos de estos países, tres cuartos de lo mismo. ¿Cómo
pueden permitir eso? A estas alturas, imagino que ya sabemos la
respuesta...
Fijaos
en qué situación queda la gente. Si ni tu Gobierno te
protege, ¿quién te va a proteger? Y si tu Gobierno es a la vez tu
verdugo, ¿a quién puedes implorar auxilio? Y
olvídate de divinidades; en el cielo nadie va a escucharte.
-
“Si sabes que alguien
sufre y crees que puedes hacer algo, actúa. Si eres tú quien debes
hacer algo, actúa. Si no es tu responsabilidad, pero sí es la de
otros, házselo saber para que se detengan y reparen el daño. Hay
vidas en juego.”
La
lógica dice eso. La realidad, discrepa. A día de hoy, la
explotación laboral y la represión sindical son el pan de cada día
en el mundo. Pero en el “tercer mundo” es más evidente.
No
hay justicia para esta gente. La “Justicia”
y el capital se lavan las manos.
Pero
por mucho que lo hagan, siempre quedarán restos
de sangre.
Nuestra
sangre.
BW.
ANEXO:
MECANISMOS DE DEFENSA DE LAS EMPRESAS EXPLOTADORAS
Para quien le interese, dejo aquí
un texto extra en el que trato de explicar “para todos los
públicos” cómo funcionan los principales mecanismos que estos
entramados empresariales utilizan para protegerse:
-
Conflictos
de competencia y ley aplicable
– En
casos
donde están involucrados varios países - por ejemplo, que una
empresa nazca en uno pero actúe en otros -, surge la duda de, si hay
problemas, dónde tienen que juzgarse y cuál es la ley que hay que
aplicar. Quizá pueda parecerlo, pero no es fácil de resolver.
Las empresas siempre van a tratar
que se las juzgue en países menos desarrollados, porque allí –
como en casi cualquier país, pero de forma más evidente – los
poderes están al servicio del capital, y abundan la corrupción y el
clientelismo; y que se les aplique la ley de estos mismos países,
porque, como ya dije, suele ser menos restrictiva para ellas.
-
Prescripción
y caducidad
- En muchas materias, cuando pasa cierto tiempo desde que ocurren
unos hechos, llega un momento en el que, como víctima, ya no puedes
reclamar, pedir ni exigir nada al respecto. Y también, en muchos
países, existe un plazo máximo para reunir pruebas y/o dictar
sentencia desde que se inicia el proceso.
Estas empresas tratan siempre de
dilatar y obstaculizar los procesos para buscar que se pasen esos
plazos. Y tienen muchas formas de hacerlo.
-
Faltas
de litisconsorcio pasivo necesario
–
Esto es, defenderse de una acusación alegando que debería haber más
acusados, porque si no, tú tendrás menos medios de defensa, y
tampoco tiene sentido condenarte a ti solo por algo que –
supuestamente – habéis hecho entre varios. Por ejemplo, si se sabe
que hay dos presuntos cómplices en un asesinato, hay que juzgarlos
juntos, no puede juzgarse sólo a uno porque se le quitan posibles
medios de defensa: la declaración del otro y las pruebas a favor de
ambos que éste pueda tener.
Si en el juicio se acepta este
alegato, el proceso se paraliza hasta que estén todos.
El haber formado entramados tan
complejos permite a estas empresas explotar esta vía, también con
la intención oculta de que, mientras quien las demanda se deje el
alma buceando en sus entramados buscando todas y cada una de las
empresas que podrían ser culpables y/o reuniendo pruebas contra
ellas, se pasen esos plazos de los que hablamos antes.
-
Reconvenciones
por difamación y calumnias
–
Cuando alguien te demanda, en algunos casos, además de oponerte
puedes demandarle también. A eso se le llama “reconvención”.
Buena faena te haría el cotilla
del barrio si empieza a pregonar que tienes una aventura con el
vecino de abajo. Aunque logres demostrar que es mentira – si es que
lo logras -, ¿quién te quita a ti el mal rato que pasaste, la mala
reputación que tendrás durante un tiempo, y las dudas o el abandono
de tu pareja?
Pues esto funciona de forma
parecida. En este caso, al demandar a estas empresas diciendo que han
hecho una serie de actos – explotación, maltrato, tortura,
asesinato... -, ellas contestan negándolos, y además, pidiendo que
te condenen a ti por mentir y por vulnerar su derecho al honor y su
buena imagen.
-
Ocultación
de pruebas y pruebas nulas
– Unas pruebas no pueden conseguirse de cualquier forma. Para
entendernos, no es válido que la Policía, sin ninguna orden, te
pinche el teléfono o entre en tu casa y se lleve unos papeles. Esas
pruebas son nulas, porque se obtuvieron vulnerando tus derechos y sin
seguir las indicaciones que las leyes suelen dar sobre cómo tiene
que hacerse.
Y una prueba nula no puede
utilizarse, se hace como si no existiese.
Pues con las empresas ocurre igual,
porque también tienen esos derechos. El poder y los recursos de
estos entramados les hace fácil ocultar las pruebas de lo que hacen.
Quien quiera ir contra ellas, puede tardar años en conseguirlas, si
es que las consigue – y recordemos, hay plazos -. Y no pocas veces
terminan declarándose nulas.

Texto técnico pero claramente explicado.
ResponderEliminarComo bién dices es una práctica común en el tejido empresarial de cualquier país pero que llevado al tercer mundo se convierte en semiesclavitud por mucho que sea mejor que nada, las soluciones las planteas pero son las causantes las que tienen el poder de corregir sus propios males, son la paradoja del sistema económico mundial, es el eres esclavo mientras yo lo diga...quién vá a cambiarlo? Toca a la humanidad cambiar sus propias leyes y eso es algo ...improbable, intentemos que no sea imposible.
Lo has comprendido a la perfección! Gracias por comentar!
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