13 oct 2018

PALABRA DE HONOR


Sinopsis
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“Todo tiempo pasado fue mejor”. Eso es un cliché. Pero incluso huyendo de él, puede afirmarse que hoy por hoy el honor personal ya no tiene el valor de antaño. Nuestras palabras se las lleva el viento, y es difícil confiar en la promesa, en la integridad y en la bondad ajenas.

Mal hecho. El honor puede y debe jugar un papel clave en nuestras vidas. Ganárselo, mantenerlo y saber utilizar los poderes que confiere, es la clave para alcanzar el “éxito” tal y como yo lo concibo.

¿Quién puede tener honor, qué se puede hacer con él, y por qué puede ser la llave del éxito?

Prólogo

He dejado mi sello de identidad en cada palabra, en cada punto y en cada coma de este escrito.

Es tan idealista y bienintencionado como cabría esperar de mí. En él muestro mis anhelos, mis aspiraciones, mi propia concepción del “éxito” y cómo quisiera alcanzarlo. Apelo al honor, le otorgo la grandeza que merece, y lo exhibo como una cualidad imprescindible para la gente que, como yo, siente que tiene algo que enseñarle al mundo.

PALABRA DE HONOR

Como seres sociales que somos, además del personal, anhelamos el éxito social. En mayor o menor medida, nos gustaría gozar de cierto reconocimiento, que nuestro nombre e imagen destaquen para bien ante los demás.

Para tener éxito social hay que cumplir unos requisitos, que, por desgracia, en la actualidad se identifican con la acumulación de un gran patrimonio. Pero como ya sabéis, para mí eso no es éxito.

Entonces, ¿qué es el éxito?

“Yo aspiro – que no es poco – a dejar el mundo mejor que como me lo encontré”. Con esta frase cerré uno de mis primeros escritos, y la repito ahora porque considero que el éxito, tanto personal como social, es justamente eso.

El éxito, para mí, es ser capaz de mejorar, primero, mi propia vida; después, la de quienes quiero; y por último, la de la humanidad, logrando que a mi muerte este mundo nuestro sea un poco más parecido al de mis sueños.

Y el de mis sueños, es un mundo donde la humanidad alcance la paz incluyéndola en su propia cultura en vez de buscarla a base de fuerza, donde los problemas se solucionen hablando y donde cada uno cuide del resto bajo un clima de compañerismo y solidaridad.

¿Cómo luchar por ese éxito?

Hay una cualidad que considero imprescindible para quienes tengan este tipo de aspiraciones vitales; y que a la vez, desde siempre, ha brindado un gran éxito social a las pocas personas que la consiguen y la conservan: la palabra de honor.

“Todo tiempo pasado fue mejor” Eso es un cliché. Pero incluso huyendo de él, puede afirmarse que hoy por hoy el honor personal ya no tiene el valor de antaño. Nuestras palabras se las lleva el viento, y es difícil confiar en la promesa, en la integridad y en la bondad ajenas.

Mal hecho. El honor puede y debe jugar un papel clave en nuestras vidas. Como ahora veremos, puede ser la llave del “éxito” tal y como lo concibo.

¿Quién tiene honor?

Tiene honor esa persona que cuando habla, las demás callan y escuchan. Que nadie se plantee siquiera poner en duda lo que dice o hace. Que actúa según lo que predica. Que no ataca a nadie. Que cumple lo que promete. Que sabe cuándo callar. Cuya simple presencia infunde respeto, vaya donde vaya.

¿Cómo se consigue el honor?

Es una tarea difícil, porque debes sortear esa desconfianza sistemática que tenemos hacia los demás y ese cierto grado de maldad que tendemos a atribuirles por inercia, llegando en ocasiones a incluir a nuestros allegados y seres queridos, pues siguen siendo personas y forman parte de la sociedad que en este sentido tanto aborrecemos, mientras nos creemos la excepción a la regla o nos dejamos llevar por la corriente.

El honor se consigue cuando logras elevarte ante los demás desde el punto de vista de la bondad y la corrección, convirtiéndote en la excepción a esos prejuicios y miedos de la sociedad que quizá tú mism@ también has interiorizado.

Se ha de tener una reputación casi intachable. No se trata de pensar, actuar o vivir para contentar al resto; sino de forjarse una personalidad que te haga ser considerado como ejemplo a seguir, una encarnación de los grandes valores de la humanidad. Que sea casi imposible reprocharte moralmente algo y tener razón. Que quien desconfíe de todo el mundo, te conozca y piense “de éste no, éste tiene algo que transmite buenas vibraciones”.

Esto vale para cualquier persona y en cualquier lugar. Por mucho que vivamos en una sociedad multicultural, donde no hay una única escala de valores, algunos de ellos forman parte de casi cualquiera. Llámese integridad, respeto, honradez, coherencia o buena fe, cuando conocemos a alguien que transmite esos valores en su forma de pensar y actuar, le premiamos con cierto “reconocimiento” como persona, que se mantendrá o llegará a convertirse en admiración si a medida que le seguimos conociendo vemos que esa primera impresión era cierta, y que la segunda es incluso mejor.

Honorable tú; honorable tu palabra”

El honor de una persona se transmite a su palabra, dándole el poder de predicar. Su palabra será la única que pueda cuestionar una opinión o un modo de actuar socialmente repudiable sin pecar de hipocresía.

Por eso, quienes creamos que tenemos algo que enseñar al mundo debemos labrarnos un honor, para que nuestra palabra se tome en serio cuando transmitimos nuestras ideas.

Hágase la paz: tu honor, la sentencia”

Una habilidad muy útil para que te reconozcan palabra de honor, que a la vez supone otro de los poderes que confiere, es el poder de resolución de conflictos.

Ser capaz de solucionar conflictos ajenos de la mejor forma posible, da muchos méritos. Si quienes tienen problemas te permiten intervenir, acceden a hacer lo que tú dices y ven que les da buen resultado, como mínimo te reconocerán sabiduría y objetividad, y eso hará que si vuelven a tener un conflicto y tú te ofreces a ayudarles, te lo permitan y se dejen guiar por ti.

Esto se potencia cuando tú no eres ajeno al conflicto, sino parte de él. Si propones soluciones que benefician a todas las partes - no sólo a ti -, y las otras personas acceden y se produce el resultado esperado, te van a reconocer - además de sabiduría y objetividad - integridad y buenas intenciones. Porque habrás demostrado que eres capaz de sobrellevar las emociones negativas que se generan en los conflictos a la hora de abordarlos; de evitar guiarte por el individualismo y la competitividad a la hora de gestionarlos; y de tomar en consideración tanto tus propios intereses - lo que marca la diferencia entre la bondad cooperativa y la debilidad acomodativa - como los ajenos a la hora de solucionarlos.

Si todo sale bien, a esas personas que tenían el conflicto y a todas aquellas que lo hayan presenciado, te las has ganado. Ante ellas, eres una persona con honor.

De ahí en adelante, si surgen nuevos conflictos, tanto entre ellas como contigo, gestionarlos y solucionarlos será mucho más fácil si decides tomar cartas en el asunto, algo que será obvio si estás involucrado; pero que quizá – y esa es la idea – también pueda ser posible aunque no lo estés, si ofreces tu ayuda.

Si tienes palabra de honor, como es sabido que quieres lo mejor para cualquiera, la gente te permitirá o incluso te pedirá que intervengas en sus conflictos; porque puedes acabar con ellos. Y si esas personas forman parte de tu día a día, la vida en común será más fácil, todo gracias a ti.

En conclusión

El honor es uno de los mayores reconocimientos que te puede dar la sociedad, que te permitirá resolver mejor conflictos propios y ajenos, y te conferirá el poder de predicar, algo que te será de gran ayuda - si no imprescindible -, si, como yo, de una u otra forma, pretendes contribuir a hacer del mundo un lugar mejor.

Gánatelo.

BW.


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EL CÍRCULO DEL MAL: Aquí analizo esa manía nuestra de ir por ahí con la coraza puesta, desconfiando de los demás, creyendo que en general la sociedad es mala y las buenas personas vienen a cuentagotas. Hemos creado una círculo vicioso a nuestra alrededor que lleva toda nuestra vida haciendo estragos en nuestras relaciones sociales...

2 comentarios:

  1. Este análisis no coincide con mi idea de lo que es el honor. Se pueden tener defectos y tener honor, integridad, sabiduría, empatía.... Tu descripción de honor y de palabra de honor es atribuible a un ser cuasiperfecto y creo que no existe nadie así en el mundo. Mi humilde opinión.

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    1. Una opinión aceptable.

      No obstante, yo no podría todas esas virtudes al mismo nivel.

      Como has podido leer, considero que el “honor” es una virtud o cualidad suprema, que emerge de la combinación de muchas otras, como pueden ser - en efecto - la integridad y la sabiduría; y también podríamos incluir la empatía, como bien dices. No la mencioné, porque para mí la empatía ya entra dentro de la sabiduría: la capacidad de comprender los sentimientos y emociones ajenos, las circunstancias en que se hallan, etc., para poder ayudarles es una de las bases del “saber” en este sentido.

      Al hablar de “perfección”, hay que tener en cuenta que ésta es relativa; y por consiguiente, inalcanzable, porque aunque uno se considere “perfecto” probablemente no lo será a ojos del resto.

      ¿Se puede tener defectos y tener honor? Sí, y no. Se pueden tener defectos; pero hay defectos que no se pueden tener. Imagino que me entiendes.

      Entre ser “uno más”, con defectos y virtudes, y ser “perfecto” hay un término medio: conseguir, con tu forma de ser y actuar, sin vivir para contentar al resto, destacar para bien ante los demás. Y eso, para mí, sí es alcanzable, y la forma de hacerlo es la que relato en el escrito.

      De seguro conoces a alguien así. Esa gente tiene honor. Se lo ha ganado. Son buenos ejemplos a seguir...

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