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Hoy día estamos perdiendo valores muy preciados que generaciones anteriores venían cultivando. Ayudar a quien necesita ayuda es humano; y nosotros, al darles con la puerta en las narices a millones de personas que necesitan ayuda, no estamos actuando con humanidad.
La UE se niega a ayudar a los refugiados, y si ese hecho ya es sorprendente, sorprende aún más la insensibilidad con que la sociedad lo respalda. Parece que hemos encontrado alguna justificación para nuestra conducta, que evita que nos sintamos culpables.
¿Cómo hemos llegado a ser tan crueles?
ESTADO DE NECESIDAD
El Nuevo Orden Mundial se acerca. Y el conflicto sirio y sus
consecuencias son una clara evidencia.
Millones de personas que huyeron de Siria tras perderlo todo nos
están pidiendo ayuda para sobrevivir. Y en la Unión Europea les hemos dado
literalmente con la puerta en las narices. Sentimos mucho lo que les pasa, pero
aquí no pueden quedarse, que se vayan a otro sitio.
La UE se niega a ayudar y buena parte de la sociedad apoya esta
decisión. Demostramos haber perdido valores muy preciados que generaciones anteriores
venían cultivando. Pero si nos preguntamos cómo hemos llegado a ser tan
crueles, lo cierto es que hay una respuesta.
El apoyo social al inhumano trato que la UE está dando a los
refugiados es fruto del estado de necesidad - situación en la que se causa un
daño para evitar otro peor, con lo cual existe una “justificación” y por ello
no se asumen consecuencias – bajo el que la han sumido una serie de causas.
Esas causas son la falta de memoria histórica; el miedo
irracional; y una especie de “racismo” que se alimenta de la islamofobia y una
combinación entre penurias económicas y ciertos valores patrióticos. Entre
todas, nos han lavado el cerebro.
Expliquémoslo con detalle...
La primera causa se explica viendo que, sobre todo los
españoles, parece que no conocemos nuestra historia. O peor, la conocemos y no
le hacemos caso, en cuyo caso ya es hipocresía.
Vamos a ver. Aquí también ha habido guerras. Aquí la clase
obrera ha blandido espadas, apretado gatillos y disparado cañones para defender
intereses políticos, económicos y sociales que casi siempre le eran ajenos, y
ha muerto por ellos.
Las guerras generan pobreza. Y sin ir más lejos, durante y tras
la más reciente y cruel de ellas que ha bañado de sangre nuestras tierras,
millones de españoles han tenido que pedir ayuda más allá de nuestras
fronteras.
Y oíd: esa ayuda se les dio. Allá donde fueron, se les recibió
con los brazos abiertos. Eso es parte de nuestra historia, y el español
moderno, o no la conoce, o la conoce y le da igual. Triste, pero cierto.
La siguiente causa es muy preocupante: la sociedad europea tiene
miedo.
Es que, ¿cómo no va a tenerlo? ¿Cómo no va a tener miedo si cada
poco tiempo sufre un nuevo ataque de ISIS y compañía?
Si en esta situación nos encontramos con millones de personas
que vienen de los países donde más operan esas organizaciones, es lógico que
nos invada el miedo. Entre los refugiados podrían estar camuflados miembros de
ellas, buscando entrar en Europa a saber con qué malévolos propósitos.
Pero si conociésemos tres hechos, veríamos que no hay que tener
miedo.
Primero, si vemos cuáles son las mayores causas de muerte a
nivel mundial, comprobaremos que tenemos millones de posibilidades más de morir
de cáncer; de alzheimer; en un accidente; de un infarto; por intoxicación
etílica; y mil y una causas más, antes que ser víctimas de un atentado.
El miedo al terrorismo es irracional. Lo que pasa es que el
énfasis y el sensacionalismo que los medios de comunicación ponen al narrar
estos acontecimientos nos ciegan y no tenemos eso en cuenta.
Segundo, que nos equivocamos al estimar la cifra de
“terroristas” que podría haber entre los refugiados. Por cada “terrorista” al
que hipotéticamente le cerraríamos el paso, condenamos a miles de inocentes a
la miseria, el sufrimiento y la muerte. Pero claro, nuestro estado de
necesidad, bebiendo de este miedo irracional, hace que aquí el fin justifique
los medios.
Y tercero, que es inútil. Ellos están entre nosotros, viajan en
avión, en barco, en metro y en autobús. Tienen medios suficientes para ir
adonde y como les plazca. Y podrían matar mucho más. Pero no lo hacen. Porque
matar no es su fin. Lo que quieren es sembrar el pánico, y les viene de perlas
que nuestros medios de comunicación dramaticen tanto al narrar sus fechorías.
En cualquier caso, lo han conseguido: la sociedad europea vive
aterrorizada y pide seguridad a gritos, aún a costa de sus derechos – y peor
aún, de los ajenos -. Concebimos el “terrorismo” como un despiadado enemigo que
en cualquier momento podría venir a por nosotros. Y le tenemos pavor.
La última causa es un “racismo” muy raro, que bebe de varias
fuentes y que entrecomillo porque realmente no merece tal calificación.
Su primera fuente, la islamofobia, surge de una terrible y
generalizada confusión.
Europa sufre atentados cometidos por organizaciones que nacieron
y operan principalmente en Oriente Medio. Allí, la población es, esencialmente,
musulmana. Estas organizaciones buscan apoyo logístico en ciertas
interpretaciones del Corán, principal fuente de conocimiento del Islam. Y nada
permite distinguir a sus miembros del resto de musulmanes -la inmensísima
mayoría-, que no pertenecen a ellas y llevan una vida normal.
Y la sociedad europea, aterrorizada, viendo que quienes le piden
ayuda provienen de esos lares; sabiendo que casi todos ellos son devotos de la
religión islámica; y siendo incapaz de distinguir a musulmanes de
“terroristas”, lo que ha hecho es equiparar “musulmanes” con “terroristas”.
Para ella, cualquier musulmán es un terrorista en potencia. Y
por esa razón, no sólo se niega a socorrer a los refugiados, sino que también
mira por encima del hombro o trata con desprecio a todo musulmán que se
encuentre en su territorio.
Y su segunda fuente es una combinación letal entre las penurias
económicas actuales y ciertos valores patrióticos.
Hoy por hoy, económicamente, la UE no pasa por su mejor momento.
Las clases medias y bajas de muchos países, entre ellos España, están teniendo
problemas que hace una década no tenían, ni por asomo, en la misma magnitud ni
de forma tan generalizada.
Los españoles lo están pasando mal. Y ahora hablo de España
porque quisiera conectar sus penurias económicas con ciertos valores
patrióticos que guían la moral y los actos de buena parte de sus nacionales.
Los patriotas parten de que el mundo está dividido en Estados
para afirmar que cada uno de ellos debe velar por el bienestar de sus
nacionales antes que del resto de los ciudadanos. Pero parece ser que el Estado
español tiene serios problemas para hacerlo. Y ahora que nos encontramos con
millones de personas que también los tienen -y peores- pidiéndonos ayuda, el
español patriota se niega a dársela.
Para él, no es justo. Los españoles primero; del bienestar ajeno
tienen que ocuparse sus Estados de origen, no es culpa nuestra que no lo hagan.
Y además, ¿qué morro, no? O sea, mientras los españoles nos esforzamos para
salir adelante, van y llegan unos cuantos refugiados a los que, sin hacer nada,
¿se les va a dar alojamiento, manutención y atención sanitaria?
Así se ha creado este raro “racismo” al que hay que hacer frente
cuanto antes.
Yo lo haría cuestionando sus fuentes por separado.
Respecto a la islamofobia, y en relación con el miedo, es todo
cuestión de informarse. Hay que desmontar la confusión entre “musulmán” y
“terrorista”; hacer ver a la gente que éstos no son un puñado de psicópatas que
matan por matar; que el terrorismo no es objetivamente tan peligroso; y que no
hay que preocuparse tanto por la entrada de terroristas mezclados entre refugiados,
porque acceden a Europa por otros medios.
Sobre las penurias económicas, lo que hay que hacer es enfocar
el problema de otro modo. Si estuviésemos mejor económicamente, como nuestro
bienestar estaría más o menos garantizado, no deberíamos ver con malos ojos
ayudar a los refugiados, ya que ello no supondría “perjuicios” para nosotros.
El verdadero problema no son los extranjeros que necesitan ayuda; sino la falta
de medios para proporcionarla. Si aun así lo viésemos mal, el problema está en
los valores patrióticos.
Y sobre ellos, ya de forma más subjetiva, diría que si
concibiésemos a la humanidad como una sola, y al de los refugiados como un
drama humanitario, les ayudaríamos sin dudar, pues nada podría hacernos pensar
que una persona pudiese tener algún tipo de preferencia sobre otra según donde
se encuentre.
Ahora, saquemos conclusiones.
El estado de necesidad bajo el que nos hallamos hace que no nos
parezcan inmorales una serie de actitudes que, de estar en condiciones
normales, sí nos lo parecerían.
Todos estos problemas nos están sirviendo como justificación
para actuar de forma inmoral. Si no los tuviésemos encima, se nos caería a
todos la cara de vergüenza si nos encontrásemos ante nuestras fronteras con
millones de personas pidiéndonos ayuda y les cerrásemos la puerta en las
narices. Es pura empatía. Empatía que hemos perdido, y por eso digo que nos han
deshumanizado.
Y hay culpables: las élites. En sus oscuras pretensiones de
imposición del Nuevo Orden Mundial -un gobierno único a nivel mundial,
elitista, burocrático y plutócrata- se valen de todos los medios posibles para
manejarnos a sus anchas. Todo esto es parte de su estrategia, ya hablé de ello en otro
escrito.
Ellas controlan los medios de comunicación que tanto nos
atormentan; ellas crearon y financian a ISIS y compañía; ellas se encargan de
alimentar nuestros valores patrióticos para dividir a la humanidad; ellas
fomentan el odio entre culturas para que nos matemos entre nosotros y les
dejemos tranquilas; y en definitiva, ellas nos impusieron y mantienen en
nuestras mentes este miedo que nos aterroriza.
Damas y caballeros, esto debe cambiar. Recuperemos de una vez la
cordura, la empatía y el sentido común. La humanidad es solo una, y éste es un
drama humanitario al que, entre todos, debemos hacer frente.
BW.

Yo no sé si es cuestión de falta de medios, de pasotismo, de patriotismo, de insolidaridad, de miedo.....
ResponderEliminarPero mi avatar sigue recordando este drama a quien me lea.
Desgraciadamente en el futuro nos juzgarán a todos por igual.
Como asesinos.
Totalmente. A ver cómo les explicamos esto a nuestros hijos, y qué clase de cuentos les contamos a nuestros nietos...
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