Sinopsis
-
Al
final, todas las personas, con independencia de nuestras ideas,
buscamos lo mismo: vivir tranquilas y seguras.
Aceptar
la realidad, conformarse con lo establecido y adaptar nuestra vida a
ello, llegando a convertirnos en pequeños guardianes del orden y la
ley, parecen ser las formas más recurridas para conseguirlo. Pero
quizá no sean las adecuadas.
Quizá
eso no sea más que un autoengaño, por no querer o no sentirnos
capaces de cambiar una realidad, terminando por aceptarla aunque no
nos guste.
¿No
cabe acaso cuestionar las reglas del juego?
Prólogo
Esta
publicación es un remake de uno de los primeros textos que
escribí, con 20 años, cuando abrir este blog ni siquiera era una
idea sólida. En algún momento había decidido prescindir de él,
era muy agresivo -incluso para mí- y tenía poca base. Pero ahora
que mi blog ya tiene cierta consolidación, creo que es buena idea
rescatarlo.
Podría
decir que en lo que a política se refiere esta es una de mis obras
estandarte. En ella critico dos pensamientos ante la vida que son una
lacra para el desarrollo de la sociedad: el conformista y el
conservador.
Aún
aprecio en él la rabia que me llevó a hacerlo, una tarde de verano,
tras debatir en inferioridad numérica con unos amigos de la carrera.
Reconectemos
con mi “yo” de hace cuatro años, pues a él debemos que esto
exista.
DURA
LEX, SED LEX - LAS REGLAS
DEL JUEGO
“La
ley es dura, pero es la ley”. Una expresión latina
que sintetiza el pensamiento de no querer o no sentirse capaz de
cambiar una realidad, y terminar por aceptarla. Y da para mucho
que hablar.
Es
un pensamiento presente en la mentalidad conformista y adaptable
y en la conservadora con tintes autoritarios. En este escrito
veremos cómo piensan y cuáles son sus propuestas, para luego poder
juzgarlas.
En
un Estado, las leyes son quienes dicen qué está bien y qué está
mal. Términos ambiguos cuya interpretación puede dar problemas, y
por eso se utiliza la ley para alzar sobre el resto sus significados
más aceptados en cada comunidad, rodeándola de un potente mecanismo
de coerción para que pueda hacerse cumplir. De aquí partiremos.
¿Cómo
asimila esto la mente conformista?
Una
persona conformista es aquella que, tenga
o no sus propias ideas -si no las tiene le
resultará mucho más fácil- acepta, se conforma con lo que hay,
y se adapta a ello.
Digo
que lo acepta, porque al observar, desde abajo, cómo ahí
arriba hay una serie de ideas al parecer tan aceptadas, blindadas a
prueba de cualquier otra, deduce que esas ideas son, por
consiguiente, las apropiadas, las correctas, o al menos las
más cercanas a serlo, y por ello
no se opone ellas.
Digo
que se conforma, porque, como dedujo que son las que la
sociedad quiere, son también las
que tienen que regular las relaciones entre los individuos que
viven en su comunidad, incluido él mismo. Es democracia.
Y
digo que se adapta, porque teniendo eso claro, lo que hace es
regular su vida en función de lo que disponen las reglas del juego.
No
le da más vueltas, para evitar tener problemas.
El conformista no quiere líos. Para él es mejor, porque así jamás
tendrá problemas -al menos por voluntad propia– ni con sus
semejantes, que se supone que también siguen las mismas reglas, ni
con el poder, que le castigaría si no las cumpliese.
Pero
además, como ser social, predicará ese pensamiento.
Si todos fuesen como él, en su comunidad -o mejor todavía, en el
mundo- habría una tranquilidad y una seguridad sin precedentes, y
quizá se erradicarían la intolerancia, el odio, la inestabilidad...
Si
hablas con él de esto, sus
palabras te resultarán un tanto flojas, irradiantes de un angustioso
aura de resignación.
Pero si te paras a pensar, lo que dice tiene mucha lógica. La
persona conformista suele ser pacífica, amistosa y solidaria.
Sin duda, defiende unas propuestas a tener en cuenta.
"La
ley es dura, pero es la ley, amigo/a. No la cuestiones, acéptala y
adáptate a ella, y así no tendrás problemas, ni conmigo, ni con el
poder, ni con nadie."
Buena
filosofía de vida, ¿no? ¿Acaso no nos gustaría a todos vivir
tranquilos y seguros?
Pues
al conservador también. Ahora vamos con él.
¿Qué
sostiene la mente conservadora?
El
“dura lex, sed lex” funciona
al revés para el conservador. Mientras que el conformista concluye
eso tras analizar la realidad, el conservador
parte de ahí para
hacerlo.
El
conservador no tuvo que analizar las reglas del juego para decidir
aceptarlas; sino que analiza la realidad en función de las reglas
del juego. Parte de la férrea e inquebrantable convicción de
que las reglas vigentes son las correctas, las que hay que seguir
y no cabe cuestionar.
Si
las cuestionas, te dirá que no debes hacerlo, y posiblemente
empezará a mirarte por encima del hombro, como si fueses un
ignorante y/o un enemigo, para él y para todos. Y de una u otra
forma tratará de hacerte entrar en razón.
El
conservador defiende sus ideas reafirmando la veracidad, la
pulcritud y la corrección de las reglas establecidas, instándote
a aceptarlas y ya no solo adaptarte a ellas -eso por descontado-,
también a predicarlas.
Así,
se convierte en una especie de pequeño guardián del orden y de la
ley. Por eso en sus palabras es fácil observar destellos de
autoritarismo. Pero no lo hace a propósito ni pretende causar
ningún mal. Está convencido de que tiene razón. para él estás
equivocado, y tratará de llevarte por el buen camino. Por tu
bien, por el suyo y por el de todos.
La
persona conservadora es segura, tenaz y vehemente. Utilizará
argumentos tajantes, con una
sólida base pragmática que los hará muy poderosos.
Podría incluso hacerte dudar de tus propias convicciones, a no ser
que tú también seas una persona de ideas firmes.
"La
ley es dura, pero es la ley, amigo/a. Acéptala, adáptate a ella y
ayúdame a predicarla, porque si entre tú y yo conseguimos que la
gente respete las normas, todos viviremos seguros y tranquilos."
Pero
con el conservador hay que ir más allá, porque también
nos propone una cultura vital. Él no sólo es
fiel defensor de la ley, sino también de la costumbre y la
tradición. Para él,
existen directrices que nos dicen qué hacer; qué no hacer;
qué es socialmente aceptable; qué no lo es...
¿Qué
cultura vital nos propone el conservador?
Seré
sincero: no lo sé. Y no lo sé, porque ahí está su gran fallo.
Pronto lo entenderéis.
En
resumidas cuentas...
Tanto
el conformista como el conservador persiguen el mismo
objetivo: vivir tranquilos y seguros.
Y
en eso estoy de acuerdo con ambos. Al igual que ellos, y diría que
al igual que cualquiera, quiero eso. Un mundo en el que todos vivamos
tranquilos y seguros, en paz.
Pero
ni las ideas del conformista ni las del conservador son váidas
para alcanzar la paz y la seguridad. Por eso las detesto.
En
primer lugar, al conservador tengo dos
cosas que decirle.
La
primera es pura filosofía del derecho. El conservador comete un
grave error: equipara el "ser" con
el "deber ser".
Cree que las leyes, las costumbres y las tradiciones que están
vigentes en este momento, son las que, por siempre, tienen que seguir
teniendo una posición superior a las demás.
Ahí
se equivoca. Y
el estudiante o profesional del Derecho que también lo haga, tendrá
difícil escapar de la mediocridad.
Las reglas del juego de ahora no son
necesariamente las que “deben ser”,
ni en el presente ni en el futuro.
No
hay nada, ni en las ideas que hoy por hoy son ley en nuestra
comunidad, ni en la cultura vital que
mantenemos, que las haga superiores a las demás. Sólo son unas,
rodeadas por un número infinito de iguales. Sean ley o no,
cada una de ellas defiende una forma distinta de ver la vida, una
concepción diferente del "bien" y del "mal",
y no debe haber mecanismo coercitivo alguno de imposición de unas sobre otras.
Y
la segunda va relacionada con esa cultura vital que propone, y
que yo no sabría decir cómo es. No lo sé, porque proponga lo
que proponga, cae por su propio peso. Habría tenido muchísima
más fuerza si todos viviésemos en una única comunidad, en la cual,
generación tras generación, se hubiesen seguido unas ideas,
respetado unas costumbres y mantenido unas tradiciones. Unas pocas, y
no más.
Pero
eso no es así. En el mundo hay más de siete mil millones de
personas, unidas en infinidad de comunidades. Y en cada una de ellas
se siguen unas ideas, se mantienen unas costumbres y se respetan unas
tradiciones distintas a las de la comunidad de al lado. Y las de la
de más allá. Y las de aquella que no alcanzamos a ver, pero sabemos
que está allí.
Por
eso, cuando un conservador me propone seguir una cultura vital
y respetar unas costumbres y tradiciones, basándose en argumentos
como "siempre ha sido así" o "las
tradiciones hay que conservarlas, forman parte de nuestra identidad nacional",
yo me limito a sugerirle que viaje un poco. Porque hable con quien
hable, van a utilizar contra él sus mismos argumentos,
pero defendiendo ideas, costumbres y tradiciones distintas.
Cuando
dos conservadores se encuentran, ¿a quién debería hacerle caso?
Cada
uno de ellos dirá que los demás están equivocados. Eso tiene un
nombre: dogmatismo.
Y el dogmatismo, cuando
–como casi siempre– se une al autoritarismo, hace
estallar guerras. Y la paz no se puede conseguir a través
de la guerra. Entiéndase guerra
también en sentido metafórico.
Ahora,
en segundo lugar, vayamos al encuentro de nuestro amigo
conformista. Hablemos con él de leyes, de cultura
vital, de tranquilidad, de seguridad...
Puede
que le hagamos pensar un poco. Pero él, pronto, terminará la
conversación con sus típicas frases resignativas. "Es
lo que hay", "es lo que toca", "así
es la vida", "¿qué le vamos a hacer?"...
Cuán amante de la paz es nuestro amigo.
Sí,
todos queremos un mundo donde podamos vivir tranquilos y seguros.
Pero su error es pretender eso a cualquier precio.
Cuando una persona vive algo que no le gusta tiene que hacerlo
saber; tiene que tener y defender sus propias alternativas; tiene que
tratar de mostrar su propio concepto del "bien"
y del "mal" a los demás, a ver qué les parece. Y
si no los tiene, empezar por buscarlos.
En
resumen:
el
conservador no tiene ideas propias, sino que se apropia de aquellas
que imperan o imperaron en su día; y el conformista, si es que las
tiene, no se atreve a mostrarlas, y acepta lo que le echen.
¿Qué
ocurriría si todos tuviésemos nuestras propias ideas y nos
atreviésemos a predicarlas con palabra, obra y omisión?
Si
todos hiciésemos eso, la fuerza que tienen gran parte de las
ideas que son ley empezaría a flaquear, porque uno de sus
pilares centrales, la creencia de que las leyes irradian de la
voluntad popular, comenzaría a resquebrajarse hasta caer.
Nos
daríamos cuenta de que no tiene que haber una forma correcta de ver
o hacer las cosas, porque en el mundo hay una distinta por cada ser
humano que lo habita, y que, mientras sean compatibles con los
Derechos Humanos y los grandes valores de la humanidad,
son válidas.
De
esta forma, si nos acompaña un
desarrollo moral
en concordancia -requisito imprescindible, como expliqué en otra ocasión-, algún día sería posible crear y mantener un
contrato
social alternativo,
mucho más relativo, que no necesite de un poder artificial que
asegure e imponga su cumplimiento.
Quizá,
la solución para vivir tranquilos y seguros no sea aceptar las
reglas del juego y adaptarnos a ellas; sino que a quienes debemos
aceptar y adaptarnos es a cada una de las personas con las que
convivimos,
poniéndonos de acuerdo, por difícil que sea. Dando nuestro brazo a
torcer en ocasiones, para que así en otra ocasión otros den el
suyo.
No
hablo sólo de tolerancia, voy más allá. Hablo de convivencia. Eso
es lo que propongo.
Una
humanidad que sea capaz de entenderse sin que exista ningún poder
que eleve una idea por encima de las demás. Un
mundo en el que la convivencia sea posible sin Estados, sin leyes,
sin poder...
Una
sociedad en la que todas las culturas respetuosas con los Derechos
Humanos, existentes y por existir, puedan convivir en paz. Un
prójimo al que ayudar, con el que cooperar para conseguir lo que
queremos y con quien poder contar cuando necesitemos ayuda...
Y
es posible.
“¿Dura
lex, sed lex?” En absoluto.
La
receta para un mundo mejor no lleva leyes...
BW.
ESCRITOS
RELACIONADOS
NO
PAIN, NO GAIN: En lo que a política se refiere, ésta es otra de mis obras estandarte. En ella destapo una grandísima trampa de las élites,
muy bien planeada, con la que nos convencen de que todo en la vida
hay que ganárselo y el resto de la gente puede ser un enemigo contra
el que competir; mientras ellas se lucran con todo...
UN
CUENTO DE NUNCA ACABAR:
En este escrito, entre otros temas, profundizo en el problema del
dogmatismo unido a las armas. Por ideas han estallado y estallarán
las peores guerras, y es que parece mentira que cueste tanto entender
que jamás se alcanzará la paz a través de la guerra...
PAPAGAYOS:
Aquí profundizo en la confusión entre el “ser” y el “deber
ser” en el ámbito jurídico, y sus fatales consecuencias para los
profesionales del Derecho y la justicia en sí.
RECETA PARA UN MUNDO MEJOR: En este escrito intento, como su nombre indica, crear una receta para un mundo mejor. Y como he dicho, no lleva leyes...
Muy en tu linea cuestionadora e inconformista. Lástima que haya gente que sí tenga sus propias ideas y moral pero que vivan a costa de atropellar a quién lo haga del modo "establecido". Personas que destruirían la armónica convivencia allá donde fueren no importa qué leyes imperasen o estuviesen aceptadas. Como te digo siempre "las leyes están hechas para quien no se entiende sin ellas" que curiosamente aceptas y observas en tu vida, pero por tu futuro profesional no te quedará más remedio que convivir permanentemente con esas mismas leyes. ¡Y qué bonito sería...! Pero a veces, demasiadas veces, quién cuestiona y no acepta las leyes es para romper la convivencia ya de por sí difícil entre tantas y diversas comunidades e individualidades..... Me gusta tu planteamiento pero no todo el mundo es bueno....o malo... Y en los matices surgen las diferencias y las intolerancias. Al final es difícil entenderse sin las leyes.
ResponderEliminarLa única razón por la que existen -en efecto- personas que viven a costa de pisotear a los demás, es porque piensan -y la realidad actual acompaña- que así les irá mejor. Ni siquiera es cuestión de ser bueno o ser malo, es por puro instinto de supervivencia, como ocurre con el conformista y el conservador. Nada de distinto tienen en cuanto a sus motivaciones, lo más cuestionable son sus medios.
EliminarEl problema se solucionará, como he reiterado y reiteraré hasta la saciedad, con una cultura de cambio social progresivo, generacional, donde llegue un momento en que nadie perciba ese “peligro”, esa “necesidad”, esa “alerta” que hoy por hoy puede llevar a una persona a ser capaz de atropellar a las demás, al mismo tiempo que la búsqueda de poder también pierda su sentido porque no reportará ningún beneficio; más bien al contrario.
Poco que decir respecto a lo de no entenderse sin leyes, me remito en su integridad a mi escrito “libertad”, que en síntesis, medita sustituir las leyes por la moral, en concordancia con los DDHH y los grandes valores de la humanidad, como único medio -y no coercitivo- para guiar la actuación humana.
La ley sólo es un parche provisional en un neumático pinchado, más o menos apropiado según los casos. La solución es sustituirlo.
...."la búsqueda de poder pierda su sentido..."
EliminarMiseria humana donde las haya y difícil de erradicar.
En tu línea, es tu visión de la sociedad, imperfecta pero básicamente buena, la respeto pero no la comparto, para mi un conformista es una oveja en un rebaño dirigida por un pastor, si éste se para las ovejas tambíen, si éste se muere las ovejas también. El conformista frena la evolución, es dañino para el desarrollo de la humanidad, si sólo hubiese conformistas seguiríamos en la edad de piedra. Respeto al conservador opino que es un conformista en un día malo, si por que si porqué lo digo yo...el primero es dañino para la evolución humana el segundo tiende a destruirla, los dos junto con las religiones y ciertos conservadores radicales mutando en dictadores son los ingredientes principales en las guerras fraticidas. No estoy de acuerdo contigo en que ambos busquen la Paz, vivir tranquilos, etc, el primero es voluble, el segundo se impone, mezcla ambos y tendrás a una gran parte de la humanidad. Sigo soñando, gente como tú lo merece, no soy conformista, no soy conservador, soy un ser humano que cada día sigue creyendo que otra sociedad es posible soy eso, un inconformista radical. Cómo me llamarías?
ResponderEliminarDiría que casi no hay diferencia entre tu planteamiento y el mío, simplemente tú te has molestado más en ejemplificarlo.
EliminarPero sí, creo que tanto el conformista como el conservador buscan esa “paz”, el primero creyendo que si no se mete en nada, nada se meterá con él, y el segundo que imponiéndose está defendiendo “el bien”. Lo que es cuestionable son esos medios que utilizan para hacerlo.
Los pensamientos dogmáticos y religiosos que han desencadenado y desencadenarán las peores guerras persiguen -erróneamente, por supuesto- la paz; lo que ocurre es que para ellos en ese mundo “en paz” que conciben, hay personas que no tienen cabida. Esa paz es “para mí y para mis allegados”, y todo lo que no lo sea, sobra.
Es cuestión de entender -que no justificar, ¡jamás!- qué es lo que motiva a la gente así, para poder encontrar las mejores maneras de hacerle frente. Y sus motivaciones beben de dos fuentes principales: el (auto)engaño y la debilidad. En una humanidad tan mermada, derrotada y sumisa, no me extraña que imperen.
Precisamente, la revalorización y el empoderamiento individual y colectivo son las mejores armas para combatirlos; pero claro, las élites lo saben, por eso harán lo que sea para reprimirlos.
Te llamaría progresista.