18 mar 2017

UN CUENTO DE NUNCA ACABAR


Sinopsis
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Por diversos motivos, los humanos llevamos media eternidad matándonos entre nosotros. Hace tiempo, nuestra conducta era lógica, pues nuestros actos eran predominantemente instintivos y nuestros razonamientos eran mucho más básicos. Pero ahora ya hemos evolucionado, y deberíamos ser capaces de evitar los conflictos armados, pues tendríamos que darnos cuenta de que no hay razón en la que ampararse para dar muerte a nuestros iguales. Sin embargo, no es así. El odio y la intolerancia parecen estar a años luz de ceder su trono a la paz y la armonía entre países y culturas. Dime, Homo Sapiens Sapiens, ¿qué es lo que defiendes cuando tomas las armas?

UN CUENTO DE NUNCA ACABAR

Desde tiempos del Australopithecus hasta la actualidad, dominio del Homo Sapiens Sapiens, el ser humano ha ido evolucionando.

Optando por el sedentarismo, pequeñas comunidades se aposentaron en lugares que les brindaban lo necesario para sobrevivir.

Sus miembros desarrollaron empatía y afecto entre ellos. Se concebían como personas con las que había que cooperar, a quienes ayudar y de quienes poder recibir ayuda.

Poco a poco, esas comunidades fueron haciéndose más grandes y numerosas, y sus dominios fueron aproximándose entre sí.

Entonces, al captar la presencia de individuos ajenos a su comunidad en las cercanías, ese fuerte instinto protector y cooperativo que el ser humano había desarrollado para con los suyos le hizo ver a los extraños como posibles enemigos.

Ante tal hostilidad, en el seno de cada comunidad floreció un potente sentimiento de identidad propia, que predispuso a sus miembros a defender su territorio.

Y finalmente llegó el día en que los dominios de las comunidades ya no pudieron expandirse más, porque invadirían los de las vecinas. Pero claro, la población continuaba en aumento, y muchas comunidades comenzaron a tener problemas de abastecimiento. Así, algunas optaron por tratar de arrebatarles sus dominios a las demás para poder ellas subsistir.

Guerra, guerra y más guerra. Los humanos se dieron muerte entre sí, siguiendo su instinto de supervivencia y defendiendo su comunidad. De este modo, las comunidades más poderosas erradicaron a las más débiles y extendieron sus dominios.

Pues bien, lamentablemente, la situación actual no es tan distinta a la que acabo de exponer. Pese a que el planeta ofrece recursos más que suficientes para cubrir las necesidades de la población mundial varias veces, aún existen motivos que incitan al hombre a luchar contra sus iguales.

Uno de ellos es que la distribución de esos recursos se halla muy descompensada. Por múltiples razones, unos tienen muchos más que otros. Ese tema ya lo he tratado en otro escrito.

Otro, la subsistencia de la identidad propia de las comunidades en un mundo globalizado. Ellas, que en su día sólo admitían como miembros a individuos nacidos en su seno, ahora se han convertido en países, que con más o menos impedimentos abren sus dominios a la entrada de inmigrantes.

Y eso no les parece bien a todos. Hay personas que no ven ningún problema en convivir en su propio país con otras ajenas a él; y personas que sí presentan una mayor o menor discrepancia con este fenómeno.

Quienes se han decantado por esta segunda opción han elevado a un nivel superior ese “patriotismo” que heredaron de sus ancestros. Y por ello, conciben a los inmigrantes como extraños que no merecen un trato tan “favorable” como el que reciben los nacionales.

Y el último motivo, quizá el más importante, y en cuyo nombre se han librado, se están librando y se librarán las peores guerras, es la cultura propia que tiene cada comunidad.

En cada comunidad, a lo largo del tiempo, en base a unas u otras fuentes de conocimiento, se ha ido creando una cultura. Y entendamos como "cultura" un pensamiento generalizado acerca de lo que está bien y lo que está mal; lo que se debe hacer y lo que no; lo que es tolerable y lo que no lo es; lo que es cierto y lo que es falso; y un largo etcétera.

Por aquel entonces, cuando las comunidades fueron entrando en contacto, también lo hicieron sus propias culturas. Y cuando éstas discordaban, nacía un motivo más que las empujaba a entrar en guerra.

La interminable odisea que ha emprendido la mente humana en busca de la verdad absoluta juega aquí un papel fundamental, porque aún hoy día muchas guerras estallan por ese motivo: por querer demostrar a los demás que nosotros tenemos razón y ellos están equivocados. La tolerancia está a años luz de arrebatarle el puesto al odio ante la innegable diversidad cultural que impera en la humanidad.

En resumen, ahí tenemos las razones por las cuales llevamos media eternidad matándonos entre nosotros. Entiendo que esto sucediese hace tiempo, cuando nuestros actos eran más instintivos y nuestros razonamientos más básicos, pero en la actualidad – a mi juicio - ya no tiene sentido ninguno, y es preocupante que todo indique que nada va a cambiar.

En base a lo dicho hasta el momento, como español y desde España os digo que en este país tenemos un gran problema.

En este país veo cada día manifestaciones negativas de ese fuerte patriotismo que tienen buena parte de mis compatriotas.

En un mundo en guerra, en que las batallas armadas fruto del odio entre culturas están a la orden del día, observo que el español medio está profesando un odio y una intolerancia hacia otras culturas que dan lugar a una situación cada vez más insalubre.

Además, recordemos que el país se halla en "crisis". En España, actualmente, gran parte de la población tiene problemas para llegar a fin de mes. Y muchos culpan de sus penurias a esa "crisis" de la que tanto se habla.

¿Qué ocurrirá entonces cuando el español medio capte la presencia de inmigrantes en su país, en medio de un panorama que le sugiere escasez de recursos y un fuerte conflicto entre culturas que incluso ha llegado a las armas?

No es muy complicado responder: su mente, bajo una influencia externa tan potente, va a desarrollar un fuerte instinto protector que le provocará gran recelo hacia ellos.

Y es que es totalmente lógico. Si le están diciendo que por ahí hay un tal “Estado Islámico” atentando a diestro y siniestro, unido a la preocupante y extendida confusión entre "musulmán" y "yihadista"; sabiendo de buena tinta que el país está en “crisis”, cuyos efectos posiblemente esté sufriendo en su propio hogar; viendo cada día en prensa y televisión la dramática situación que se vive en ciertos países latinoamericanos y la cantidad de atrocidades que se cometen allá, e incluso aquí por nacionales de aquellos lares; todo ello unido a ese más o menos intenso patriotismo que se le ha inculcado desde pequeño... ¿qué queremos que piense?

En este país escucho a gente decir que los inmigrantes vienen a quitarnos el trabajo y a “chupar del bote”, y que no deberían recibir un trato “tan favorable” estando como estamos. Que primero haya trabajo y subsidios para los españoles y después de lo que sobre -si tal- compartiremos un poco con ellos.

En este país cualquier ciudadano cuyos rasgos evidencien su procedencia de algún lugar de oriente medio es observado en estado de alerta por muchos de mis compatriotas.

En este país no pocos ven con buenos ojos el cierre absoluto de nuestras fronteras en Ceuta y Melilla y las devoluciones “en caliente” para lograr que "no se nos cuelen más inmigrantes".

En este país muchos, muchísimos aplauden a la UE su vomitivo acuerdo con Turquía, que aceptó convertirse en el defensor de nuestras fronteras contra los refugiados, contra millones de personas iguales a nosotros que huyen del fuego y la destrucción.

Aquí, además, no pocos son partidarios de la intervención armada en Siria, ya que, aunque morirán cientos de miles de inocentes, lo harán también esos detestables “terroristas” del Estado Islámico y compañía. "Muerto el perro, se acabó la rabia".

Y así, una interminable lista.

El patriotismo y el orgullo nacional hace ya tiempo que causan más mal que bien a la humanidad. Por provocar y mantener guerras; por promover el odio entre culturas; por mantener a la población separada por fronteras; por crear en tantas personas una falsa sensación de superioridad respecto al resto...

¡Basta ya!

El país en el que vivimos no es mejor ni peor que el resto, no hay nada que demostrar a nadie.

La cultura que seguimos no es más ni menos correcta que ninguna, respetemos a todas las demás que sean respetuosas con los derechos humanos, y ante el resto abstengámonos de actuar con autoritarismo. Responder a la violencia con violencia sólo genera más violencia.

Nuestra opinión, por mucho que nos empeñemos, no es la correcta ni lo será jamás, pues apenas existen verdades absolutas. Abramos nuestra mente a la globalización, la convivencia pacífica entre culturas y el amor al prójimo.

En verdad, desearía poder vivir ese día en que la humanidad decida ponerle fin a este cuento de nunca acabar, antes de que se le acabe el tiempo para hacerlo.

Ese día en que comencemos a entender que nuestra única Patria es la Tierra, y que es ella a quien, entre todos, debemos proteger.

Espero que no la hayamos destruido para entonces.

BW.

4 comentarios:

  1. Ante todo la guerra solo es la expresión del poder de unos pocos, unos pocos que no tienen patria que no defienden países tan solo el poder y el dinero. Para ello crean falsos conflictos basados en la religión, la incultura, el hambre y la desesperación... Las guerras son inmensas mentiras, criminales, devastadoras, en este mundo nuestro, nada es verdad solo cambia según quién la cuente.

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    1. Concuerdo totalmente con lo que has dicho. De hecho, el borrador inicial del post también abordaba ese tema, pero decidí prescindir de esa parte para darle al escrito el enfoque concreto que tiene. Aunque no lo haga expresamente, en futuros escritos muy posiblemente tocaré esa idea. Gracias por leer.

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  2. ¿Cuento? Vaya cuento....
    Yo diría la historia de terror que nunca se acaba.
    Malo es no saber convivir, pero imposible es cuando hay quien se empeña en ponerlo más difícil aún.
    Antes era la supervivencia de muchos la que "justificaba" las guerras.
    Ahora es el ansia de poder, la avaricia de unos pocos, la religión manipulada y la ignorancia de todos la que impide la paz.
    Quienes no ven que la Tierra es de todos y no unos trozos de unos pocos.
    Los políticos borran fronteras y las ponen a su antojo según los recursos naturales de que se trate, para enriquecimiento de las minorías.
    La locura de media docena amedrenta al resto.
    Esos no son homo sapiens sapiens.
    Y la inmensa mayoría de nosotros borraríamos esas fronteras con unos recursos mundiales bien gestionados sencillamente porque no harían falta.

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    1. Concuerdo plenamente con ello, y te respondo lo mismo que al anterior lector: el borrador inicial del post también tenía un trasfondo político, pero en la edición decidí prescindir de él para enfocarme en el social. En futuros escritos, aunque no expresamente, tocaré esa idea. Gracias por leer.

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