3 nov 2018

RESTOS DE SANGRE


Sinopsis
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Hay crímenes que al amparo del sistema se cometen a plena luz del día y a cara descubierta. Están ahí, aunque miremos hacia otro lado. Y peor aún, seguirán ahí aunque miremos hacia ellos, porque nosotros, la ciudadanía de a pie, no podemos hacer nada.

Es el poder del capital en todo su esplendor: puede deshumanizar al ser humano. Puede hacer que tus defensores te esclavicen. Si protestas, puede hacer que dejen llegar a tus asesinos hasta ti. Y peor aún: ellos mismos pueden convertirse en tus asesinos...


Prólogo

Hasta en un examen de Derecho puede uno encontrar inspiración para escribir.

“Litigación internacional y sostenibilidad”, una asignatura optativa de mi último curso de carrera y que escogí casi por descarte, resultó, para mi sorpresa, muy enriquecedora de conocimiento y más de espíritu, porque trataba gravísimos problemas internacionales desde una perspectiva crítica y humanista. Las lecciones que recibí, desatando mis lágrimas, conectaron a la perfección con la ilusión y el deseo de cambiar el mundo que tenía con 18 años, cuando entré en la facultad por primera vez; que ya había nacido en mí a los 12, cuando escogí esta carrera; y que hoy, con 23, ya graduado, espero perder sólo si llego a conseguirlo.

En este post, partiendo de mi examen de esa asignatura, busco compartir algunas de esas lecciones que aprendí, hablando sobre uno de esos crímenes que al amparo del sistema se cometen a plena luz y a cara descubierta: la explotación laboral y la represión sindical en el tercer mundo.

Espero que os guste.


RESTOS DE SANGRE

La existencia de países, al tiempo que potencia la sensación de pertenencia a una comunidad y el deseo de estrechar lazos y compartir objetivos de mejora con el resto de sus miembros, tiene un efecto adverso: divide a la humanidad, haciendo que pierda la conciencia global. Que cada persona, además de sus propios intereses, no sepa ver más allá de – como mucho - los de su comunidad, sellada por fronteras.

Y eso hace que se dejen de perseguir intereses generales y no se condenen ciertas situaciones que, si bien sólo las sufren grupos concretos de personas, afectan a toda la humanidad, porque atentan contra los grandes valores que deberían imperar en ella.

En este escrito vamos a hablar de una de ellas: la explotación laboral y la represión sindical del “tercer mundo”.

La globalización también incumbe al mercado. Las empresas de países “avanzados” tienden a buscar mano de obra en los “tercermundistas”, porque les es más rentable al ser allí las condiciones laborales más precarias que en sus países de origen.

Es la llamada “deslocalización empresarial”. Un fenómeno que desde el punto de vista económico tiene cierto sentido, ya que el fin de una empresa, además de subsistir, es obtener cuanto más beneficio, mejor; pero que desde el punto de vista social es inaceptable, porque vulnera gravemente los Derechos Humanos.

Derechos Humanos, que simbolizan parte de esos grandes valores que deberían imperar en la humanidad; pero no lo hacen, porque es casi imposible protegerlos frente al poder del capital.

En el "tercer mundo", para defenderse de estos ataques, también existe la acción sindical. O más bien, trata de existir, porque ese es el problema: el sindicalista del "tercer mundo" es criminalizado, perseguido, torturado y asesinado.

Los Gobiernos de esos países se unen al capital contra su propia población. Las oligarquías plutócratas que gobiernan quieren su parte del pastel, y saben que si mantienen - pistola en mano y ley mediante - la precariedad en su país, las empresas continuarán yendo a buscar mano de obra; y eso es una potente inversión de la que se van a beneficiar. Y como la acción sindical puede ser un obstáculo, los mismos Gobiernos se encargan de combatirla. A veces, incluso a través de grupos paramilitares. De cualquier forma.

Así, la población trabajadora es reprimida y abandonada a su suerte por quienes se supone que deben defenderla.

Lo más lógico y sensato por parte de las empresas sería que, conscientes de esa realidad, se abstuviesen de contratar mano de obra en estos lugares o que, aun haciéndolo, tratasen de mejorar la vida de quienes estén a su servicio, reconociéndoles también, por supuesto, el derecho de sindicalización y huelga.

Pero el capital es poderoso. Las empresas del “primer mundo” han encontrado la forma de tener a esa gente a su servicio sin ser directamente sus explotadoras: la subcontratación.

La subcontratación consiste en no contratar mano de obra propia para una tarea; sino a una empresa, para que sea ella quien la realice con la mano de obra de la que disponga.

Es una práctica que per sé no es dañina, pero que aplicada en el ámbito internacional y en esta dirección, es un mecanismo fatal que fomenta la explotación de la clase trabajadora "tercermundista", al permitir a las empresas del "primer mundo" tenerla a su servicio sin asumir responsabilidades por los tratos que reciba.

Aquí, aunque en teoría no debe ser así, en la práctica, cuando alguien subcontrata a una empresa puede desentenderse de cómo trate ésta a sus trabajadores. La empresa subcontratada se las arregla para cumplir su cometido y la principal no se mete en sus asuntos. De esa forma puede beneficiarse de la explotación, ocultándose tras un velo. Porque, al fin y al cabo, aunque en realidad esa gente trabaje para ella, no es la empresa explotadora. No es responsable de velar por que tenga unas condiciones dignas, sólo se limita a obtener los frutos de su trabajo.

Es casi imposible parar esto. Las pocas iniciativas internacionales que pretenden luchar contra esta práctica se encuentran con tres enormes obstáculos:

Primero, la enorme y compleja estructura organizativa de estos entramados. Contratas, subcontratas, filiales, empresas-red, etc., tejen una tela de araña que les permite desviar culpas entre sí y hace casi imposible identificar responsables.

Segundo, la falta de herramientas legales. Puede que nos sorprenda, pero esta práctica, aunque sea inmoral, en principio es legal. Quien quiera actuar contra ella, muchas veces sólo puede hacerlo utilizando los llamados mecanismos de “ley blanda”. Esto es, acudir a la Declaración de Derechos Humanos, al Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, etc.

Lo que ocurre es que esos derechos – por desgracia - no se pueden invocar de forma directa; sino que necesitan que en el país en cuestión haya leyes imperativas que digan cuándo se entienden vulnerados – y cuándo no -. Y en muchos de estos países, esas leyes son muy permisivas o ni siquiera existen. Por esto, en la práctica, tantas veces los Derechos Humanos y compañía se vuelven papel mojado.

Y tercero – por si fuera poco - que estas empresas pueden exprimir las leyes nacionales e internacionales para idear potentes mecanismos de defensa con los que pueden echar abajo muchos procesos judiciales contra ellas. Conflictos de competencia y ley aplicable; prescripción y caducidad; falta de litisconsorcio pasivo necesario; reconvenciones por difamación y calumnias; ocultación de pruebas y pruebas nulas... Para quien le interese, al final de este escrito hay un texto extra en el que explico cómo funcionan.

Así, el fenómeno se perpetúa sin que, salvo en casos muy sonados, nadie pueda hacer nada.

Y como nadie puede hacer nada, los trabajadores se quedan solos. Los pocos que se atreven a alzar la voz, llegan a pagarlo con la muerte. Y de esta forma, la situación les impulsa a quedarse callados, pues viendo lo poderoso que es el enemigo y lo dura que es la reprimenda que puede recibir quien ose plantar cara, mejor agachar la cabeza y desear que nada vaya a peor. “Virgencita, que me quede como estoy”.

En el “primer mundo”, parece que no queremos darnos cuenta de lo que ocurre; y lo que es peor, aunque queramos, tampoco podemos hacer nada.

Lo primero – y casi único – que quizá podríamos hacer para ayudar a esa gente, es un boicot. Negarnos a comprar los productos de las empresas que sabemos que hacen eso. Pero no podemos, porque el propio mercado nos lo impide.

Los productos de estas empresas, dados sus bajos costes de producción respecto a aquellas que no realizan estas prácticas, son más o mucho más baratos y accesibles. La diferencia es tal que el consumidor del “primer mundo”, por mucho que desee lo peor para estas empresas, rara vez puede boicotearlas, porque, por un lado, muchos de sus productos son de primera necesidad, y por otro, no puede permitirse los de sus competidores éticamente más correctos, que son mucho más caros – razón por la cual, al mismo tiempo, esa competencia más ética tiende a quebrar -.

¿En serio nadie puede hacer nada?

Si descartamos una ruptura total del sistema, las únicas que pueden parar esto son las propias empresas explotadoras. Deberían negarse a buscar mano de obra en estos países. El no ser explotadores directos no debería poder permitirles beneficiarse de estas prácticas, porque las perpetúan. Es difícil creer que no sepan el daño que hacen, y todavía más entender que, aún sabiéndolo, continúen haciéndolo. Ahí el capital demuestra otra vez la magnitud de su poder: es capaz de deshumanizar al ser humano, en especial cuando éste persigue su propio beneficio.

Y con los Gobiernos de estos países, tres cuartos de lo mismo. ¿Cómo pueden permitir eso? A estas alturas, imagino que ya sabemos la respuesta...

Fijaos en qué situación queda la gente. Si ni tu Gobierno te protege, ¿quién te va a proteger? Y si tu Gobierno es a la vez tu verdugo, ¿a quién puedes implorar auxilio? Y olvídate de divinidades; en el cielo nadie va a escucharte.

- Si sabes que alguien sufre y crees que puedes hacer algo, actúa. Si eres tú quien debes hacer algo, actúa. Si no es tu responsabilidad, pero sí es la de otros, házselo saber para que se detengan y reparen el daño. Hay vidas en juego.”

La lógica dice eso. La realidad, discrepa. A día de hoy, la explotación laboral y la represión sindical son el pan de cada día en el mundo. Pero en el “tercer mundo” es más evidente.

No hay justicia para esta gente. La “Justicia” y el capital se lavan las manos.

Pero por mucho que lo hagan, siempre quedarán restos de sangre.

Nuestra sangre.


BW.


ANEXO: MECANISMOS DE DEFENSA DE LAS EMPRESAS EXPLOTADORAS

Para quien le interese, dejo aquí un texto extra en el que trato de explicar “para todos los públicos” cómo funcionan los principales mecanismos que estos entramados empresariales utilizan para protegerse:

- Conflictos de competencia y ley aplicable En casos donde están involucrados varios países - por ejemplo, que una empresa nazca en uno pero actúe en otros -, surge la duda de, si hay problemas, dónde tienen que juzgarse y cuál es la ley que hay que aplicar. Quizá pueda parecerlo, pero no es fácil de resolver.

Las empresas siempre van a tratar que se las juzgue en países menos desarrollados, porque allí – como en casi cualquier país, pero de forma más evidente – los poderes están al servicio del capital, y abundan la corrupción y el clientelismo; y que se les aplique la ley de estos mismos países, porque, como ya dije, suele ser menos restrictiva para ellas.

- Prescripción y caducidad - En muchas materias, cuando pasa cierto tiempo desde que ocurren unos hechos, llega un momento en el que, como víctima, ya no puedes reclamar, pedir ni exigir nada al respecto. Y también, en muchos países, existe un plazo máximo para reunir pruebas y/o dictar sentencia desde que se inicia el proceso.

Estas empresas tratan siempre de dilatar y obstaculizar los procesos para buscar que se pasen esos plazos. Y tienen muchas formas de hacerlo.

- Faltas de litisconsorcio pasivo necesario Esto es, defenderse de una acusación alegando que debería haber más acusados, porque si no, tú tendrás menos medios de defensa, y tampoco tiene sentido condenarte a ti solo por algo que – supuestamente – habéis hecho entre varios. Por ejemplo, si se sabe que hay dos presuntos cómplices en un asesinato, hay que juzgarlos juntos, no puede juzgarse sólo a uno porque se le quitan posibles medios de defensa: la declaración del otro y las pruebas a favor de ambos que éste pueda tener.

Si en el juicio se acepta este alegato, el proceso se paraliza hasta que estén todos.

El haber formado entramados tan complejos permite a estas empresas explotar esta vía, también con la intención oculta de que, mientras quien las demanda se deje el alma buceando en sus entramados buscando todas y cada una de las empresas que podrían ser culpables y/o reuniendo pruebas contra ellas, se pasen esos plazos de los que hablamos antes.

- Reconvenciones por difamación y calumnias Cuando alguien te demanda, en algunos casos, además de oponerte puedes demandarle también. A eso se le llama “reconvención”.

Buena faena te haría el cotilla del barrio si empieza a pregonar que tienes una aventura con el vecino de abajo. Aunque logres demostrar que es mentira – si es que lo logras -, ¿quién te quita a ti el mal rato que pasaste, la mala reputación que tendrás durante un tiempo, y las dudas o el abandono de tu pareja?

Pues esto funciona de forma parecida. En este caso, al demandar a estas empresas diciendo que han hecho una serie de actos – explotación, maltrato, tortura, asesinato... -, ellas contestan negándolos, y además, pidiendo que te condenen a ti por mentir y por vulnerar su derecho al honor y su buena imagen.

- Ocultación de pruebas y pruebas nulas – Unas pruebas no pueden conseguirse de cualquier forma. Para entendernos, no es válido que la Policía, sin ninguna orden, te pinche el teléfono o entre en tu casa y se lleve unos papeles. Esas pruebas son nulas, porque se obtuvieron vulnerando tus derechos y sin seguir las indicaciones que las leyes suelen dar sobre cómo tiene que hacerse.

Y una prueba nula no puede utilizarse, se hace como si no existiese.

Pues con las empresas ocurre igual, porque también tienen esos derechos. El poder y los recursos de estos entramados les hace fácil ocultar las pruebas de lo que hacen. Quien quiera ir contra ellas, puede tardar años en conseguirlas, si es que las consigue – y recordemos, hay plazos -. Y no pocas veces terminan declarándose nulas.

2 comentarios:

  1. Texto técnico pero claramente explicado.
    Como bién dices es una práctica común en el tejido empresarial de cualquier país pero que llevado al tercer mundo se convierte en semiesclavitud por mucho que sea mejor que nada, las soluciones las planteas pero son las causantes las que tienen el poder de corregir sus propios males, son la paradoja del sistema económico mundial, es el eres esclavo mientras yo lo diga...quién vá a cambiarlo? Toca a la humanidad cambiar sus propias leyes y eso es algo ...improbable, intentemos que no sea imposible.

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