5 nov 2017

UNIDOS EN LA LUCHA POR LA PAZ


Sinopsis
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Por desgracia, la vida está llena de hostilidades. Una existencia en plena armonía, donde nunca nos ocurra nada malo, es pura utopía.

Para que nuestra existencia sea al menos lo más armónica posible, necesitamos algo que nos ayude a luchar contra nuestros problemas. Y ese algo, es la Policía.

Nosotros la respetamos y la obedecemos, porque le hemos confiado nuestra seguridad, ya que su función es velar por ella, y ha de ser agradecida. Hasta ahí, todos de acuerdo.

Pero ocurre que entre la teoría y la práctica hay una gran diferencia. En la práctica, por nuestra culpa y la de los Gobiernos, la labor de la Policía está perjudicando a la sociedad. Sus funciones deben dar un gran cambio...

UNIDOS EN LA LUCHA POR LA PAZ

Por desgracia, la vida está llena de hostilidades. Una existencia en plena armonía, donde nunca nos ocurra nada malo, es pura utopía.

Para que nuestra existencia sea al menos lo más armónica posible, necesitamos algo que nos ayude a luchar contra nuestros problemas. Y ese algo, es la Policía.

Nosotros la respetamos y la obedecemos, porque le hemos confiado nuestra seguridad, ya que su función es velar por ella, y ha de ser agradecida. Hasta ahí, todos de acuerdo.

Pero ocurre que entre la teoría y la práctica hay una gran diferencia. En la práctica, por nuestra culpa y la de los Gobiernos, la labor de la Policía está perjudicando a la sociedad. Sus funciones deben dar un gran cambio.

Tanto la ciudadanía como los Gobiernos estamos encomendando a la Policía labores que no deben corresponderle.

En primer lugar, por nuestra parte, los ciudadanos delegamos en la Policía una tarea que en el fondo es nuestra: luchar contra el crimen.

Cometemos el error de partir de la base de que es imposible erradicarlo. Lo naturalizamos como uno más de esos problemas que la vida tiene. Creemos que erradicar el crimen es pura utopía de mentes enfermas. Y por lo tanto, si éste existe y siempre existirá, es la Policía quien debe combatirlo.

Y eso no es así. Si desde el principio pensamos que algo es imposible, pues imposible será. Nadie puede avanzar si se pone la zancadilla a sí mismo.

Pero cambiad un poco la perspectiva...

Imaginaos a una persona que vive en la marginalidad; que creció en un hogar desestructurado; que no tiene dinero; que no tiene trabajo o trabaja en condiciones inhumanas; que quizá tampoco tiene casa; que es rechazada por la sociedad...

Si esa persona delinque, hagámonos una pregunta:

¿Quién es el auténtico delincuente?

Ahí está la cuestión. Nosotros, como sociedad, podemos hacer mucho más. Aunque cueste creerlo, nuestro papel es clave en esta lucha. Prevenir el crimen, que es la mejor forma de combatirlo, está en nuestras manos.

No debemos dejarlo estar y encomendar sistemáticamente a la Policía el deber de luchar contra él; sino que debemos invertir mucho más esfuerzo, tiempo y recursos en prevenirlo.

Gran parte de los delitos se cometen por pura necesidad. Y contra ellos, podemos hacer mucho.

Hemos de exigir que de una vez se haga frente a la pobreza y a la desigualdad social. Exigir una igualdad real de oportunidades para toda la ciudadanía, para lograr que las personas que no tienen recursos puedan valerse por sí mismas y conseguir independencia económica, para que en un futuro puedan dejar de necesitar ayuda y comiencen a ser ellas quienes ayuden a los demás. A la gente que tiene problemas, que llega a tener que pedir o incluso delinquir para sobrevivir, como mínimo, debe dársele el primer empujoncito. Si estuviésemos en su lugar, también nos gustaría que hiciesen lo mismo por nosotros. Y casi nadie está libre de ello.

Debemos adquirir la costumbre de ayudar a quienes necesitan ayuda, y dejar de justificar nuestra pasividad bajo las consignas de que "hay gente que no quiere trabajar", que "quien busca, encuentra" o que "quien es pobre lo es porque quiere"; porque la realidad nos dice que quien no quiere trabajar suele ser porque no lo necesita, y que quien busca lo que encuentra son ofertas con condiciones cada vez más pésimas, hasta el punto de que hay gente que ni trabajando puede garantizar su propia supervivencia - y la de quienes dependen de ella, ya ni hablemos -.

Otra parte de los delitos tiene su origen en motivos sociales, como puede ser la intolerancia entre culturas, la extranjería, la marginalidad...

Como sociedad, tenemos que hacer una profunda reflexión y revisar nuestros valores. Reconocer que no somos unos santos, que a veces nos comportamos de forma inadecuada y que deberíamos reconducir muchos de nuestros pensamientos y actos. Porque aquí todos vamos de víctimas. Nosotros somos los buenos y el resto son los malos. Pero como todos pensamos lo mismo, ¿quién tiene razón? Nadie. Ni los buenos son tan buenos, ni los malos son tan malos.

Como ya expliqué en otro escrito, hemos de aprender a convivir en una sociedad mundial y multicultural, respetando todas aquellas culturas que sean respetuosas con los derechos humanos, y dejando de responder a la violencia con violencia, porque así se perpetúa ese círculo vicioso que debemos romper. Si no, ¿cómo y cuando llegará a reinar la paz?

En esta línea, los delitos cometidos por extranjeros también se deben en buena parte a que, de un modo u otro, se ven desprotegidos en un Estado que no es el suyo y no consiguen adaptarse. Y parte de la culpa de eso la tiene la propia sociedad de éste. La idea de levantar muros que dividan a la población mundial no es más que una materialización de nuestras barreras sociales. Son éstas las que deben escandalizarnos y las que debemos tirar; los muros caerán después por su propio peso.

Nosotros, que nos hacemos llamar sociedad avanzada, debemos dar los primeros pasos, para incentivar al resto a hacer lo propio. Una vez más, la pregunta no es "¿por qué he de hacerlo yo"; la pregunta es "¿por qué no?"

Así secaríamos las dos grandes fuentes de las que bebe el crimen: los problemas económicos y sociales. Lo prevendríamos. Y eso es más eficaz que disuadir o castigar al criminal por la vía represiva. Prevenir el crimen significa neutralizar sus causas. Eso tenemos que hacerlo nosotros, no puede hacerlo la Policía. Si lo hacemos, creedme que a medio y largo plazo veremos los resultados.

Pero claro, es más fácil cruzarse de brazos, dejarlo todo en manos de la Policía y alegrarse cada vez que meten a un delincuente en la cárcel, ¿verdad?

Y en segundo lugar, las instituciones gubernamentales también encomiendan a la Policía otra función que no debe corresponderle: silenciar la voz del ciudadano.

Una práctica habitual en los Estados, sobre todo en los más autoritarios, es ordenar a la Policía reprimir al ciudadano, por todo tipo de medios, desde el apaleamiento de manifestantes hasta la persecución de las ideas no afines a las del Gobierno de turno.

Creo que éste es el motivo principal por el que tantos llegamos a aborrecer a la Policía. Proteger y perpetuar los dogmas del Estado e imponerlos a la fuerza a la ciudadanía no debería ser una de sus funciones. Cuando los ciudadanos están disconformes y protestan, es que quizá hay algo que no se está haciendo bien. Y un Gobierno, ante esa situación, debe escucharles, no hacerles callar. Aunque pretenda justificarse bajo las consignas de "velar por la seguridad" o "proteger la democracia"lo cierto es que obligar a la Policía a reprimir a los ciudadanos consigue todo lo contrario: crea inseguridad, además de ser a todas luces antidemocrático y chocar de frente contra los Derechos Humanos.

De este modo la Policía, como institución, es cómplice del Gobierno. Y los ciudadanos no somos libres de expresar nuestras ideas. Porque quien discrepe más de la cuenta con las ideas y valores del Gobierno de turno está condenado a sufrir represalias.

La Policía no debe tener esa labor. Debemos exigir al Gobierno que deje de utilizarla para proteger y perpetuar sus dogmas.

A estas alturas, podríamos llegar a preguntarnos...

¿Debe existir la Policía?

Sí. Con todo, la Policía sí es necesaria, sí debe existir; pero con una función distinta. Su única y legítima función debe ser socorrer a los ciudadanos en todo problema que tengamos. Y en la práctica, no está siendo así.

Erradicar el crimen es tarea nuestra. A medio plazo, la función de lucha contra él que le hemos encomendado a la Policía debe reducirse. Y a largo plazo, el día en que incluso la delincuencia profesional deje de tener sentido, desaparecer.

Del mismo modo, a medio plazo, la función de la Policía de reprimir al ciudadano debe reducirse a lo mínimo imprescindible, actuando con proporcionalidad y sólo cuando alguien empiece a causar daños. Y a largo plazo, esa función también debe desaparecer.

Lo que nosotros no podemos evitar son aquellos problemas que nos surjan sin ser por voluntad de nadie, sino por descuidos, imprudencias o meras casualidades. Ahí es cuando sí debe intervenir la Policía.

Si os fijáis un poco, los ciudadanos sólo aplaudimos con unanimidad a la Policía cuando nos socorre en situaciones de peligro. Un niño que se ha perdido; una mujer que se está ahogando; un hombre que está a punto de caer de un balcón; un perro maltratado; una familia que se ha quedado atrapada en una casa en llamas...

Aplaudimos a los agentes cuando muestran su lado humano y, de verdad, ayudan a los demás. Cuando demuestran ser hombres y mujeres con preparación física y mental, al servicio del ciudadano, dispuestos a socorrerle cuando tenga problemas. Esa sí es su misión.

La Policía debe socorrer al pueblo ante los problemas de la vida; y el pueblo debe socorrerse a sí mismo ante sus propios problemas. Podemos ser aliados.

Si todos hacemos bien nuestro papel, venceremos en la lucha por la paz.

BW.

2 comentarios:

  1. Pues imposible darte la razón en todo.
    Olvidas que todos tenemos debilidades, no somos perfectos.
    Olvidas las pasiones humanas, sus bajezas, sus egoísmos, sus vanidades, sus ambiciones, sus vilezas, sus lujurias....en definitiva: Sus egos.
    Tu propuesta de mundo donde todos se comprometen a hacerlo mejor es sencillamente imposible porque unas personas estarían dispuestas, pero muchas otras no.
    Te puedo dar la razón en el hecho de que la educación contribuye transmitiendo valores, pero inevitablemente serán distintos en cada casa.
    Y también te doy la razón en que no se puede utilizar a la policía para silenciar la voz del pueblo, simplemente porque el pueblo no debería ser silenciado en ningún caso.
    Nobles ideas, como siempre. 😍

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    1. No olvido nuestras debilidades, pasiones, bajezas, egoísmos... sino que creo que a pesar de tenerlos, lo que en consecuencia ocurra puede variar según cómo los gestionemos. Y a su vez, nuestra forma de gestionar nuestros “egos”, englobando todo lo anterior, puede variar según las circunstancias en que nos encontremos – personales, sociales, económicas... -, y desde ellas ha de empezarse a trabajar por ese mundo mejor.

      La propuesta cumple una doble función: transmitir la existencia del problema y sembrar conciencia sobre el problema. Coincido en que -hoy- es sencillamente imposible; pero eso no significa que vaya a serlo siempre. Es un cambio progresivo.

      Y respecto a los valores, con seguridad serán distintos en cada casa; pero – y ahí es donde la educación ha de trabajar – deben poder coexistir.

      A propósito, en mis escritos ocurre algo de lo que ya te habrás dado cuenta: se combinan. Cada uno es parte de una filosofía única -la mía-, y apoya es apoyado por otros.

      Leyéndote, me doy cuenta de que para respaldar éste y hacerlo más comprensible, quizá habría sido preciso haber publicado antes otro que de momento sólo es un proyecto, y aborda el problema de que no seamos capaces de gestionar nuestros propios conflictos, con lo cual, puedo comprender que de la lectura de esta publicación queden cuestiones relacionadas en el aire. Confío en que, poco a poco, pueda ir hilvanando e integrándola mejor en el bordado de mi filosofía.

      Gracias por esta crítica constructiva.

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