“Todo tiempo pasado fue mejor”. Eso es un cliché. Pero incluso huyendo de él, puede afirmarse que hoy por hoy el honor personal ya no tiene el valor de antaño. Nuestras palabras se las lleva el viento, y es difícil confiar en la promesa, en la integridad y en la bondad ajenas.
Mal hecho. El honor puede y debe jugar un papel clave en nuestras vidas. Ganárselo, mantenerlo y saber utilizar los poderes que confiere, es la clave para alcanzar el “éxito” tal y como yo lo concibo.
¿Quién puede tener honor, qué se puede hacer con él, y por qué puede ser la llave del éxito?
Prólogo
He
dejado mi sello de identidad en cada palabra, en cada punto y en cada
coma de este escrito.
Es
tan idealista y bienintencionado como cabría esperar de mí. En él
muestro mis anhelos, mis aspiraciones, mi propia concepción del
“éxito” y cómo quisiera alcanzarlo. Apelo al honor, le
otorgo la grandeza que merece, y lo exhibo como una cualidad
imprescindible para la gente que, como yo, siente que tiene algo que
enseñarle al mundo.
PALABRA
DE HONOR
Como
seres sociales que somos, además del personal, anhelamos el éxito
social. En mayor o menor medida, nos gustaría gozar de cierto
reconocimiento, que nuestro nombre e imagen destaquen para bien ante
los demás.
Para
tener éxito social hay que cumplir unos requisitos, que, por
desgracia, en la actualidad se identifican con la acumulación de
un gran patrimonio. Pero
como
ya sabéis, para mí eso no es éxito.
Entonces,
¿qué es el éxito?
“Yo
aspiro – que no es poco – a dejar el mundo mejor que como me lo
encontré”.
Con esta frase cerré uno de mis primeros escritos, y la repito ahora
porque considero que el éxito, tanto personal como social, es
justamente eso.
El
éxito, para mí, es ser capaz de mejorar, primero, mi propia vida;
después, la de quienes quiero; y por último, la de la humanidad,
logrando que a mi muerte este mundo nuestro sea un poco más parecido
al de mis sueños.
Y
el de mis sueños, es un mundo donde la humanidad alcance la paz
incluyéndola en su propia cultura en vez de buscarla a base de
fuerza, donde los problemas se solucionen hablando y donde cada uno
cuide del resto bajo un clima de compañerismo y solidaridad.
¿Cómo
luchar por ese éxito?
Hay
una cualidad que considero imprescindible para quienes tengan este
tipo de aspiraciones vitales; y que a la vez, desde siempre, ha
brindado un gran éxito social a las pocas personas que la consiguen
y la conservan: la palabra de honor.
“Todo
tiempo pasado fue mejor”
Eso es un cliché.
Pero incluso huyendo de él, puede afirmarse que hoy por hoy el honor
personal ya no tiene el valor de antaño. Nuestras palabras se las
lleva el viento, y es difícil confiar en la promesa, en la
integridad y en la bondad ajenas.
Mal
hecho. El honor puede y debe jugar un papel clave en nuestras vidas.
Como ahora veremos, puede ser la llave del “éxito” tal y
como lo concibo.
¿Quién
tiene honor?
Tiene
honor esa persona que cuando habla, las demás callan y escuchan. Que
nadie se plantee siquiera poner en duda lo que dice o hace. Que actúa
según lo que predica. Que no ataca a nadie. Que cumple lo que
promete. Que sabe cuándo callar. Cuya simple presencia infunde
respeto, vaya donde vaya.
¿Cómo
se consigue el honor?
Es
una tarea difícil, porque debes sortear esa
desconfianza sistemática que tenemos hacia los demás y ese cierto
grado de maldad que tendemos a atribuirles por inercia,
llegando en ocasiones a incluir a nuestros allegados y seres
queridos, pues siguen siendo personas y forman parte de la sociedad
que en este sentido tanto aborrecemos, mientras nos creemos la
excepción a la regla o nos dejamos llevar por la corriente.
El
honor se consigue
cuando logras elevarte ante los demás desde el punto de vista de la
bondad y la corrección, convirtiéndote en la
excepción a esos prejuicios y miedos de la sociedad que
quizá tú mism@ también has interiorizado.
Se
ha de tener una reputación casi intachable.
No se trata de pensar, actuar o vivir para contentar al resto;
sino de forjarse una personalidad que te haga ser considerado como
ejemplo a seguir, una encarnación de los grandes valores
de la humanidad. Que sea casi imposible reprocharte
moralmente algo y tener razón. Que quien desconfíe de todo el
mundo, te conozca y piense “de éste no, éste tiene algo que
transmite buenas vibraciones”.
Esto
vale para cualquier persona y en cualquier lugar. Por mucho que
vivamos en una sociedad multicultural, donde no hay una única escala
de valores, algunos de ellos forman parte de casi cualquiera. Llámese
integridad, respeto, honradez, coherencia o buena fe, cuando
conocemos a alguien que transmite esos valores en su forma de pensar
y actuar, le premiamos con cierto “reconocimiento” como
persona, que se mantendrá o llegará a convertirse en admiración si
a medida que le seguimos conociendo vemos que esa primera impresión
era cierta, y que la segunda es incluso mejor.
“Honorable
tú; honorable tu palabra”
El
honor de una persona se transmite a su palabra, dándole el poder
de predicar. Su palabra será la única que pueda
cuestionar una opinión o un modo de actuar socialmente repudiable
sin pecar de hipocresía.
Por
eso, quienes creamos que tenemos algo que enseñar al mundo debemos
labrarnos un honor, para que nuestra palabra se tome en serio cuando
transmitimos nuestras ideas.
“Hágase
la paz: tu honor, la sentencia”
Una
habilidad muy útil para que te reconozcan palabra de honor, que a la
vez supone otro de los poderes que confiere, es el poder de
resolución de conflictos.
Ser
capaz de solucionar conflictos ajenos de la mejor forma posible,
da muchos méritos. Si quienes tienen problemas te permiten
intervenir, acceden a hacer lo que tú dices y ven que les da buen
resultado, como mínimo te reconocerán sabiduría
y objetividad, y eso hará que si vuelven a tener un
conflicto y tú te ofreces a ayudarles, te lo permitan y se dejen
guiar por ti.
Esto
se potencia cuando tú no eres ajeno al conflicto, sino parte de él.
Si propones soluciones que benefician a todas las partes - no sólo
a ti -, y las otras personas acceden y se produce el resultado
esperado, te van a reconocer - además de sabiduría y
objetividad - integridad y buenas
intenciones. Porque habrás demostrado que eres capaz de
sobrellevar las emociones negativas que se generan en los conflictos
a la hora de abordarlos; de evitar guiarte por el individualismo y la
competitividad a la hora de gestionarlos; y de tomar en consideración
tanto tus propios intereses - lo que marca la diferencia entre la
bondad cooperativa y la debilidad acomodativa - como los ajenos a la
hora de solucionarlos.
Si
todo sale bien, a esas personas que tenían el conflicto y a todas
aquellas que lo hayan presenciado, te las has ganado. Ante ellas,
eres una persona con honor.
De
ahí en adelante, si surgen nuevos conflictos, tanto entre ellas como
contigo, gestionarlos y solucionarlos será mucho más fácil si
decides tomar cartas en el asunto, algo que será obvio si estás
involucrado; pero que quizá – y esa es la idea – también pueda
ser posible aunque no lo estés, si ofreces tu ayuda.
Si
tienes palabra de honor, como
es sabido que quieres lo mejor para cualquiera,
la gente te permitirá
o incluso te pedirá que intervengas en sus conflictos;
porque puedes acabar con ellos. Y si esas
personas forman parte de tu día a día, la vida en común será más
fácil, todo gracias a ti.
En
conclusión
El
honor es uno de los mayores reconocimientos que te puede dar la
sociedad, que te permitirá resolver mejor conflictos propios y
ajenos, y te conferirá el poder de predicar, algo que te será de gran ayuda - si no imprescindible -, si, como yo, de una u otra
forma, pretendes contribuir a hacer del mundo un lugar mejor.
Gánatelo.
BW.
ESCRITOS
RELACIONADOS
ASPIRACIONES
VITALES: Aquí
hablo también sobre el “éxito”, una temática que, como veis,
me encanta. Es una crítica social que apunta a los problemas que
tiene el querer ser rico y poderoso, algo a lo que aspira mucha
gente. Problemas para uno mismo, y para la sociedad. Y también,
propongo una alternativa...
EL
CÍRCULO DEL MAL:
Aquí analizo esa manía nuestra de ir por ahí con la coraza puesta,
desconfiando de los demás, creyendo que en general la sociedad es
mala y las buenas personas vienen a cuentagotas. Hemos creado una
círculo vicioso a nuestra alrededor que lleva toda nuestra vida
haciendo estragos en nuestras relaciones sociales...

Este análisis no coincide con mi idea de lo que es el honor. Se pueden tener defectos y tener honor, integridad, sabiduría, empatía.... Tu descripción de honor y de palabra de honor es atribuible a un ser cuasiperfecto y creo que no existe nadie así en el mundo. Mi humilde opinión.
ResponderEliminarUna opinión aceptable.
EliminarNo obstante, yo no podría todas esas virtudes al mismo nivel.
Como has podido leer, considero que el “honor” es una virtud o cualidad suprema, que emerge de la combinación de muchas otras, como pueden ser - en efecto - la integridad y la sabiduría; y también podríamos incluir la empatía, como bien dices. No la mencioné, porque para mí la empatía ya entra dentro de la sabiduría: la capacidad de comprender los sentimientos y emociones ajenos, las circunstancias en que se hallan, etc., para poder ayudarles es una de las bases del “saber” en este sentido.
Al hablar de “perfección”, hay que tener en cuenta que ésta es relativa; y por consiguiente, inalcanzable, porque aunque uno se considere “perfecto” probablemente no lo será a ojos del resto.
¿Se puede tener defectos y tener honor? Sí, y no. Se pueden tener defectos; pero hay defectos que no se pueden tener. Imagino que me entiendes.
Entre ser “uno más”, con defectos y virtudes, y ser “perfecto” hay un término medio: conseguir, con tu forma de ser y actuar, sin vivir para contentar al resto, destacar para bien ante los demás. Y eso, para mí, sí es alcanzable, y la forma de hacerlo es la que relato en el escrito.
De seguro conoces a alguien así. Esa gente tiene honor. Se lo ha ganado. Son buenos ejemplos a seguir...