7 oct 2017

¡GOOOL!


Sinopsis
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A lo largo de la historia, la estrategia “panem et circenses” les ha funcionado a la perfección a los gobiernos para mantener tranquila y sumisa a la población, evitando así que ésta se rebelase contra las injusticias y exigiese un mejor nivel de vida.

Pero cuando el panem llega incluso a estar en entredicho, ¿cómo puede ser que basten los circenses para mantenernos anestesiados?

Quizá es porque aquello que en su día era mero entretenimiento, ahora se ha convertido en algo esencial para nosotros, más importante que la vida política.

Y quizá eso no haya ocurrido por casualidad...

¡GOOOL!

Los humanos tenemos un potencial enorme. Si tenemos algo en lo que creer; algo por lo que luchar; una razón para vivir, no hay quien nos pare. Haremos lo que sea. Y lo sabemos.

Pero también, como sociedad, somos un poquito vagos. Es necesario un gran motivo para que nos levantemos del sofá y nos pongamos manos a la obra. Y eso también lo sabemos.

Lo malo es que hay otras personas que lo saben, y que llevan mucho tiempo jugando ello a su antojo. Y esas personas son los peores enemigos de la humanidad: las élites políticas y financieras.

Ellas saben también que son las únicas a quienes el sistema capitalista beneficia, mientras empeora o impide que mejore el nivel de vida de la población. Es obvio que si todos – y no sólo unos pocos disidentes – pensásemos esto, tendríamos un motivo más que suficiente para protestar y exigir cambios.

Por eso, tienen que hacer frente a ese problema. Tienen que defender el sistema. Y para ello tienen armas muy poderosas. El cepo chino es una de ellas. Otra, es la “canalización del espíritu crítico”.

La canalización del espíritu crítico es una estrategia muy inteligente por su parte cuya finalidad es, primero, evitar que las pongamos en nuestro punto de mira y descarguemos contra ellas nuestro espíritu crítico - cuando eso sería lo normal -; y segundo, hacer que lo volquemos sobre temáticas y cuestiones objetivamente irrelevantes, de forma que tengamos el espíritu crítico ocupado pero no busquemos mejorar nuestras condiciones de vida.

El título del texto tiene una razón de ser. Y es que, además del corazón y los reality shows, entre otras, el fútbol es una de esas temáticas. Es el sistema de canalización del espíritu crítico por excelencia. Si Marx levantase cabeza, vería que la Iglesia - el opio del pueblo, en sus propias palabras - tiene un nuevo compañero.

Qué bonito es, ¿no? Apoyar a tu equipo preferido y a la selección de tu país, tu selección, y animarles; gritar; celebrar sus éxitos; sufrir sus fracasos; saltar de alegría o llorar de tristeza con el pitido final... ¿Cómo puede ser esto tan malo?

Vamos a ver. Per sé, no supone ningún problema, no hay nada de malo en tener aficiones. El problema llega cuando cruzamos la línea y nuestras aficiones se convierten en algo de vital importancia, casi en nuestra razón para vivir. Cuando quienes visten la camiseta de la selección nacional o de nuestro equipo favorito son quienes pueden darnos nuestras mayores alegrías; cuando el juego sucio del equipo rival o una polémica decisión del árbitro son lo que más puede desatar nuestra ira; y cuando todo ello ocupa horas y horas de conversación con nuestros iguales, en casa, en la calle y en el bar.

Es un problema porque nuestro día sólo tiene 24 horas. Y nuestras energías, al fin y al cabo, son limitadas. Por ello, en el “libre” ejercicio de nuestro raciocinio, debemos elegir en qué invertirlas y en cuánta medida. Y en la actualidad, mientras nos desvivimos con el fútbol, dejamos de interesarnos por otros asuntos. Asuntos que afectan más a nuestra vida.

- “Bah, eres un aburrido, un aguafiestas, no merece la pena vivir así. ¡Disfruta de la vida!”

Cuando intento explicar esto a mis conocidos, ésta una respuesta frecuente. Y claro, hoy día, cuando la palabra “demagogia” sale a relucir con tanta facilidad, quien quiera hablar de política tiene que fundamentar cuanto más mejor sus opiniones si pretende que los demás le hagan algo de caso.

Vamos a ello, pues.

En un panorama tan sobrecargado de información, hace tiempo que hemos dejado de ser libres de tomar muchas de nuestras decisiones; las élites las toman por nosotros. Y lo hacen jugando con la información que recibimos.

Nuestras mayores fuentes de información son los medios de comunicación – televisión; radio; prensa... -, que hace mucho que han dejado de lado a los libros; los debates; la filosofía; la reflexión y el pensamiento propio. Pero ocurre que los medios de comunicación no son objetivos ni imparciales; y mucho menos, libres. Y es así por una sencilla razón: porque están en manos de alguien. Alguien controla los medios de comunicación, en este país y en el mundo entero. Y ese alguien, son las élites.

El mundo es una cueva oscura, y los medios de comunicación, antorcha en mano, encabezan nuestra expedición. Si tú eres el primero que ve cómo es la cueva y a la vez quien tiene que mostrársela al resto, puedes guiar al grupo hacia donde quieras. Si señalas un camino y dices que hay un tesoro, allá irán todos; si dices que hay monstruos, de allí huirán todos. Pero sólo tú sabes lo que realmente había. (Versión propia, simplificada y adaptada al contexto del conocido “mito de la caverna” de Platón)

Quien controle los medios de comunicación puede decidir de qué se informa; de qué no se informa; en qué información se debe enfatizar; en qué sentido irá ese énfasis; y qué información debe ser tratada como superficial y pasajera. Manejando con habilidad la información que transmites al ciudadano, puedes manipularle. El ciudadano se interesará en lo que tú quieras que se interese.

¿Veis? No fuimos nosotros quienes convertimos al fútbol en una de nuestras mayores aficiones, en algo de máxima importancia, algo de lo que hablar sin parar y algo que “vivir”; sino que las élites quisieron que esto fuese así. Han hecho que nos desvivamos por un simple deporte, que descarguemos allí nuestro espíritu crítico mientras dejamos de interesarnos por otras cuestiones que nos afectan más, y que a ellas les beneficia que no nos tomemos tan a pecho.

¿Cómo se hace eso? Fácil. Le dedicas al fútbol tanto tiempo como a la mitad del telediario; creas periódicos y cadenas de radio para hablar de fútbol y poco más; creas programas de televisión específicos para hablar de sus polémicas; polarizas a los seguidores de unos y otros equipos; te ayudas de los valores patrióticos - que ya has exaltado previamente - para polarizar también a la población según su nacionalidad; y un largo, largo, etcétera. Así, aumentas la frecuencia y el énfasis de la información sobre fútbol que la sociedad va a recibir, y como resultado tienes a millones y millones de personas discutiendo sobre fútbol mientras tú haces del mundo lo que te venga en gana. Y ya si lo mercantilizas todo le pones la guinda al pastel.

A lo largo de la historia, la estrategia “panem et circenses” les ha funcionado a la perfección a los gobiernos para mantener tranquila y sumisa a la población y evitar que ésta se rebelase contra las injusticias. Pero cuando el panem llega incluso a estar en entredicho, ¿cómo puede ser que basten los circenses para mantenernos anestesiados? Pues porque aquello que en su día era mero entretenimiento, ahora es una parte esencial en nuestra vida, algo más importante que la vida política.

En España, es evidente. Si aquí en un mismo día se aprueba una ley restrictiva de derechos básicos y se celebra un partido de Liga entre los dos equipos más populares del país, todos sabemos de qué se hablará más.

- “Recorten en sanidad, educación y pensiones, endeuden al país, pónganle impuestos al Sol, abaraten el despido, desáhuciennos, miéntannos a la cara diciendo que todo va bien y amordácennos si quieren para que no nos quejemos; pero como nos toquen el fútbol aquí ruedan cabezas.” Ese es el mensaje que estamos dando.

Hay países donde es más evidente aún. Un amigo mío, de origen sudamericano, me explicó que en su país el fútbol es lo más bonito, lo más importante, la mejor manera de mostrar al mundo la grandeza de su nación. Al respecto, a título personal, no tengo nada que decir. Pero visto lo visto, si aquí este sistema de canalización del espíritu crítico funciona bien, allí ya no me lo quiero ni imaginar.

Curiosamente, allí, el nivel de vida es más o mucho más bajo que en cualquier país europeo. Sería un gran error decir que entre el éxito del fútbol como sistema de canalización del espíritu crítico y el bajo nivel de vida hay una relación causa-efecto, pero desde luego tiene parte de responsabilidad, ya que distrae a la población y mitiga sus ganas de protestar.

En realidad, creo que se nota en todo el mundo. Por doquier, niños y mayores tienen como héroes y ejemplos a seguir a sus deportistas favoritos. Por haber ganado títulos de gran prestigio y por haber defendido con tesón y valentía la bandera nacional en un mundial o en unos juegos olímpicos. Y también, el deporte se ha convertido en una forma – al menos pacífica - de poder gritarle al mundo que tu país es "mejor" que el resto. Disfrutando como propios los éxitos ajenos, los patriotas están contentos.

- “¡Qué asco de país! Crisis, paro... ¡Qué m* de vid... ¡GOOOL! ¡GOL DE ESPAÑA! YO SOY ESPAÑOL, ESPAÑOL, ESPAÑOL... (Cómico e ilustrativo comentario que he encontrado por ahí.)

Ese profundo sentimiento que desarrollamos hacia un equipo de fútbol o la selección nacional; esos colores por los que moriríamos; esos valores y esa filosofía de equipo que tanto nos gustan y esas ganas de aleccionar a los demás con ellos... Nada lo hemos decidido nosotros. Las élites lo hicieron en nuestro lugar.

Así estamos, damas y caballeros. Atontados frente el televisor, discutiendo e incluso agrediéndonos entre nosotros; mientras las élites continúan campando a sus anchas, oprimiéndonos cada vez más, y haciéndonos creer que lo nuestro es vida.

Los goles, los verdaderos goles, nos los están metiendo a nosotros.

Y por la escuadra.

BW.

7 comentarios:

  1. Has elevado al grado de excelencia argumentativa lo que yo, con mi mas modesto vocabulario, llevo diciendo toda mi vida.
    Superior nivel, orgulloso estoy.

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    1. Sí, es obvio que uno también aprende de lo que vive en casa. Me honras. Muchas gracias, papá!

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  2. Realmente a todos nos gusta leer algo que expone nuestros propios pensamientos.
    Tú lo has explicado y razonado mejor que yo misma.
    Excelente publicación.
    Me ha encantado esa última frase....

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  3. No se puede decir mas claro.
    Me encanta lo que escribes y sobre todo lo que trasmites.

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  4. No se puede decir mas claro.
    Me encanta lo que escribes y sobre todo lo que trasmites.

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