Sinopsis
-
“Libertad”.
Siempre se nos ha hecho la boca agua hablando de ella, pero en muchos
aspectos desconocemos su significado y su grandeza.
Suena
bien; pero después da miedo. A esas personas sin escrúpulos,
dispuestas a hacer lo que sea para obtener un beneficio aunque hagan
daño al resto, ¡dales tú “rienda suelta”! Menos mal que
hay leyes...
Aún
así, algo no termina de funcionar. Muchas veces vemos ciertas
actitudes y algo se nos revuelve en el estómago. Está mal, pero...
no es ilegal, no se puede hacer nada.
¿Qué
es eso de la “libertad”, y cuáles deben ser sus límites?
LIBERTAD
Hay
un artículo en el Código Civil que puede ser un gran medio para
combatir comportamientos inadecuados, y voy a usarlo para plantear
una serie de ideas: el artículo 7.
Primero,
nos dice que “los derechos deberán ejercitarse conforme a las
reglas de la buena fe”, y después afirma que “la ley no
ampara el abuso de derecho o el ejercicio antisocial del mismo
(...)”.
La
cuestión principal es el “abuso de derecho”. El abuso
de derecho es un supuesto que se da cuando una persona actúa
de alguna manera que, en principio, no es ilegal; pero que “por
la intención de su autor, por el objeto o por las circunstancias en
que se realice” – continúa diciendo este artículo
– sobrepasa ciertos límites y causa daños a terceros.
Creo
que aquí debemos incluir también aquellos actos que aunque
no perjudiquen a nadie directamente, sí hagan daño a la sociedad en
su conjunto. Que atenten
contra los “grandes valores de la humanidad”,
vamos.
Si
extrapolamos esto al ámbito social, veremos que va a dar mucho
juego.
Es
común pensar que “tenemos derecho” a hacer todo aquello
que permitan o no prohíban las leyes. Sin embargo, a veces vemos
ciertas actitudes y algo se nos revuelve en el estómago. No es
ilegal, pero... está mal. Nos parece mal. Pero si le llamamos la
atención, la persona en cuestión se escuda en que “tiene
derecho” a hacerlo, que no hay nada que se lo impida. Y se
queda tan ancha.
Después
de vivir situaciones así una y otra vez, lo normal es, o considerarnos como la excepción a la regla,
creyéndonos “mejores” personas que los demás, seres moralmente
intachables en medio de un clima hostil -“yo no soy así”,
“yo si fuese él/ella no lo hubiese hecho”, “es que
la gente es mala”, “es que así no se puede vivir”...-;
o dejar que ese clima nos envuelva, convertirnos
en uno más y empezar también a actuar así,
autoengañándonos y justificándonos ante los demás para no
sentirnos culpables -“es lo normal”, “todo el mundo
lo hace”, “si tú tuvieses la oportunidad, ¿no lo
harías?”, “los humanos somos egoístas, siempre buscamos
el beneficio propio”...-.
Y
también es normal pensar que la
gente es “mala por naturaleza”,
porque cuando tiene la oportunidad de hacer algo y sacar beneficio de
ello, aunque perjudique a los demás, lo hace; y
que las leyes son necesarias
para regular el comportamiento, porque si ya hay tantas
personas que son capaces de actuar mal cuando ven que no se lo
impiden, ¡qué harían si ni siquiera hubiese leyes!
Partiendo
de esta situación, claro que da miedo la idea de que
cada uno pueda hacer “lo que quiera”. Es difícil pensar
en ello sin imaginarse un panorama de fuego, muerte y destrucción.
La “libertad” nos da miedo.
O al menos, eso creemos.
Pero
estamos equivocados. No le tenemos miedo a la “libertad”; sino
a aquello que creemos que la gente haría si la tuviese.
Analicémoslo...
-
“El ser humano es malo por naturaleza”.
Error.
Doble error. Ni el ser humano es malo; ni de serlo, lo es por
naturaleza.
Esa
es una afirmación que por
desconocimiento hacemos más falsa aún de lo que ya es. Decimos sin
dudar que el ser humano es “malo” simplemente viendo cómo se
comporta cuando se le deja campar a sus anchas. Parece que cuando
alguien puede aprovecharse de las circunstancias para actuar con
dudosa legitimidad sin asumir consecuencias, lo hace sin reparos. Y
parece también que, como eso es así desde hace tiempo, incluso
desde antes de que naciéramos, creemos que eso es lo “natural”,
que no puede ser de otra manera.
No
es así. Con independencia de que el “bien” y el “mal” sean
términos relativos, el ser humano no es malo, y mucho menos por
naturaleza; pero tampoco es bueno. Es como se le eduque.
En
nuestra educación intervienen muchos más factores que las meras
lecciones de quienes nos críen. Entre otras cosas, influyen también
las experiencias que vivamos, la realidad que nos rodee, la sociedad
de la que formemos parte y sus valores; y sobre todo, cómo actuemos
ante todo ello. Pero claro, si quienes nos educan nos transmiten eso,
predisponiéndonos a ver también así la realidad y a actuar en
consecuencia, esas ideas se perpetúan.
Si
queremos hacer frente a este problema, debemos romper con eso.
Sí,
existe gente “mala”; pero ni es tanta como pueda parecer –
y esto ya lo expliqué en otro escrito -, ni lo es por
naturaleza. El ser humano es perfectamente capaz de tener un
filtro, algo que le impida hacer algo dañino cuando nada ni nadie
pueda detenerle. Y ese
algo, es la moral.
Si
alguien, aunque sólo sea una persona, puede hacer caso a su moral y
negarse a dañar al resto en su propio beneficio cuando tiene la
oportunidad, la idea de que el humano es “malo por naturaleza”
se rompe. Porque si fuese así, nadie, en absoluto nadie, podría ser
capaz siquiera de intentar ser bueno. Si alguien puede negarse, todos
podemos hacerlo. Pero es más fácil autoengañarse y seguir la
corriente.
Es
momento ahora de hablar de libertad. Respecto a ella,
para no variar, cometemos otro error.
Hacer
lo que uno quiera, cuando uno quiera y sin asumir ningún tipo de
consecuencias, no es libertad; es libertinaje.
Le tenemos miedo al libertinaje, no a la libertad. No
sabemos distinguir lo uno de lo otro.
Asociamos
la libertad a cualquier situación que dé al individuo un mayor
abanico de posibilidades a la hora de actuar, eliminando incluso las
barreras que le impedirían dañar a terceros o a la humanidad. Y no
es así.
La
libertad, tal y como yo la entiendo, implica también
responsabilidad, asumir las consecuencias de lo que hacemos. Esa
es la gran diferencia. Es desolador que a los defensores de la
libertad nos crucifiquen los detractores del libertinaje. Es él
quien acobarda al personal cuando exponemos nuestras ideas.
Y
por culpa de esta confusión, como sociedad, sostenemos que:
-
“Las
leyes son necesarias para regular el comportamiento”.
De
esta forma, presos del miedo, apoyamos la existencia de
mecanismos coercitivos. Y no vemos otro que la ley.
No
debe ser así. Hay una forma de luchar contra las conductas
inadecuadas sin recurrir a la coerción. Una forma útil, natural y
consensuada. La única que yo defiendo.
Y
es, nuevamente, la moral.
Tenemos
que trabajar la moral. Tenemos que quitarnos de la cabeza la
idea de que somos malos por naturaleza, y dejar de actuar en
consecuencia y educar así a nuestros hijos. Debemos crecer como
sociedad, para ser capaces de convivir sin leyes.
Sí.
Parece imposible. Y es difícil, muy difícil. Pero a veces, en la
vida, la solución más difícil es la más acertada.
Hay
una frase que mi bienquerida madre utiliza una y otra vez:
-
“Las leyes están hechas para quien no se entiende sin ellas”.
Pues,
¡comencemos de una vez a entendernos sin ellas! Y no hay fórmula
mágica para hacerlo; está todo en nuestra mente. Es un cambio
personal y social que ya ha comenzado hace tiempo y que puede durar
aún varias generaciones; pero a la nuestra le corresponde seguir en
la lucha, no renegar de ella.
Quizá
nosotros nunca lleguemos a ser libres.
Pero
si no hacemos nada, nadie lo será jamás.
BW.
ESCRITOS
RELACIONADOS
EL
CÍRCULO DEL MAL: Aquí analizo esa manía nuestra
de ir por ahí con la coraza puesta, desconfiando de los demás,
creyendo que en general la sociedad es mala y las buenas personas
vienen a cuentagotas. Hemos creado una círculo vicioso a nuestra
alrededor que lleva toda nuestra vida haciendo estragos en nuestras
relaciones sociales...
Dices que el ser humano no es malo, pero si necesita educacion, es decir una moral para poder ser bueno( desde un punto de vista utilitario), entonces es que es un animal peligroso para su especie. No olvides que la moral al igual que las leyes son lastres y mordazas que nos mantienen por el "camino recto".
ResponderEliminarPor tanto las leyes y la etica tienen mucho en comun, especialmente en ser opuestas a la libertad individual.Si quieres menos leyes y mas moral solo cambiaras el verdugo que proporciona el castigo.
Muchísimas gracias por este comentario y su planteamiento bien elaborado.
EliminarCreo que de ningún modo puede deducirse del texto que el ser humano sea peligroso para su especie en ausencia de moral; sino que se vuelve tal cuando entra en contacto con ella de algún modo indeseable. Y de ello, en mayor o menor medida, pecamos todos, yo incluido.
De lo que se trata (en efecto con tintes utilitaristas) es de darle cabida en sociedad para que vele por su propio bienestar y contribuya al mantenimiento y mejora del bienestar colectivo o al menos no lo obstaculice.
Obviamente, para ello, necesita cierta educación. No se trata de transformar el mal en bien, sino lo “inerte” “inocuo” o “transparente” en aquello que sea deseable para el propio individuo y la sociedad de la que forma
Tal y comp yo la concibo, y aunque pueda sonar tal, la moral no es autoritaria. Lo es cuando se acompaña de mecanismos coercitivos de imposición, desde los más evidentes hasta los más sutiles; pero no lo es per sé. El modelo de enseñanza al respecto con el que teorizo sería una especie de “enseñanza sin enseñar”, es decir, crear, sin siquiera habernos puesto de acuerdo, sin siquiera pretenderlo, una atmosfera social alrededor de los nuevos individuos para que, sin decirles nada, sin guiarles prácticamente, sin coerción, sin castigos, etc, vayan asimilándola.
Y por supuesto, en una sociedad así, sin leyes desde luego, habrá cabida a la disidencia, a la variedad, al multiculturalismo... pero todo ello siempre rodeado de un ambiente que fomente la convivencia. Algo que sólo será posible, como barajo en este artículo aunque no desarrolle en profundidad, sin ley ni ningún tipo de poder de coacción, pues la mera existencia de ellos también ubica ciertas lecciones en la atmosfera social, que sus actuales miembros deberían olvidar y los venideros no deberían jamás aprehender, pues si lo hacen, ya jamás serán libres.
Considero, pues, huyendo del nihilismo en este aspecto, que la moral no es opuesta ni incompatible con la libertad individual.
Quizá una gran diferencia entre nosotros es que yo creo que en ausencia de mecanismos de coerción, existen ciertos valores, ciertos comportamientos, actitudes, etc, que son “correctos” per sé, no porque nosotros, como humanos, los consideremos así. No sabría ponerles nombre, pero los tenemos entre nosotros, y se ven más a menudo de lo que cabría esperar, si uno sabe observar.
Son pequeños destellos de corrección que ni siquiera es necesario que pasen el filtro individual que cada uno tenemos; sino que gozan de aceptación universal o cuasiuniversal, pues las únicas personas que podrían no comprenderlos, y por ahora he convivido con muy pocas (por no decir ninguna) probablemente tendrán problemas mentales de un u otro tipo (así contemplados por la psicología como rama de conocimiento) que se lo impide.
Confío en que, con el tiempo, un proceso de desarrollo humano distinto es posible, y ayudará a conectar, en esencia, con estos tintes de moral “natural”, por llamarla de alguna forma, en los que creo.