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Acostumbrados a que todo en la vida haya que ganárselo, nos adaptamos e incluso llegamos a predicar ese hecho. Es motivador, que las cosas tengan su precio y debamos esforzarnos para conseguir lo que deseemos. Pero puede que ese planteamiento no sea del todo cierto. Carece de sentido justificar la desigualdad económica que se vive a todos los niveles en base al criterio del esfuerzo. De la situación actual, injusta e insostenible, quizá haya culpables concretos.
NO PAIN,
NO GAIN
Este dicho nos ha llegado
a todos de una u otra forma. Inspira y suena motivador, ¿verdad?.
Veamos qué nos puede ofrecer su aplicación en diferentes aspectos
de nuestra vida cotidiana.
Cuando pensamos en ello,
lo primero que se nos viene a la mente es una persona que se propone
en año nuevo ponerse en forma y se apunta a un gimnasio, ese sitio
que en enero se masifica y en el que a partir de febrero puede haber
hasta eco; o inicia una dieta restrictiva, de esas en las que a los
tres días tu cuerpo te está suplicando que lo mates de dolor y no
de hambre.
Desde luego, no voy a ser
yo la persona que se oponga frontalmente a esto. Me gusta. En algunos
aspectos de la vida, como los estudios o el deporte, los resultados
no pueden conseguirse sin esfuerzo. Ahí, a quien algo quiere, algo
le cuesta, y tener en mente el "no pain, no gain" le vendrá
bien para conseguir sus propósitos. Nadie va a sacar por ti una
mención de honor en la carrera que estudias, y nadie va a eliminar
por ti ese flotador de veinteañero sedentario que tanto te disgusta
ver en el espejo. Lo más probable es que nunca vayas a lograr estos
cometidos si aún puedes contar con los dedos las noches que has
pasado en vela estudiando o las veces que tu cuerpo ha caído rendido
al final de tu entrenamiento.
Veámoslo ahora desde otra
perspectiva. Observo que en el mundo actual, esto ha ido demasiado
lejos. Hoy por hoy, el pensamiento de que las cosas hay que
ganárselas se ha extendido hacia aspectos a los que creo que no
debería haberlo hecho.
El techo bajo el que
vivimos. El pan que comemos. El agua que bebemos. La ropa con la que
nos vestimos. La luz que ilumina nuestras viviendas. La calefacción
que nos protege del frío durante el invierno... ¿Acaso todo esto
también hay que ganárselo?
Éste es el momento en que
a mí comienzan a surgirme dudas. He tratado de esclarecerlas y creo
haber llegado a unas conclusiones que podrán ser acertadas o no,
pero las considero, cuanto menos, interesantes...
Es una trampa. Una trampa
estratégicamente muy bien planeada, y es además uno de los pilares
básicos del sistema, que junto a otros métodos a los que me
referiré en otros escritos (autoridad; adoctrinamiento; medios de
desinformación; sistemas de canalización del espíritu crítico;
miedo, etc), permite a aquellos que nos dominan seguir haciéndolo.
La figura de esta trampa
se alza sobre dos apoyos.
En primer lugar, en la
mentalidad de escasez que tenemos implantada en la cabeza.
La mentalidad de escasez
se fundamenta en la creencia -aparentemente lógica- de que en el
mundo los recursos son limitados y quizá insuficientes para cubrir
las necesidades de la totalidad de individuos que pueblan la Tierra.
Que aquí quizá sobra gente, y que por consiguiente, para que uno
viva bien, puede que otro no pueda hacerlo, y así buscamos
explicación a la pobreza. Sin embargo, la realidad es totalmente
distinta. Nuestro planeta ofrece recursos suficientes como para
cubrir las necesidades de la población mundial totalmente y varias
veces.
Entonces... ¿qué ha
pasado aquí? ¿Por qué en el mundo hay tanta gente viviendo en la
pobreza? ¿Por qué, por otra parte, hay gente que acumula tan vastos
patrimonios? Si antes he dicho que hay recursos para todos, ¿no se
supone que a nadie tendría porque faltarle de nada? ¿Dónde están
esos recursos que a ellos les faltan? ¿Y por qué los míos, los que
tengo, me los he tenido que ganar con el sudor de mi frente, incluso
trabajando para otros, y estoy condenado a seguir haciéndolo?
Son demasiadas preguntas,
que muchos de nosotros nos habremos hecho en algún momento, y en la
gran mayoría de casos no hemos podido darles una respuesta a ciencia
cierta. Yo voy a intentarlo ahora.
Para ello, es necesario
comenzar a relacionar el concepto anterior, la mentalidad de escasez,
con el otro apoyo de esa trampa que pretendo sacar a la luz. Y ese
otro apoyo se trata, sencillamente, de una obviedad: los recursos
están mal distribuidos.
Es fácil de entender: el
capitalismo fomenta la desigualdad económica. Él es el que decide
atribuirte, dependiendo de quién seas, de dónde nazcas y de qué
forma puedas serle útil, mayores o menores posibilidades de obtener
una mejor o peor satisfacción de tus necesidades.
"Posibilidades de
obtener". Muy interesante. Pero oye, si hay recursos para todos,
lo lógico es que a ti te corresponda tu parte, y para conseguirla lo
único que tienes que hacer es, solo o con ayuda, dependiendo de su
naturaleza, extraer de sus fuentes los recursos que necesitas para
satisfacer tus necesidades. ¿Por qué esto no es así?
La respuesta es sencilla.
El acceso directo a los recursos, amigo/a mío/a, se te ha vetado
desde que naciste. Tales recursos, de existir, están en manos de
alguien, y ese alguien quiere algo de ti antes de dejar que tú los
obtengas. Y si han de ser creados, producidos, extraídos o
descubiertos, se ha de proceder también bajo la dirección de
alguien, que es quien tiene los medios necesarios para ello.
"Vale, pues no pasa
nada. Es un trato justo. El propietario de los recursos o de los
medios no tiene porque darme lo que quiero sin pedirme nada a cambio.
Hago lo que me pida y todos contentos". Frecuente y predecible
respuesta ante este planteamiento.
Yo prefiero enfocarlo de
otra manera: "¿Por qué es él el propietario de los recursos
que necesito o el que tiene los medios para que alguien los produzca
para mí? ¿Qué fuerza de la naturaleza ha puesto esas armas en sus
manos, tan poderosas que le permiten manejar mi fuerza de trabajo a
su antojo a cambio de permitirme satisfacer mis necesidades?".
Nuevamente, el responsable
es el sistema económico imperante. Y ha logrado esto a través de
medios muy sofisticados, que probablemente te hayan impedido verle
como el culpable de las mayores o menores penurias que puedas
sufrir, tú o cualquiera que no se halle en una situación
privilegiada.
"Privilegiada".
Bonita palabra. Privilegiado, económicamente hablando, es aquel que
puede satisfacer sus necesidades sin problemas, ¿no?. Pues aquí está la
clave del asunto. Aquí los dos puntos que he desarrollado con
anterioridad finalmente van a confluir para poder resolver nuestras
dudas. "Mentalidad de escasez" y "Recursos mal
distribuidos". Quedémonos con ello.
Pues bien, el resultado de
la confluencia de esos dos elementos en su mente ha hecho que el ser
humano piense eso, que quien pueda satisfacer sus necesidades sin
problemas es un privilegiado. Lo piensa porque, sabedor de que los
recursos están mal distribuidos, quien tenga más facilidad que el
resto para acceder a ellos se halla en una situación mejor,
privilegiada. Y lo piensa también porque, viendo que hay tan pocas
personas en tal situación, para él es evidente que no todos podemos
hallarnos en ella, no todos podemos ser privilegiados, eso no tendría
ningún sentido.
Bingo. Ahí lo tenemos. Es
que ni lo tiene, ni debe tenerlo. La situación en la que se
encuentra un "privilegiado" en un sistema capitalista es,
con escasos matices, la situación en la que deberíamos encontrarnos
todos. Si hay recursos suficientes para todos, todos ostentamos por
esa razón un derecho natural e irrebatible a acceder a ellos, sin
tener que vencer más oposición que la que éstos presenten
per sé para caer en nuestras manos. ¿Por qué se nos impide
hacerlo?
Ahora, la reacción más
lógica es cuestionarse si de verdad hay suficiente para todos. A ver
si resulta que, además de estar mal distribuidos, observando la
realidad, en la que todo el mundo lucha por una vida digna, la razón
por la cual no todos lo consiguen es porque no es posible, porque los
recursos del planeta son limitados y quizá insuficientes.
Uno, tras preguntarse eso,
llega a la conclusión de que es momento de poner los pies en la
tierra y recibir una dosis de realidad. Lo que nos toca es velar cada
uno por sí mismo y pelear por nuestra propia supervivencia y la de
nuestros allegados, aunque ello suponga someternos a la voluntad de
aquel que posee los recursos y los medios; y suponga, además, que
tengamos que apartar a nuestros iguales del camino si queremos
conseguir nuestras metas, pues para que yo viva bien posiblemente
otro no podrá hacerlo. Y da gracias a que vivo en un país
desarrollado, porque aquellos que no pueden satisfacer sus
necesidades están en otros lugares, no son mis vecinos, mis
familiares o mis amigos, no voy a tener ante mis ojos a esas personas
a las que, indirecta e inintencionadamente, quizá no les estoy
permitiendo tener una vida digna. Es injusto, me dan pena y les
ayudaré si puedo, pero ¿qué se le va a hacer? Es así, la vida es
dura...
Pues amigo/a, si has
llegado hasta aquí y esa es tu reacción, hay alguien que quiere
felicitarte. Es aquel que te ha educado. Y no, no me refiero ni a tus
padres ni a tus profesores. Me refiero a aquel que también les ha
educado a ellos, y sin que se diesen cuenta les ha dado directrices
sobre cómo educarte a ti. Una vez más, el propio sistema es el
culpable. A él le interesa que pienses así, porque ello le permite
mantenerse y permite asimismo a las élites economico-financieras y
políticas -los mayores "privilegiados" del planeta-
enriquecerse a tu costa, pues te obliga a subordinarte a ellos para
sobrevivir, ya que son, respectivamente, quienes poseen y/o controlan
los recursos que necesitas y/o los medios necesarios para su
obtención; y quienes establecen las conductas que has de seguir para
obtenerlos, y bajo qué normas y en qué condiciones vas a hacerlo,
siempre en función de los deseos de los primeros.
El modelo de individuo
medio que desde siempre ha interesado a las élites es una persona
que conciba el mundo como un lugar hostil, que crea que por sí sola
debe lograr su supervivencia, que ha de ganársela, adaptándose a
las posibilidades que se le ofrecen y teniendo en cuenta que aquel
que se halla a su lado pretende exactamente lo mismo, y quizá puede
considerarse un enemigo, puesto que es posible que, para que uno
consiga sus propósitos, el otro no vaya a poder hacerlo, por lo
tanto, han de competir para ello.
En dos palabras:
Individualismo y competitividad. Esos son los dos fundamentos básicos
de la educación que hemos recibido, y que nuevamente a las élites
interesa. Que canalicemos nuestros esfuerzos en imponernos a nuestros
iguales en la lucha por una vida digna, puesto que como no hay
suficiente para todos -o eso es lo que parece que nos quieren hacer
creer-, sintiéndolo mucho alguien tendrá que morder el polvo para
que yo pueda llegar lejos.
Con el fin de lograr sus
propósitos, otra tarea que el sistema lleva a cabo, también en la
educación, es la inhibición del espíritu crítico de la sociedad
tanto como sea posible. Enseñarnos no a pensar, sino a obedecer.
Evitar que los individuos puedan desarrollar ideas por sí mismos que
les impulsen, de una forma u otra, a cuestionarse y consecuentemente
a cuestionar el status quo
con sus palabras y acciones.
Esto lo logran
manteniéndonos ocupados a los jóvenes, sobrecargándonos de
información y trabajo y evaluándonos constantemente, haciendo que
nuestro más importante objetivo desde que comencemos los estudios
hasta que los terminemos sea recibir cada tanto tiempo unas
calificaciones que indiquen que todo va bien, que somos "buenos
chicos" -aunque yo más bien diría "futura mano de obra
medianamente bien formada, obediente y sumisa"-. Me detengo aquí
por no ser exhaustivo en esto. El análisis del modelo educativo es,
sin duda, un interesante tema al que dedicar otro de mis escritos.
Así, el sistema ha
conseguido que tengas que ganarte incluso lo que necesitas para
sobrevivir, subordinándote a aquellos que lo tienen en su poder. Y
mediante esa trampa, esa gran mentira, una de tantas en las que él
se apoya para subsistir, ha logrado también que concibas esta dura
realidad como el único modo de vivir posible. Desde que eras
pequeño/a ha tratado, por todos los medios, de que no te dieses
cuenta de que vives en un engaño. Y por supuesto, si lo haces, se
encargará de reprimirte. Y hace mucho que esto es así, pues,
generación tras generación, quien ha sido educado en esta mentira
educará así a sus hijos y permitirá que los eduquen también así
en institutos, universidades y escuelas. Suele decirse que una
mentira contada cuarenta veces se transforma en una verdad, y éste
es un buen ejemplo.
Es momento de volver a
hacer referencia al título de este escrito. Como ya dije, el "No
pain, no gain" se ha extendido a ámbitos a los que no debería
haberlo hecho, y ahora creo que ya ha quedado claro a qué me
refiero. Acepto y apoyo que una persona desarrolle una mentalidad
individualista y competitiva en todos los aspectos en los que aquello
que pretenda obtener sea algo que por naturaleza no le corresponda.
Pero me opongo frontalmente a que una persona tenga que ganarse lo
que legítimamente ya era suyo y desarrolle dicha mentalidad para
ello.
Creo que aquí está el
fallo. Escalofriantemente, el ser humano actual no es capaz de
distinguir el sufrimiento voluntario, aquel que asume para ganarse lo
que no le corresponde en un principio, pudiendo elegir entre sufrir o
no; del sufrimiento forzado, aquel que asume justamente para eso, y
sin poder optar por no hacerlo, porque no puede satisfacer sus
necesidades por otros medios. Para él son lo mismo, todo en esta
vida hay que ganárselo, y eso no es cierto. Nos corresponde
sobrevivir, y hoy día debemos vencer, además de los naturales, demasiados
obstáculos para ello.
Obstáculos a mayores que, por si
no ha quedado claro, alguien ha puesto ahí. El sistema te hace
sufrir, pero no porque le dé la gana. Las élites políticas y
economico-financieras no pretenden otra cosa que enriquecerse a tu
costa. Pero no son mala gente, para ellos el que tú sufras por su
culpa es algo secundario, digamos... un daño colateral. Recordemos
que el individuo medio piensa que no hay suficiente para todos cuando
eso no es así. Solamente trata de adivinar en manos de quién está
todo aquello cuya existencia, tú, tácitamente, niegas, y de esa
forma le has permitido apropiarse de ello.
Que no te engañen,
amigo/a. En mi opinión, ni tú tienes porque vender tu fuerza de
trabajo, ni el hecho de que tú vivas “bien” es causa indirecta
de que otro viva mal. Hay suficiente para todos, aunque tú no lo
creas, porque lo tienen ellos. Y a ti y a todos nos lo han ocultado
siempre. En ello consiste la trampa de la que llevo hablando todo el
tiempo: Las élites se han hecho con el control de casi la totalidad
de los recursos y medios de producción del planeta; lo han logrado
evitando que te dieses cuenta e imponiéndote el deber de trabajar
para otros si quieres acceder a ellos; y lo mantienen haciéndote
creer que todo es lógico, que las cosas hay que ganárselas, y que
las grandes fortunas nacieron y se conservan gracias al esfuerzo.
Entre la utopía de que
por arte de magia te venga volando un plato de comida a la mesa y
todas las adversidades que actualmente debemos vencer para obtenerlo,
hay un término medio.
Actualmente, en las fases
de producción y distribución de bienes y servicios existen
elementos innecesarios, que son quienes se han apropiado de los
medios que se precisan para ello. Ellos, buscando obtener un lucro,
queriendo o sin querer, han encarecido el coste de la vida, de modo
que el grado de dificultad que hoy supone vivir bien es muy superior
al natural, y eso no es justo. Creo que es posible que todos vivamos
bien y a nadie le falte de nada, y aunque el camino es largo y
difícil, uno de los primeros pasos es evidente: debemos prescindir
de ellos.
Eso sí, en última
instancia el criminal no es ni el gran empresario ni el gran terrateniente,
sino el sistema que les ha permitido apropiarse de todo lo que
tienen. Mientras exista gente sin recursos habiendo recursos
suficientes, el derecho de propiedad sobre ellos y sus medios de producción,
visto que funciona como un obstáculo -y ello se ha probado hasta la
saciedad-, debe quedar en entredicho claramente.
Posiblemente, lo que
habrás hecho será tacharme de loco, y la verdad es que te
comprendo. De la manera en que hemos sido educados, siempre ha sido
más fácil ser uno más y adaptarse a la realidad en vez de dudar,
detectar injusticias y buscar modos de hacerles frente.
Pero oíd, ni un
“comunista”, ni un vago, ni un niño mimado que acostumbre a sólo
tener que pedir para obtener es quien escribe esto. Os ha hablado un
joven lleno de ambición que muere de ganas por trabajar, pero odia
percibir del exterior que, como sin ello no podrá sobrevivir, deberá
hacerlo a cualquier precio.
Así pues, juzga ahora mis
palabras, eres libre de hacerlo.
BW.

El instinto de supervivencia y de poder es el responsable primigenio, el primer antecesor con una piedra más cortante con una maza más grande o sencillamente por ser el más fuerte, el más inteligente y el mejor adaptado al medio es el que se convertiría en Jefe del clan, familia, grupo, etc y por lo tanto el primero en comer más y los mejores trozos, el resto lo desechaba y los otros miembros comerían lo que ellos no querían, miles años después seguimos igual, cambiamos al más fuerte por el más capaz de manipular, dominar, convencer o exterminar a los demás y tienes como resultado nuestra evolución... Un
ResponderEliminarCoincido contigo al afirmar que actualmente y ya desde hace tiempo, el poder se ha logrado y se mantiene a base de -entre otros medios- manipulación en muy diversos modos. Me referiré a ello en alguna publicación posterior que, dadas las circunstancias, posiblemente sea de tu agrado.
EliminarNi locura ni utopía. Toda la razón te asiste. Desde siempre ha sido así, pero todo se puede cambiar. Sigo diciendo que hace falta gente que piense como tú porque en ahí está el germen del cambio.
ResponderEliminarOtra cosa es que la semilla de frutos y se extienda.
Y aún así, esperar que las élites, como tú bien dices, no quemen la cosecha.
Magnífico.
Un placer que te haya gustado lo que has leído. Y si consideras que mi planteamiento y conclusiones son acertados, de seguro algunos futuros escritos que publique seguirán siendo de tu agrado. Gracias por tu apoyo!
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