4 feb 2017

NO PAIN, NO GAIN


Sinopsis
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Acostumbrados a que todo en la vida haya que ganárselo, nos adaptamos e incluso llegamos a predicar ese hecho. Es motivador, que las cosas tengan su precio y debamos esforzarnos para conseguir lo que deseemos. Pero puede que ese planteamiento no sea del todo cierto. Carece de sentido justificar la desigualdad económica que se vive a todos los niveles en base al criterio del esfuerzo. De la situación actual, injusta e insostenible, quizá haya culpables concretos.

NO PAIN, NO GAIN

Este dicho nos ha llegado a todos de una u otra forma. Inspira y suena motivador, ¿verdad?. Veamos qué nos puede ofrecer su aplicación en diferentes aspectos de nuestra vida cotidiana.

Cuando pensamos en ello, lo primero que se nos viene a la mente es una persona que se propone en año nuevo ponerse en forma y se apunta a un gimnasio, ese sitio que en enero se masifica y en el que a partir de febrero puede haber hasta eco; o inicia una dieta restrictiva, de esas en las que a los tres días tu cuerpo te está suplicando que lo mates de dolor y no de hambre.

Desde luego, no voy a ser yo la persona que se oponga frontalmente a esto. Me gusta. En algunos aspectos de la vida, como los estudios o el deporte, los resultados no pueden conseguirse sin esfuerzo. Ahí, a quien algo quiere, algo le cuesta, y tener en mente el "no pain, no gain" le vendrá bien para conseguir sus propósitos. Nadie va a sacar por ti una mención de honor en la carrera que estudias, y nadie va a eliminar por ti ese flotador de veinteañero sedentario que tanto te disgusta ver en el espejo. Lo más probable es que nunca vayas a lograr estos cometidos si aún puedes contar con los dedos las noches que has pasado en vela estudiando o las veces que tu cuerpo ha caído rendido al final de tu entrenamiento.

Veámoslo ahora desde otra perspectiva. Observo que en el mundo actual, esto ha ido demasiado lejos. Hoy por hoy, el pensamiento de que las cosas hay que ganárselas se ha extendido hacia aspectos a los que creo que no debería haberlo hecho.

El techo bajo el que vivimos. El pan que comemos. El agua que bebemos. La ropa con la que nos vestimos. La luz que ilumina nuestras viviendas. La calefacción que nos protege del frío durante el invierno... ¿Acaso todo esto también hay que ganárselo?

Éste es el momento en que a mí comienzan a surgirme dudas. He tratado de esclarecerlas y creo haber llegado a unas conclusiones que podrán ser acertadas o no, pero las considero, cuanto menos, interesantes...

Es una trampa. Una trampa estratégicamente muy bien planeada, y es además uno de los pilares básicos del sistema, que junto a otros métodos a los que me referiré en otros escritos (autoridad; adoctrinamiento; medios de desinformación; sistemas de canalización del espíritu crítico; miedo, etc), permite a aquellos que nos dominan seguir haciéndolo.

La figura de esta trampa se alza sobre dos apoyos.

En primer lugar, en la mentalidad de escasez que tenemos implantada en la cabeza.

La mentalidad de escasez se fundamenta en la creencia -aparentemente lógica- de que en el mundo los recursos son limitados y quizá insuficientes para cubrir las necesidades de la totalidad de individuos que pueblan la Tierra. Que aquí quizá sobra gente, y que por consiguiente, para que uno viva bien, puede que otro no pueda hacerlo, y así buscamos explicación a la pobreza. Sin embargo, la realidad es totalmente distinta. Nuestro planeta ofrece recursos suficientes como para cubrir las necesidades de la población mundial totalmente y varias veces.

Entonces... ¿qué ha pasado aquí? ¿Por qué en el mundo hay tanta gente viviendo en la pobreza? ¿Por qué, por otra parte, hay gente que acumula tan vastos patrimonios? Si antes he dicho que hay recursos para todos, ¿no se supone que a nadie tendría porque faltarle de nada? ¿Dónde están esos recursos que a ellos les faltan? ¿Y por qué los míos, los que tengo, me los he tenido que ganar con el sudor de mi frente, incluso trabajando para otros, y estoy condenado a seguir haciéndolo?

Son demasiadas preguntas, que muchos de nosotros nos habremos hecho en algún momento, y en la gran mayoría de casos no hemos podido darles una respuesta a ciencia cierta. Yo voy a intentarlo ahora.

Para ello, es necesario comenzar a relacionar el concepto anterior, la mentalidad de escasez, con el otro apoyo de esa trampa que pretendo sacar a la luz. Y ese otro apoyo se trata, sencillamente, de una obviedad: los recursos están mal distribuidos.

Es fácil de entender: el capitalismo fomenta la desigualdad económica. Él es el que decide atribuirte, dependiendo de quién seas, de dónde nazcas y de qué forma puedas serle útil, mayores o menores posibilidades de obtener una mejor o peor satisfacción de tus necesidades.

"Posibilidades de obtener". Muy interesante. Pero oye, si hay recursos para todos, lo lógico es que a ti te corresponda tu parte, y para conseguirla lo único que tienes que hacer es, solo o con ayuda, dependiendo de su naturaleza, extraer de sus fuentes los recursos que necesitas para satisfacer tus necesidades. ¿Por qué esto no es así?

La respuesta es sencilla. El acceso directo a los recursos, amigo/a mío/a, se te ha vetado desde que naciste. Tales recursos, de existir, están en manos de alguien, y ese alguien quiere algo de ti antes de dejar que tú los obtengas. Y si han de ser creados, producidos, extraídos o descubiertos, se ha de proceder también bajo la dirección de alguien, que es quien tiene los medios necesarios para ello.

"Vale, pues no pasa nada. Es un trato justo. El propietario de los recursos o de los medios no tiene porque darme lo que quiero sin pedirme nada a cambio. Hago lo que me pida y todos contentos". Frecuente y predecible respuesta ante este planteamiento.

Yo prefiero enfocarlo de otra manera: "¿Por qué es él el propietario de los recursos que necesito o el que tiene los medios para que alguien los produzca para mí? ¿Qué fuerza de la naturaleza ha puesto esas armas en sus manos, tan poderosas que le permiten manejar mi fuerza de trabajo a su antojo a cambio de permitirme satisfacer mis necesidades?".

Nuevamente, el responsable es el sistema económico imperante. Y ha logrado esto a través de medios muy sofisticados, que probablemente te hayan impedido verle como el culpable de las mayores o menores penurias que puedas sufrir, tú o cualquiera que no se halle en una situación privilegiada.

"Privilegiada". Bonita palabra. Privilegiado, económicamente hablando, es aquel que puede satisfacer sus necesidades sin problemas, ¿no?. Pues aquí está la clave del asunto. Aquí los dos puntos que he desarrollado con anterioridad finalmente van a confluir para poder resolver nuestras dudas. "Mentalidad de escasez" y "Recursos mal distribuidos". Quedémonos con ello.

Pues bien, el resultado de la confluencia de esos dos elementos en su mente ha hecho que el ser humano piense eso, que quien pueda satisfacer sus necesidades sin problemas es un privilegiado. Lo piensa porque, sabedor de que los recursos están mal distribuidos, quien tenga más facilidad que el resto para acceder a ellos se halla en una situación mejor, privilegiada. Y lo piensa también porque, viendo que hay tan pocas personas en tal situación, para él es evidente que no todos podemos hallarnos en ella, no todos podemos ser privilegiados, eso no tendría ningún sentido.

Bingo. Ahí lo tenemos. Es que ni lo tiene, ni debe tenerlo. La situación en la que se encuentra un "privilegiado" en un sistema capitalista es, con escasos matices, la situación en la que deberíamos encontrarnos todos. Si hay recursos suficientes para todos, todos ostentamos por esa razón un derecho natural e irrebatible a acceder a ellos, sin tener que vencer más oposición que la que éstos presenten per sé para caer en nuestras manos. ¿Por qué se nos impide hacerlo?

Ahora, la reacción más lógica es cuestionarse si de verdad hay suficiente para todos. A ver si resulta que, además de estar mal distribuidos, observando la realidad, en la que todo el mundo lucha por una vida digna, la razón por la cual no todos lo consiguen es porque no es posible, porque los recursos del planeta son limitados y quizá insuficientes.

Uno, tras preguntarse eso, llega a la conclusión de que es momento de poner los pies en la tierra y recibir una dosis de realidad. Lo que nos toca es velar cada uno por sí mismo y pelear por nuestra propia supervivencia y la de nuestros allegados, aunque ello suponga someternos a la voluntad de aquel que posee los recursos y los medios; y suponga, además, que tengamos que apartar a nuestros iguales del camino si queremos conseguir nuestras metas, pues para que yo viva bien posiblemente otro no podrá hacerlo. Y da gracias a que vivo en un país desarrollado, porque aquellos que no pueden satisfacer sus necesidades están en otros lugares, no son mis vecinos, mis familiares o mis amigos, no voy a tener ante mis ojos a esas personas a las que, indirecta e inintencionadamente, quizá no les estoy permitiendo tener una vida digna. Es injusto, me dan pena y les ayudaré si puedo, pero ¿qué se le va a hacer? Es así, la vida es dura...

Pues amigo/a, si has llegado hasta aquí y esa es tu reacción, hay alguien que quiere felicitarte. Es aquel que te ha educado. Y no, no me refiero ni a tus padres ni a tus profesores. Me refiero a aquel que también les ha educado a ellos, y sin que se diesen cuenta les ha dado directrices sobre cómo educarte a ti. Una vez más, el propio sistema es el culpable. A él le interesa que pienses así, porque ello le permite mantenerse y permite asimismo a las élites economico-financieras y políticas -los mayores "privilegiados" del planeta- enriquecerse a tu costa, pues te obliga a subordinarte a ellos para sobrevivir, ya que son, respectivamente, quienes poseen y/o controlan los recursos que necesitas y/o los medios necesarios para su obtención; y quienes establecen las conductas que has de seguir para obtenerlos, y bajo qué normas y en qué condiciones vas a hacerlo, siempre en función de los deseos de los primeros.

El modelo de individuo medio que desde siempre ha interesado a las élites es una persona que conciba el mundo como un lugar hostil, que crea que por sí sola debe lograr su supervivencia, que ha de ganársela, adaptándose a las posibilidades que se le ofrecen y teniendo en cuenta que aquel que se halla a su lado pretende exactamente lo mismo, y quizá puede considerarse un enemigo, puesto que es posible que, para que uno consiga sus propósitos, el otro no vaya a poder hacerlo, por lo tanto, han de competir para ello.

En dos palabras: Individualismo y competitividad. Esos son los dos fundamentos básicos de la educación que hemos recibido, y que nuevamente a las élites interesa. Que canalicemos nuestros esfuerzos en imponernos a nuestros iguales en la lucha por una vida digna, puesto que como no hay suficiente para todos -o eso es lo que parece que nos quieren hacer creer-, sintiéndolo mucho alguien tendrá que morder el polvo para que yo pueda llegar lejos.

Con el fin de lograr sus propósitos, otra tarea que el sistema lleva a cabo, también en la educación, es la inhibición del espíritu crítico de la sociedad tanto como sea posible. Enseñarnos no a pensar, sino a obedecer. Evitar que los individuos puedan desarrollar ideas por sí mismos que les impulsen, de una forma u otra, a cuestionarse y consecuentemente a cuestionar el status quo con sus palabras y acciones.

Esto lo logran manteniéndonos ocupados a los jóvenes, sobrecargándonos de información y trabajo y evaluándonos constantemente, haciendo que nuestro más importante objetivo desde que comencemos los estudios hasta que los terminemos sea recibir cada tanto tiempo unas calificaciones que indiquen que todo va bien, que somos "buenos chicos" -aunque yo más bien diría "futura mano de obra medianamente bien formada, obediente y sumisa"-. Me detengo aquí por no ser exhaustivo en esto. El análisis del modelo educativo es, sin duda, un interesante tema al que dedicar otro de mis escritos.

Así, el sistema ha conseguido que tengas que ganarte incluso lo que necesitas para sobrevivir, subordinándote a aquellos que lo tienen en su poder. Y mediante esa trampa, esa gran mentira, una de tantas en las que él se apoya para subsistir, ha logrado también que concibas esta dura realidad como el único modo de vivir posible. Desde que eras pequeño/a ha tratado, por todos los medios, de que no te dieses cuenta de que vives en un engaño. Y por supuesto, si lo haces, se encargará de reprimirte. Y hace mucho que esto es así, pues, generación tras generación, quien ha sido educado en esta mentira educará así a sus hijos y permitirá que los eduquen también así en institutos, universidades y escuelas. Suele decirse que una mentira contada cuarenta veces se transforma en una verdad, y éste es un buen ejemplo.

Es momento de volver a hacer referencia al título de este escrito. Como ya dije, el "No pain, no gain" se ha extendido a ámbitos a los que no debería haberlo hecho, y ahora creo que ya ha quedado claro a qué me refiero. Acepto y apoyo que una persona desarrolle una mentalidad individualista y competitiva en todos los aspectos en los que aquello que pretenda obtener sea algo que por naturaleza no le corresponda. Pero me opongo frontalmente a que una persona tenga que ganarse lo que legítimamente ya era suyo y desarrolle dicha mentalidad para ello.

Creo que aquí está el fallo. Escalofriantemente, el ser humano actual no es capaz de distinguir el sufrimiento voluntario, aquel que asume para ganarse lo que no le corresponde en un principio, pudiendo elegir entre sufrir o no; del sufrimiento forzado, aquel que asume justamente para eso, y sin poder optar por no hacerlo, porque no puede satisfacer sus necesidades por otros medios. Para él son lo mismo, todo en esta vida hay que ganárselo, y eso no es cierto. Nos corresponde sobrevivir, y hoy día debemos vencer, además de los naturales, demasiados obstáculos para ello.

Obstáculos a mayores que, por si no ha quedado claro, alguien ha puesto ahí. El sistema te hace sufrir, pero no porque le dé la gana. Las élites políticas y economico-financieras no pretenden otra cosa que enriquecerse a tu costa. Pero no son mala gente, para ellos el que tú sufras por su culpa es algo secundario, digamos... un daño colateral. Recordemos que el individuo medio piensa que no hay suficiente para todos cuando eso no es así. Solamente trata de adivinar en manos de quién está todo aquello cuya existencia, tú, tácitamente, niegas, y de esa forma le has permitido apropiarse de ello.

Que no te engañen, amigo/a. En mi opinión, ni tú tienes porque vender tu fuerza de trabajo, ni el hecho de que tú vivas “bien” es causa indirecta de que otro viva mal. Hay suficiente para todos, aunque tú no lo creas, porque lo tienen ellos. Y a ti y a todos nos lo han ocultado siempre. En ello consiste la trampa de la que llevo hablando todo el tiempo: Las élites se han hecho con el control de casi la totalidad de los recursos y medios de producción del planeta; lo han logrado evitando que te dieses cuenta e imponiéndote el deber de trabajar para otros si quieres acceder a ellos; y lo mantienen haciéndote creer que todo es lógico, que las cosas hay que ganárselas, y que las grandes fortunas nacieron y se conservan gracias al esfuerzo.

Entre la utopía de que por arte de magia te venga volando un plato de comida a la mesa y todas las adversidades que actualmente debemos vencer para obtenerlo, hay un término medio.

Actualmente, en las fases de producción y distribución de bienes y servicios existen elementos innecesarios, que son quienes se han apropiado de los medios que se precisan para ello. Ellos, buscando obtener un lucro, queriendo o sin querer, han encarecido el coste de la vida, de modo que el grado de dificultad que hoy supone vivir bien es muy superior al natural, y eso no es justo. Creo que es posible que todos vivamos bien y a nadie le falte de nada, y aunque el camino es largo y difícil, uno de los primeros pasos es evidente: debemos prescindir de ellos.

Eso sí, en última instancia el criminal no es ni el gran empresario ni el gran terrateniente, sino el sistema que les ha permitido apropiarse de todo lo que tienen. Mientras exista gente sin recursos habiendo recursos suficientes, el derecho de propiedad sobre ellos y sus medios de producción, visto que funciona como un obstáculo -y ello se ha probado hasta la saciedad-, debe quedar en entredicho claramente.

Posiblemente, lo que habrás hecho será tacharme de loco, y la verdad es que te comprendo. De la manera en que hemos sido educados, siempre ha sido más fácil ser uno más y adaptarse a la realidad en vez de dudar, detectar injusticias y buscar modos de hacerles frente.

Pero oíd, ni un “comunista”, ni un vago, ni un niño mimado que acostumbre a sólo tener que pedir para obtener es quien escribe esto. Os ha hablado un joven lleno de ambición que muere de ganas por trabajar, pero odia percibir del exterior que, como sin ello no podrá sobrevivir, deberá hacerlo a cualquier precio.

Así pues, juzga ahora mis palabras, eres libre de hacerlo.

BW.

4 comentarios:

  1. El instinto de supervivencia y de poder es el responsable primigenio, el primer antecesor con una piedra más cortante con una maza más grande o sencillamente por ser el más fuerte, el más inteligente y el mejor adaptado al medio es el que se convertiría en Jefe del clan, familia, grupo, etc y por lo tanto el primero en comer más y los mejores trozos, el resto lo desechaba y los otros miembros comerían lo que ellos no querían, miles años después seguimos igual, cambiamos al más fuerte por el más capaz de manipular, dominar, convencer o exterminar a los demás y tienes como resultado nuestra evolución... Un

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    1. Coincido contigo al afirmar que actualmente y ya desde hace tiempo, el poder se ha logrado y se mantiene a base de -entre otros medios- manipulación en muy diversos modos. Me referiré a ello en alguna publicación posterior que, dadas las circunstancias, posiblemente sea de tu agrado.

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  2. Ni locura ni utopía. Toda la razón te asiste. Desde siempre ha sido así, pero todo se puede cambiar. Sigo diciendo que hace falta gente que piense como tú porque en ahí está el germen del cambio.
    Otra cosa es que la semilla de frutos y se extienda.
    Y aún así, esperar que las élites, como tú bien dices, no quemen la cosecha.
    Magnífico.

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    1. Un placer que te haya gustado lo que has leído. Y si consideras que mi planteamiento y conclusiones son acertados, de seguro algunos futuros escritos que publique seguirán siendo de tu agrado. Gracias por tu apoyo!

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