Sinopsis -
¿Crea el ser humano el ideal de la justicia al crear sus leyes, o se inspira para hacerlo en un ideal de justicia preexistente? ¿Cómo puede ser que una ley que ha establecido un derecho haya creado también la forma de vulnerarlo?
¿Es siempre la ley un mecanismo destinado a fracasar? ¿Es el poder lo que corrompe a las personas, o son éstas ya corruptas antes de alcanzarlo?
¿Es posible para el ser humano crear un derecho que le haga sentir?
UN HOGAR PARA LA MUJER CIEGA
Parte 3 – Secundum-naturam
Secundum-naturam – dícese de aquella realidad que ha sido creada de forma artificial en base o a partir de la que tiene la consideración de “natural”, creándose, tras el contacto entre ambas, una nueva realidad en que lo natural y lo artificial se entienden y complementan. (Definición propia)
Como reflexión final, teniendo en cuenta el momento en que nos encontramos, creo que hemos llegado a un punto en que el ser humano, con sus acciones, ha llegado incluso a superar a la propia naturaleza, siendo cierto que ésta le ha dado la capacidad para hacerlo.
Es decir, el ser humano está llegando a ser capaz no sólo de discernir formas y formas, adecuadas o no, de salvaguardar y materializar el derecho natural; sino también, de desarrollar su contenido hasta extremos en que antes no existían.
Así es, hemos llegado a tener tal capacidad de decisión, un grado de intelecto tan grande, que somos capaces de crear Justicia por nosotros mismos, desarrollando al derecho natural, y no siendo ello anti-natura, ni siquiera contra-natura; sino secundum-naturam.
Ha nacido una especie de iusnaturalismo fáctico en que el ser humano se ha valido de su potencial para superar a la naturaleza, para mejorar la realidad que ésta ha dispuesto para él, reforzándola en lo que considera positivo y complementándola con sus propios actos, haciendo frente a problemas que él mismo creó y que ésta no había previsto.
Podemos afirmar que este derecho artificial puede convivir en armonía con el derecho natural, porque, como éste, también impacta en nuestro lado emocional, también podemos sentirlo.
Ver para creer. Hemos conseguido crear un Derecho que nos hace “sentir”, que conecta con nuestras emociones de la misma forma en que lo hace el derecho natural, y se conecta con él para reforzarlo.
Dos ejemplos: el feminismo y el activismo ambiental.
Estas corrientes de pensamiento – y a la vez, sentimiento – han nacido para adaptar el derecho natural a situaciones que éste no había previsto, situaciones que en ocasiones son resultado de sucesos fortuitos, y en otras, de la actuación del propio ser humano, y que lo ponen en peligro.
El feminismo
El feminismo, del quisiera poder hablar con detenimiento en publicaciones venideras, pero no puedo garantizarlo, porque no sé qué más conocimiento podría aportar yo a la causa, se conecta con el derecho natural, en la medida en que consiste en una corriente de pensar y sentir que ha nacido para protegerlo de una amenaza, el machismo o “patriarcado”, que ha sido creada a partir de un conjunto sistemático de actuaciones del ser humano, que no sólo han transgredido, per sé, cada una de ellas, el derecho natural; sino que han hilvanado un modelo de pensamiento socialmente aceptado e institucionalizado que lo vulnera continuadamente.
Podemos comprobar la veracidad de esta hipótesis con el mismo mecanismo que expliqué en la primera parte del ensayo, ejemplificado en la contraposición del derecho a una vivienda digna con el derecho de propiedad.
Cada manifestación de la conciencia feminista, cuya pretensión no es otra que velar por la igualdad real entre hombres y mujeres, debiendo enfrentarse al poderoso mecanismo que la transgrede, halla su origen no tanto en la actividad racional del ser humano, en la decisión consciente y deliberada de que ciertos actos sean, por así decirlo, “incorrectos”; sino, por el contrario, en sus emociones. Están dotadas de una fortísima motivación emocional, de la que cabe afirmar, sin temor a equivocarse, que irradia del derecho natural.
Así, es posible sostener que el conjunto de valores y máximas ético-jurídicas que se desprenden del derecho natural parecen velar por una igualdad “real” entre hombres y mujeres. Esa igualdad es un “bien” que “duele” cuando se siente transgredido, y que alienta a quien lucha para defenderlo.
El feminismo es, por tanto, el ejemplo perfectamente ilustrado de una suerte de “derecho” – en cuanto corriente de pensamiento con trascendencia ética y moral – creado por el ser humano a partir del ejercicio de su actividad cognitiva, pero inspirado y motivado por el ideal previo de “justicia” al que no debe quizá su nacimiento, pero sí su razón de ser.
Nace, pues, en respuesta a una amenaza artificial, derivada de la actividad humana, contra-natura desde un principio, que debido a su arraigo generacional se halla sistematizada, hasta el punto en que gran parte de la sociedad, por inconsciencia, le atribuye, además de la etiqueta de “normalidad” – lo cual es indiscutible – la peligrosa etiqueta de “naturalidad”, obviando cualquier incidencia humana en su origen y permanencia, aceptándola e incluyéndola en el statu quo sin ningún otro reparo.
De esta forma, es lógico que quienes simpaticemos con el feminismo acusemos a quienes no lo hagan, o no lo hagan lo suficiente, de no tener “empatía”, pues la capacidad de empatizar, como facultad para comprender las emociones de otras personas, está vinculada a poder sentir y comprender las nuestras.
Con lo cual, alguien que bloquee o ningunee sus propias emociones jamás será feminista o nunca lo será lo suficiente.
En la realidad social, respecto a los hombres, la influencia del machismo en este sentido es de lo más obvio. Os transcribo un pequeño texto que lo explica por mí:
“Al hombre se le ha enseñado a controlarse y contenerse, a no expresar valores negativos (ternura, compasión, cariño, amor, melancolía, fragilidad, etc.), lo que de algún modo les ha separado de sí mismos. Los hombres viriles tienen que demostrar continuamente una parte de sí mismos (que son valientes, independientes, fuertes y violentos) pero se les ha impedido demostrar o desarrollar la otra parte (la de los afectos, la sensibilidad, la dulzura, la empatía).” Coral Herrera Gómez, en “Más allá de las etiquetas” (2010).
Y respecto a las mujeres, de entre aquellas que no son lo suficientemente feministas, algunas también lo padecen en un sentido similar, al pretender mostrarse como “fuertes” aunque también sufran el machismo en su propia persona – sean conscientes o no –; siendo la mayor prueba de ello que esa “fortaleza” que esgrimen no tiene mayor motivación que la búsqueda de un “respeto” que, sin darse cuenta, tácitamente asumen que quizá de otra forma no tendrían, y que, por desgracia, quizá ni aun así llegarán a tener, por el simple hecho de ser mujeres en una sociedad machista y patriarcal.
El activismo ambiental
El activismo ambiental ejemplifica la lucha del ser humano en defensa de un derecho que él mismo creó, un derecho racional, el de disfrutar de unas condiciones ambientales adecuadas para una vida saludable; siendo a la vez un “derecho” que nació para hacer frente a una amenaza también artificial, que el derecho natural no había previsto, como es la destrucción del medio ambiente, que en mayor o menor medida se debe a la actividad del ser humano.
Ésta es una manifestación de la capacidad de la humanidad para autodestruirse, en la medida en que, si bien al comienzo lo hizo de forma inconsciente, ajeno al impacto que sus actos provocaban en el planeta que le da sustento, ahora continúa de forma deliberada, cuanto menos siendo consciente de él, e incluso obviándolo; y todo ello – y aquí está la clave – sin sentir “culpa”.
La “culpa” es la cuestión principal, pues es lo que diferencia a quienes velan por la preservación del medio ambiente de aquellos que no lo hacen, ya que los segundos obvian que la amenaza existe y/o que en parte es por su “culpa”; y los primeros sí sienten esa “culpa”. en la medida en que se atribuyen, como especie, una parte de responsabilidad de esta amenaza que les resulta innegable.
Tal amenaza, por supuesto, no había sido prevista por el derecho natural, y la explicación de la vinculación de éste con aquellas conductas que buscan combatirla puede encontrarse en la hipótesis de que las máximas de Justicia intrínsecas a la naturaleza humana también parecen ser conscientes, como he explicado, de que el impacto de nuestras actuaciones afecta al resto de nuestros coetáneos y a las generaciones venideras, de forma que, del mismo modo que cualquier actuación tendente a mejorar la realidad presente y futura es aplaudida también desde nuestro lado emocional, cualquier actuación tendente a menoscabarla parece ser rechazada por la misma, siendo la consciencia de su existencia y el grado de responsabilidad humana en ellas, los factores que marcan la diferencia.
De esta forma, más allá del mero instinto de supervivencia, en aquellas personas que son conscientes de la amenaza y del grado de responsabilidad que el actuar humano tiene en la misma, las máximas del derecho natural se materializan en su lado emocional, guía e inspiración de su raciocinio, para dotarles de plena disposición para combatir la problemática; lo cual no hace, sino confirmar, la hipótesis mantenida durante toda esta obra.
En conclusión…
Expuesta esta última parte de la teoría y analizados también estos dos ejemplos prácticos, sólo podemos concluir que es de admirar, aparte de temer, el potencial del ser humano para condicionar su propia existencia: de la misma forma que ha demostrado ser capaz de autodestruirse, demuestra que puede ser capaz de autosanarse y de prosperar.
Ahora, este ensayo merece llegar a su fin con alguna de esas frases con fuerza que tan bien quedaron al cierre de tantas de mis obras.
He escogido ésta, que es perfecto reflejo de todo su contenido, y que bien podría haber incluido en el prólogo como advertencia:
“Si no lo sientes, no
lo vas a entender”
BW.
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Está última parte la entiendo mejor. Como consecuencia de una necesidad surge un derecho. No es natural, intrínseco al ser humano, pero permite a quienes lo sienten acogerse a él. Y hay muchos... Y siempre encontrados. Y surgen salvadores de derechos contrapuestos... Esta parte la he entendido perfectamente. Y me gusta mucho...😄😄
ResponderEliminarExactamente. No es "natural", pero comulga con él, y a él debe su razón de ser: la salvaguarda de éste. Así, el ser humano demuestra su potencial para superar a la propia naturaleza. Dispone de él, tanto para hacer el "bien" como el "mal" cualquiera que sea la óptica desde la que se mire.
Eliminar¿Qué es el "bien" y qué es el "mal"? Siendo imposible hacer listas detalladas, este ensayo pretende, entre otras muchas cosas, plantear una guía sobre cómo clasificar, interpretar, asimilar, etc., infinidad de acontecimientos que nos asolan y habrán de asolar a lo largo de la vida.
Que cada quién "sienta" sus propias conclusiones.
Muchas gracias!!