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Por diversos motivos, los
humanos llevamos media eternidad matándonos entre nosotros. Hace
tiempo, nuestra conducta era lógica, pues nuestros actos eran
predominantemente instintivos y nuestros razonamientos eran mucho más
básicos. Pero ahora ya hemos evolucionado, y deberíamos ser capaces
de evitar los conflictos armados, pues tendríamos que darnos cuenta
de que no hay razón en la que ampararse para dar muerte a nuestros
iguales. Sin embargo, no es así. El odio y la intolerancia parecen
estar a años luz de ceder su trono a la paz y la armonía entre
países y culturas. Dime, Homo
Sapiens Sapiens, ¿qué
es lo que defiendes cuando tomas las armas?
UN CUENTO
DE NUNCA ACABAR
Desde tiempos del
Australopithecus hasta la actualidad, dominio del Homo
Sapiens Sapiens, el ser humano ha ido evolucionando.
Optando por el
sedentarismo, pequeñas comunidades se aposentaron en lugares que les
brindaban lo necesario para sobrevivir.
Sus miembros desarrollaron
empatía y afecto entre ellos. Se concebían como personas con las
que había que cooperar, a quienes ayudar y de quienes poder recibir
ayuda.
Poco a poco, esas
comunidades fueron haciéndose más grandes y numerosas, y sus
dominios fueron aproximándose entre sí.
Entonces, al captar la
presencia de individuos ajenos a su comunidad en las cercanías, ese
fuerte instinto protector y cooperativo que el ser humano había
desarrollado para con los suyos le hizo ver a los extraños como
posibles enemigos.
Ante tal hostilidad, en el
seno de cada comunidad floreció un potente sentimiento de identidad
propia, que predispuso a sus miembros a defender su territorio.
Y finalmente llegó el
día en que los dominios de las comunidades ya no pudieron expandirse
más, porque invadirían los de las vecinas. Pero claro, la población
continuaba en aumento, y muchas comunidades comenzaron a tener
problemas de abastecimiento. Así, algunas optaron por tratar de
arrebatarles sus dominios a las demás para poder ellas subsistir.
Guerra, guerra y más
guerra. Los humanos se dieron muerte entre sí, siguiendo su instinto
de supervivencia y defendiendo su comunidad. De este modo, las comunidades
más poderosas erradicaron a las más débiles y extendieron sus
dominios.
Pues bien,
lamentablemente, la situación actual no es tan distinta a la que
acabo de exponer. Pese a que el planeta ofrece recursos más que
suficientes para cubrir las necesidades de la población mundial
varias veces, aún existen motivos que incitan al hombre a
luchar contra sus iguales.
Uno de ellos es que la
distribución de esos recursos se halla muy descompensada. Por
múltiples razones, unos tienen muchos más que otros. Ese tema ya lo
he tratado en otro
escrito.
Otro, la subsistencia de
la identidad propia de las comunidades en un mundo globalizado.
Ellas, que en su día sólo admitían como miembros a individuos
nacidos en su seno, ahora se han convertido en países, que con
más o menos impedimentos abren sus dominios a la entrada de
inmigrantes.
Y eso no les parece bien a
todos. Hay personas que no ven ningún problema en convivir en su
propio país con otras ajenas a él; y personas que sí presentan una
mayor o menor discrepancia con este fenómeno.
Quienes se han decantado
por esta segunda opción han elevado a un nivel superior ese
“patriotismo” que heredaron de sus ancestros. Y por ello,
conciben a los inmigrantes como extraños que no merecen un trato tan
“favorable” como el que reciben los nacionales.
Y el último motivo, quizá
el más importante, y en cuyo nombre se han librado, se están
librando y se librarán las peores guerras, es la cultura propia que
tiene cada comunidad.
En cada comunidad, a lo
largo del tiempo, en base a unas u otras fuentes de conocimiento, se
ha ido creando una cultura. Y entendamos como "cultura" un
pensamiento generalizado acerca de lo que está bien y lo que está
mal; lo que se debe hacer y lo que no; lo que es tolerable y lo que
no lo es; lo que es cierto y lo que es falso; y un largo etcétera.
Por aquel entonces, cuando
las comunidades fueron entrando en contacto, también lo hicieron sus
propias culturas. Y cuando éstas discordaban, nacía un motivo más
que las empujaba a entrar en guerra.
La interminable odisea que
ha emprendido la mente humana en busca de la verdad absoluta juega
aquí un papel fundamental, porque aún hoy día muchas guerras
estallan por ese motivo: por querer demostrar a los demás que
nosotros tenemos razón y ellos están equivocados. La tolerancia
está a años luz de arrebatarle el puesto al odio ante la innegable
diversidad cultural que impera en la humanidad.
En resumen, ahí tenemos
las razones por las cuales llevamos media eternidad matándonos entre
nosotros. Entiendo que esto sucediese hace tiempo, cuando nuestros
actos eran más instintivos y nuestros razonamientos más básicos,
pero en la actualidad – a mi juicio - ya no tiene sentido ninguno,
y es preocupante que todo indique que nada va a cambiar.
En base a lo dicho hasta
el momento, como español y desde España os digo que en este país
tenemos un gran problema.
En este país veo cada día
manifestaciones negativas de ese fuerte patriotismo que tienen buena
parte de mis compatriotas.
En un mundo en guerra, en
que las batallas armadas fruto del odio entre culturas están a la
orden del día, observo que el español medio está profesando un
odio y una intolerancia hacia otras culturas que dan lugar a una
situación cada vez más insalubre.
Además, recordemos que el
país se halla en "crisis". En España, actualmente, gran
parte de la población tiene problemas para llegar a fin de mes. Y
muchos culpan de sus penurias a esa "crisis" de la que
tanto se habla.
¿Qué ocurrirá entonces
cuando el español medio capte la presencia de inmigrantes en su
país, en medio de un panorama que le sugiere escasez de recursos y
un fuerte conflicto entre culturas que incluso ha llegado a las
armas?
No es muy complicado
responder: su mente, bajo una influencia externa tan potente, va a
desarrollar un fuerte instinto protector que le provocará gran
recelo hacia ellos.
Y es que es totalmente
lógico. Si le están diciendo que por ahí hay un tal “Estado
Islámico” atentando a diestro y siniestro, unido
a la preocupante y extendida confusión entre "musulmán" y
"yihadista"; sabiendo de buena tinta que el país está en
“crisis”, cuyos efectos posiblemente esté sufriendo en su propio
hogar; viendo cada día en prensa y televisión la dramática
situación que se vive en ciertos países latinoamericanos y la cantidad
de atrocidades que se cometen allá, e incluso aquí por nacionales
de aquellos lares; todo ello unido a ese más o menos intenso
patriotismo que se le ha inculcado desde pequeño... ¿qué queremos
que piense?
En este país escucho a
gente decir que los inmigrantes vienen a quitarnos el trabajo y a
“chupar del bote”, y que no deberían recibir un trato “tan
favorable” estando como estamos. Que primero haya trabajo y
subsidios para los españoles y después de lo que sobre -si tal-
compartiremos un poco con ellos.
En este país cualquier
ciudadano cuyos rasgos evidencien su procedencia de algún lugar de
oriente medio es observado en estado de alerta por muchos de mis
compatriotas.
En este país no pocos ven
con buenos ojos el cierre absoluto de nuestras fronteras en Ceuta y
Melilla y las devoluciones “en caliente” para lograr que "no
se nos cuelen más inmigrantes".
En este país muchos,
muchísimos aplauden a la UE su vomitivo acuerdo con Turquía, que
aceptó convertirse en el defensor de nuestras fronteras contra los
refugiados, contra millones de personas iguales a nosotros que huyen
del fuego y la destrucción.
Aquí, además, no pocos
son partidarios de la intervención armada en Siria, ya que, aunque
morirán cientos de miles de inocentes, lo harán también esos
detestables “terroristas” del Estado Islámico y compañía. "Muerto el perro, se acabó la
rabia".
Y así, una interminable
lista.
El patriotismo y el
orgullo nacional hace ya tiempo que causan más mal que bien a la
humanidad. Por provocar y mantener guerras; por promover el odio
entre culturas; por mantener a la población separada por fronteras;
por crear en tantas personas una falsa sensación de superioridad
respecto al resto...
¡Basta ya!
El país en el que vivimos
no es mejor ni peor que el resto, no hay nada que demostrar a nadie.
La cultura que seguimos no
es más ni menos correcta que ninguna, respetemos a todas las demás
que sean respetuosas con los derechos humanos, y ante el resto
abstengámonos de actuar con autoritarismo. Responder a la violencia
con violencia sólo genera más violencia.
Nuestra opinión, por
mucho que nos empeñemos, no es la correcta ni lo será jamás, pues
apenas existen verdades absolutas. Abramos nuestra mente a la
globalización, la convivencia pacífica entre culturas y el amor al
prójimo.
En verdad, desearía poder
vivir ese día en que la humanidad decida ponerle fin a este cuento
de nunca acabar, antes de que se le acabe el tiempo para hacerlo.
Ese día en que comencemos
a entender que nuestra única Patria es la Tierra, y que es ella a
quien, entre todos, debemos proteger.
Espero que no la hayamos
destruido para entonces.
BW.

Ante todo la guerra solo es la expresión del poder de unos pocos, unos pocos que no tienen patria que no defienden países tan solo el poder y el dinero. Para ello crean falsos conflictos basados en la religión, la incultura, el hambre y la desesperación... Las guerras son inmensas mentiras, criminales, devastadoras, en este mundo nuestro, nada es verdad solo cambia según quién la cuente.
ResponderEliminarConcuerdo totalmente con lo que has dicho. De hecho, el borrador inicial del post también abordaba ese tema, pero decidí prescindir de esa parte para darle al escrito el enfoque concreto que tiene. Aunque no lo haga expresamente, en futuros escritos muy posiblemente tocaré esa idea. Gracias por leer.
Eliminar¿Cuento? Vaya cuento....
ResponderEliminarYo diría la historia de terror que nunca se acaba.
Malo es no saber convivir, pero imposible es cuando hay quien se empeña en ponerlo más difícil aún.
Antes era la supervivencia de muchos la que "justificaba" las guerras.
Ahora es el ansia de poder, la avaricia de unos pocos, la religión manipulada y la ignorancia de todos la que impide la paz.
Quienes no ven que la Tierra es de todos y no unos trozos de unos pocos.
Los políticos borran fronteras y las ponen a su antojo según los recursos naturales de que se trate, para enriquecimiento de las minorías.
La locura de media docena amedrenta al resto.
Esos no son homo sapiens sapiens.
Y la inmensa mayoría de nosotros borraríamos esas fronteras con unos recursos mundiales bien gestionados sencillamente porque no harían falta.
Concuerdo plenamente con ello, y te respondo lo mismo que al anterior lector: el borrador inicial del post también tenía un trasfondo político, pero en la edición decidí prescindir de él para enfocarme en el social. En futuros escritos, aunque no expresamente, tocaré esa idea. Gracias por leer.
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