25 may 2019

MONSTRUOS DEVORA-AUTOESTIMA


Sinopsis
-
En la órbita de lo políticamente correcto, es complicado “ser uno mismo” y poder opinar y actuar con naturalidad sin arriesgarnos a herir sensibilidades ajenas. No es fácil de percibir, pero tendemos a tener baja autoestima y a enfocarnos en nuestros defectos y carencias, y en la parte negativa de la realidad que nos rodee.

Todo ello, condiciona nuestra forma de relacionarnos. Tan monstruoso puede llegar a ser, que hasta asusta...


Prólogo

Como ocurrió en uno de mis antiguos posts sobre estos temas, éste, que quizá podría decir que es su continuación, tiene una mitad de razón y la otra de rabia. Lo escribí durante una mala etapa, inmerso en una perenne sensación de soledad pese a estar acompañado.

Descubrí entre la juventud una órbita de negatividad, de cabezas gachas y de autocensura selectiva, que guía nuestros pensamientos y actos y se retroalimenta de ellos para mantenerse fuerte. En este escrito muestro el alto precio que una persona tiene que pagar para poder sentirse aceptada.

Conocí la soledad de la mala compañía, y la de la compañía que está pero no acompaña, y a partir de entonces supe reconocerlas en los demás. Aquí también explico cómo funcionan, cómo nos afectan, hasta qué punto han llegado a contaminar nuestras relaciones, y qué se puede hacer para luchar contra ellas.

Os presento a estos monstruos.


MONSTRUOS DEVORA-AUTOESTIMA

El árbol del que nacen nuestras relaciones personales está envenenado, y pocos frutos llegan a ser comestibles. Socializar a través de pantallas, basándonos en apariencias, y teniendo por costumbre desconfiar del resto creyendo que la sociedad es mala, son grandes problemas a la hora de relacionarse.

En este escrito nos centraremos en las raíces de ese árbol, donde toma forma un círculo vicioso -de esos que tanto me gustan- que si bien forma parte de la psicología humana, en la práctica le hemos dado un efecto fatídico.

Enfocándonos en las relaciones sociales de la juventud, hablemos, pues, de socialización.

La órbita de lo políticamente correcto

Hoy por hoy, por diversos motivos, la juventud tiende a tener baja autoestima. Nos cuesta mucho aceptarnos y querernos a nosotros mismos, por mucho que nos empeñemos en aparentar lo contrario. Con nuestro amor propio mermado, la frustración, la envidia y los complejos nos empujan a seguir modas y tendencias, y a actuar con “corrección”, intentando no chocar con los demás.

Nos encanta pensar y decir que “nos llevamos bien con todo el mundo”, y lo consideramos una virtud. Pero en realidad, casi siempre, esa sensación será una farsa. No es que nos llevemos bien con todo el mundo; es que no damos motivos para caer mal.

Vivimos evitando conflictos. Dirigimos nuestra vida, nuestros pensamientos y actos a evitarnos problemas, aunque para ello tengamos que pronunciar y escuchar en silencio palabras con las que no estamos de acuerdo, tomar y tolerar actos que no deseamos, y, en definitiva, dejar de hacer lo que queremos.

Hacemos lo que sea por mantenernos en la órbita de lo políticamente correcto. Porque todo lo que sea salir de ahí, puede hacer que tengamos problemas con los demás.

La valoración políticamente correcta en una sociedad con baja autoestima: ocultar el bien, exagerar el mal.

Opinar es muy importante a la hora de socializar, porque las opiniones forman parte de nuestro ser, de nuestra identidad. Pero al hacerlo también nos cuidamos mucho de no salirnos de la órbita. La órbita de lo políticamente correcto está establecida atendiendo a la autoestima generalizada de los demás. Cuanto más baja autoestima tenga la gente con la que socializamos, más se estrechará, y menos libertad tendremos para opinar sin arriesgarnos a ofender.

Es así, porque una persona con baja autoestima tiene gran dificultad para dar y recibir valoraciones positivas, tanto respecto a aquello que le rodea -tan simple como “¡qué buen día hace!”-, como a los demás -tan simple como “¡qué bien te queda ese corte de pelo!”-, como -y sobre todo- respecto a sí misma; y a la inversa, tiene una gran tendencia al catastrofismo, a enfocarse en lo negativo de lo que le rodea, de los demás, y –sobre todo– de sí misma.

Así, a tenor de lo políticamente correcto, resulta que quejarse y sacar a relucir nuestros fracasos y defectos parece que está bien, que esas consignas tipo “no todo puede salir bien”, “soy un inútil”, “la gente da asco”, “la vida es una mierda”, son muy socialmente aceptables. Que uno queda bien con los demás cuando hace eso, pues, como quienes le escuchan tienen esos mismos problemas de autoestima, le conceden su aprobación.

Pero la cosa cambia al hablar de lo bueno, de nuestras virtudes, de nuestros logros, de lo que hacemos bien. Como queremos “llevarnos bien con todo el mundo”, para ello –recordemos– no podemos salirnos de la órbita, tenemos que evitar herir sensibilidades; y, por lo tanto, no podemos hablar bien sobre nosotros mismos, porque las bajas autoestimas perciben eso como una ofensa, como un signo de prepotencia, narcisismo, afán de protagonismo. ¿Qué es eso de echarse flores?

Es así de triste. Si quieres ser aceptado por los demás, no puedes hablar bien de ti; debes centrarte en lo negativo, para no dañar autoestimas ajenas, y que, de esa forma, la gente no te considere como un peligro potencial para su mermada integridad y te acepte como uno más. Tienes que seruno más.

Exposición-refuerzo de opiniones e ideas: retroalimentación malevolente.

Cada uno de nosotros hemos ido interiorizando ese estándar paradigmático. Es cíclico. Y centrándonos en la parte psicológica de este problema, no debemos olvidar que entre la creación y refuerzo de opiniones e ideas y su exposición al exterior ocurre un curioso fenómeno: se retroalimentan.

Compartiendo tus opiniones e ideas, las alimentas y las haces más firmes. Sobre aquello de lo que hables con más frecuencia, y según el sentido en que te pronuncies, desarrollarás, mantendrás y reforzarás unas convicciones; y a la vez, aquello sobre lo que no hables ni pienses, lo irás apartando de tu mente.

Así, combinando este hecho con esa baja autoestima generalizada, nos encontramos con que, de tanto hablar de lo malo, del mal, de lo negativo, de lo que no está bien, de lo que podría mejorarse, etcétera, etcétera, nuestras convicciones se cultivan y retroalimentan en sentido negativo. Pensamos en negativo, hablamos en negativo, y así reforzamos nuestros pensamientos negativos que nos harán seguir hablando de lo negativo, incluso con más intensidad. Entre todos, hemos contribuido a que la autoestima propia y las ajenas fuesen menguando. Lo políticamente correcto nos ha convertido a todos en monstruos devora-autoestima. Cada uno, al socializar, devora la propia y la ajena.

Todo se centra en lo malo. Costará muchísimo que el resto nos reconozca abiertamente nuestras virtudes; y costará un mundo y parte de otro que podamos hacerlo nosotros mismos sin ser crucificados en el intento.

Y así vivimos: lo políticamente correcto, la crítica y la resignación son la forma que nuestra baja autoestima ha encontrado para hacer posible una ficticia buena socialización en la que, por el hecho de que no se nos demuestra lo contrario, cremos que “nos llevamos bien con todo el mundo”.

Eso no es socializar ni es nada, Es puro postureo, pantalla y pantomima. Un envoltorio con el que cubrimos nuestra propia identidad, la cual nos negamos a revelar, y de la cual, sin darnos cuenta, podemos ir renegando hasta llegar a perder.

Las unidades básicas de socialización: veneno o alimento para el monstruo.

Este fenómeno es típico de la socialización en sentido amplio, o sea, cuando socializamos más allá de nuestra zona de confort -familia y amistades más afines-. Porque en nuestra zona de confort, nuestra familia y amistades afianzadas sí nos conocen bien y nos aceptan como somos, de forma que con esa gente sí podemos mostrarnos y actuar como nuestra forma de ser nos indica.

Pero puede ser, y de hecho ocurre, que haya gente que ni siquiera tenga esos círculos próximos. Que no tenga familia -o no se lleve bien con ella- y/o buenas amistades. Una persona en cuya vida faltan las unidades básicas de socialización, es más propensa a ir por la vida en modo “socialización amplia, ya que lo que pretende es conocer gente y estrechar nuevas relaciones, y sus conocimientos sobre cómo se hace eso le mandan el falso mensaje de que esa es la forma de hacerlo.

Y puede ser, y también ocurre, que haya personas que sí tengan esos círculos cercanos de familia y amistades; pero que incluso éstos estén afectados por este fenómeno, que sus relaciones con ellas sean débiles y se basen en apariencias y/o en estándares políticamente correctos. Y éstas salen igual o peor paradas. Porque entonces, con mucha probabilidad, pensarán que esa es la “mejor” o la “única” forma de socializar, y al estar tan podrido ese pilar básico en su vida, vagarán por ella con la autoestima por los suelos y una identidad propia muy mermada. Ya no es que desconozcan lo que es una socialización sana, sino que abrazarán la pseudocorrección y autocensura y creerán que son las herramientas apropiadas para hacerlo.

Unas y otras, con su mera forma de ser y de actuar, expandirán el problema y contribuirán a multiplicar sus víctimas. Son monstruos devora-autoestima hambrientos.

Quedémonos con la importancia de tener unas buenas unidades básicas de socialización. El apoyo de nuestra familia y amistades más cercanas será la kryptonita de los monstruos devora-autoestima. Pero no tenerlas, o que no sean las adecuadas, nos arrojará a sus fauces y nos convertirá en uno de ellos.

Amigos/as...

Si somos de quienes nos creemos queridos y presumimos de “llevarnos bien con todo el mundo”, quizá estemos equivocados.

Quizá lo que ocurre es que no tenemos valor para hacer lo que queramos, decir lo que pensemos, y mostrarnos al mundo como somos. O que sí lo hacemos, pero tenemos tal falta de personalidad que lo que hacemos es “lo correcto”, lo que pensamos es “lo aceptable”, y lo que somos es... “uno más”.

Pero este problema podemos solucionarlo. Como suelo decir, nuestro destino está en nuestras manos.

Encima de la mesa dejo mis felicitaciones, mis ánimos y mis condolencias.

Coged lo que creáis merecer.


BW.


ESCRITOS RELACIONADOS

FRUTOS DEL ÁRBOL ENVENENADO: En este escrito abordo con detalle la problemática juvenil –y a veces, no tan juvenil– que tiene socializar a través de pantallas y redes sociales, convirtiendo a los demás en jueces que con el veredicto de sus pulgares y corazoncitos nos dirán cuánto “valemos”...

EL CÍRCULO DEL MAL: Aquí analizo esa manía nuestra de ir por ahí con la coraza puesta, desconfiando de los demás, creyendo que en general la sociedad es mala y las buenas personas vienen a cuentagotas. Hemos creado una círculo vicioso a nuestra alrededor que lleva toda nuestra vida haciendo estragos en nuestras relaciones sociales...

4 comentarios:

  1. Este es muy bueno.
    Que la sociedad se haya empeñado en tratar de identificar modestia con educación y sinceridad con agresividad acabará por dejarnos estúpidos y hundidos en nuestra propia corrección.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Paradójico, precisamente éste, de entre todos los que tengo, a veces me da la sensación de que es bueno y a veces de que es de los más flojos que hice, pero oye, veo que te ha gustado y lo has entendido perfectamente. Muchas gracias!!

      Eliminar
  2. Lo que sí te puedo asegurar es que lo políticamente correcto, la necesidad de caer bien, socializar a cualquier precio y miedo a ofender por decir la verdad sobre uno mismo o los demás SE CURA CON LA EDAD....

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Pues quiero creerte, y siendo optimistas creo que puedo hacerlo, porque de un tiempo a esta parte, con independencia de que en mi vida últimamente esté habiendo grandes cambios, sí que soy capaz de percibir que este fenómeno ya no me afecta tanto como antes, ni a mí ni a mis amistades cercanas. Gracias!!

      Eliminar

¿Qué te ha parecido? Siéntete libre de opinar