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A lo largo de la historia, la estrategia “panem et circenses” les ha funcionado a la perfección a los gobiernos para mantener tranquila y sumisa a la población, evitando así que ésta se rebelase contra las injusticias y exigiese un mejor nivel de vida.
Pero cuando el panem llega incluso a estar en entredicho, ¿cómo puede ser que basten los circenses para mantenernos anestesiados?
Quizá es porque aquello que en su día era mero entretenimiento, ahora se ha convertido en algo esencial para nosotros, más importante que la vida política.
Y quizá eso no haya ocurrido por casualidad...
¡GOOOL!
Los
humanos tenemos un potencial enorme. Si tenemos algo en lo que creer;
algo por lo que luchar; una razón para vivir, no hay quien nos pare.
Haremos lo que sea. Y lo sabemos.
Pero
también, como sociedad, somos un poquito vagos. Es necesario un gran
motivo para que nos levantemos del sofá y nos pongamos manos a la
obra. Y eso también lo sabemos.
Lo
malo es que hay otras personas que lo saben, y que llevan mucho
tiempo jugando ello a su antojo. Y esas personas son los peores
enemigos de la humanidad: las élites políticas y financieras.
Ellas
saben también que son las únicas a quienes el sistema capitalista
beneficia, mientras empeora o impide que mejore el nivel de vida de
la población. Es obvio que si todos – y no sólo unos pocos
disidentes – pensásemos esto, tendríamos un motivo más que
suficiente para protestar y exigir cambios.
Por
eso, tienen que hacer frente a ese problema. Tienen que defender el
sistema. Y para ello tienen armas muy poderosas. El
cepo chino es una de ellas. Otra, es la “canalización del
espíritu crítico”.
La
canalización del espíritu crítico es una estrategia muy
inteligente por su parte cuya finalidad es, primero, evitar que las
pongamos en nuestro punto de mira y descarguemos contra ellas nuestro
espíritu crítico - cuando eso sería lo normal -; y segundo, hacer
que lo volquemos sobre temáticas y cuestiones objetivamente
irrelevantes, de forma que tengamos el espíritu crítico ocupado
pero no busquemos mejorar nuestras condiciones de vida.
El
título del texto tiene una razón de ser. Y es que, además del
corazón y los reality shows,
entre otras, el fútbol es una de esas temáticas. Es el sistema de
canalización del espíritu crítico por excelencia. Si Marx
levantase cabeza, vería que la Iglesia - el opio del pueblo,
en sus propias palabras - tiene un nuevo compañero.
Qué
bonito es, ¿no? Apoyar a tu equipo preferido y a la selección de tu
país, tu selección, y animarles; gritar; celebrar sus éxitos;
sufrir sus fracasos; saltar de alegría o llorar de tristeza con el
pitido final... ¿Cómo puede ser esto tan malo?
Vamos
a ver. Per sé, no supone ningún problema, no hay nada de
malo en tener aficiones. El problema llega cuando cruzamos la línea
y nuestras aficiones se convierten en algo de vital importancia, casi
en nuestra razón para vivir. Cuando quienes visten la camiseta de la
selección nacional o de nuestro equipo favorito son quienes pueden
darnos nuestras mayores alegrías; cuando el juego sucio del equipo
rival o una polémica decisión del árbitro son lo que más puede
desatar nuestra ira; y cuando todo ello ocupa horas y horas de
conversación con nuestros iguales, en casa, en la calle y en el bar.
Es
un problema porque nuestro día sólo tiene 24 horas. Y nuestras
energías, al fin y al cabo, son limitadas. Por ello, en el “libre”
ejercicio de nuestro raciocinio, debemos elegir en qué invertirlas y
en cuánta medida. Y en la actualidad, mientras nos desvivimos con el
fútbol, dejamos de interesarnos por otros asuntos. Asuntos que
afectan más a nuestra vida.
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“Bah, eres un aburrido, un aguafiestas, no merece la pena vivir
así. ¡Disfruta de la vida!”
Cuando
intento explicar esto a mis conocidos, ésta una respuesta frecuente.
Y claro, hoy día, cuando la palabra “demagogia” sale
a relucir con tanta facilidad, quien quiera hablar de política
tiene que fundamentar cuanto más mejor sus opiniones si pretende que
los demás le hagan algo de caso.
Vamos
a ello, pues.
En
un panorama tan sobrecargado de información, hace tiempo que hemos
dejado de ser libres de tomar muchas de nuestras decisiones; las
élites las toman por nosotros. Y lo hacen jugando con la información
que recibimos.
Nuestras
mayores fuentes de información son los medios de comunicación –
televisión; radio; prensa... -, que hace mucho que han dejado de
lado a los libros; los debates; la filosofía; la reflexión y el
pensamiento propio. Pero ocurre que los medios de comunicación no
son objetivos ni imparciales; y mucho menos, libres. Y es así por
una sencilla razón: porque están en manos de alguien. Alguien
controla los medios de comunicación, en este país y en el mundo
entero. Y ese alguien, son las élites.
El
mundo es una cueva oscura, y los medios de comunicación, antorcha en
mano, encabezan nuestra expedición. Si tú eres el primero que ve
cómo es la cueva y a la vez quien tiene que mostrársela al resto,
puedes guiar al grupo hacia donde quieras. Si señalas un camino y
dices que hay un tesoro, allá irán todos; si dices que hay
monstruos, de allí huirán todos. Pero sólo tú sabes lo que
realmente había. (Versión propia, simplificada y adaptada al
contexto del conocido “mito de la caverna” de Platón)
Quien
controle los medios de comunicación puede decidir de qué se
informa; de qué no se informa; en qué información se debe
enfatizar; en qué sentido irá ese énfasis; y qué información
debe ser tratada como superficial y pasajera. Manejando con habilidad
la información que transmites al ciudadano, puedes manipularle. El
ciudadano se interesará en lo que tú quieras que se interese.
¿Veis?
No fuimos nosotros quienes convertimos al fútbol en una de nuestras
mayores aficiones, en algo de máxima importancia, algo de lo que
hablar sin parar y algo que “vivir”; sino que las élites
quisieron que esto fuese así. Han hecho que nos desvivamos por un
simple deporte, que descarguemos allí nuestro espíritu crítico
mientras dejamos de interesarnos por otras cuestiones que nos afectan
más, y que a ellas les beneficia que no nos tomemos tan a pecho.
¿Cómo
se hace eso? Fácil. Le dedicas al fútbol tanto tiempo como a la
mitad del telediario; creas periódicos y cadenas de radio para
hablar de fútbol y poco más; creas programas de televisión
específicos para hablar de sus polémicas; polarizas a los
seguidores de unos y otros equipos; te ayudas de los valores
patrióticos - que ya has exaltado previamente - para polarizar
también a la población según su nacionalidad; y un largo, largo,
etcétera. Así, aumentas la frecuencia y el énfasis de la
información sobre fútbol que la sociedad va a recibir, y como
resultado tienes a millones y millones de personas discutiendo sobre
fútbol mientras tú haces del mundo lo que te venga en gana. Y ya si
lo mercantilizas todo le pones la guinda al pastel.
A
lo largo de la historia, la estrategia “panem
et circenses” les
ha funcionado a la perfección a los gobiernos para mantener
tranquila y sumisa a la población y evitar que ésta se rebelase
contra las injusticias. Pero cuando el panem
llega
incluso a estar en entredicho, ¿cómo puede ser que basten los
circenses
para mantenernos anestesiados? Pues porque aquello que en su día era
mero entretenimiento, ahora es una parte esencial en nuestra vida,
algo más importante que la vida política.
En
España, es evidente. Si aquí en un mismo día se aprueba una ley
restrictiva de derechos básicos y se celebra un partido de Liga
entre los dos equipos más populares del país, todos sabemos de qué
se hablará más.
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“Recorten en sanidad, educación y pensiones, endeuden al país,
pónganle impuestos al Sol, abaraten el despido, desáhuciennos,
miéntannos a la cara diciendo que todo va bien y amordácennos si
quieren para que no nos quejemos; pero como nos toquen el fútbol
aquí ruedan cabezas.” Ese es el mensaje que estamos dando.
Hay
países donde es más evidente aún. Un amigo mío, de origen
sudamericano, me explicó que en su país el fútbol es lo más
bonito, lo más importante, la mejor manera de mostrar al
mundo la grandeza de su nación. Al respecto, a título personal, no
tengo nada que decir. Pero visto lo visto, si aquí este sistema de
canalización del espíritu crítico funciona bien, allí ya no me lo
quiero ni imaginar.
Curiosamente,
allí, el nivel de vida es más o mucho más bajo que en cualquier
país europeo. Sería un gran error decir que entre el éxito del
fútbol como sistema de canalización del espíritu crítico y el
bajo nivel de vida hay una relación causa-efecto, pero desde luego
tiene parte de responsabilidad, ya que distrae a la población y
mitiga sus ganas de protestar.
En
realidad, creo que se nota en todo el mundo. Por doquier, niños y
mayores tienen como héroes y ejemplos a seguir a sus deportistas
favoritos. Por haber ganado títulos de gran prestigio y por haber
defendido con tesón y valentía la bandera nacional en un mundial o
en unos juegos olímpicos. Y también, el deporte se ha convertido en
una forma – al menos pacífica - de poder gritarle al mundo que tu
país es "mejor" que el resto. Disfrutando como propios los
éxitos ajenos, los patriotas están contentos.
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“¡Qué asco de país! Crisis, paro... ¡Qué m* de vid...
¡GOOOL! ¡GOL DE ESPAÑA! YO SOY ESPAÑOL, ESPAÑOL, ESPAÑOL...” (Cómico e ilustrativo comentario
que he encontrado por ahí.)
Ese
profundo sentimiento que desarrollamos hacia un equipo de fútbol o
la selección nacional; esos colores por los que moriríamos; esos
valores y esa filosofía de equipo que tanto nos gustan y esas ganas
de aleccionar a los demás con ellos... Nada lo hemos decidido
nosotros. Las élites lo hicieron en nuestro lugar.
Así
estamos, damas y caballeros. Atontados frente el televisor,
discutiendo e incluso agrediéndonos entre nosotros; mientras las
élites continúan campando a sus anchas, oprimiéndonos cada vez
más, y haciéndonos creer que lo nuestro es vida.
Los
goles, los verdaderos goles, nos los están metiendo a nosotros.
Y
por la escuadra.
BW.

Has elevado al grado de excelencia argumentativa lo que yo, con mi mas modesto vocabulario, llevo diciendo toda mi vida.
ResponderEliminarSuperior nivel, orgulloso estoy.
Sí, es obvio que uno también aprende de lo que vive en casa. Me honras. Muchas gracias, papá!
EliminarRealmente a todos nos gusta leer algo que expone nuestros propios pensamientos.
ResponderEliminarTú lo has explicado y razonado mejor que yo misma.
Excelente publicación.
Me ha encantado esa última frase....
Muchas gracias mamá, por todo!
EliminarNo se puede decir mas claro.
ResponderEliminarMe encanta lo que escribes y sobre todo lo que trasmites.
Muchas gracias!!
EliminarNo se puede decir mas claro.
ResponderEliminarMe encanta lo que escribes y sobre todo lo que trasmites.