23 mar 2019

DURA LEX, SED LEX - LAS REGLAS DEL JUEGO


Sinopsis
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Al final, todas las personas, con independencia de nuestras ideas, buscamos lo mismo: vivir tranquilas y seguras.

Aceptar la realidad, conformarse con lo establecido y adaptar nuestra vida a ello, llegando a convertirnos en pequeños guardianes del orden y la ley, parecen ser las formas más recurridas para conseguirlo. Pero quizá no sean las adecuadas.

Quizá eso no sea más que un autoengaño, por no querer o no sentirnos capaces de cambiar una realidad, terminando por aceptarla aunque no nos guste.

¿No cabe acaso cuestionar las reglas del juego?


Prólogo

Esta publicación es un remake de uno de los primeros textos que escribí, con 20 años, cuando abrir este blog ni siquiera era una idea sólida. En algún momento había decidido prescindir de él, era muy agresivo -incluso para mí- y tenía poca base. Pero ahora que mi blog ya tiene cierta consolidación, creo que es buena idea rescatarlo.

Podría decir que en lo que a política se refiere esta es una de mis obras estandarte. En ella critico dos pensamientos ante la vida que son una lacra para el desarrollo de la sociedad: el conformista y el conservador.

Aún aprecio en él la rabia que me llevó a hacerlo, una tarde de verano, tras debatir en inferioridad numérica con unos amigos de la carrera.

Reconectemos con mi “yo” de hace cuatro años, pues a él debemos que esto exista.


DURA LEX, SED LEX - LAS REGLAS DEL JUEGO

La ley es dura, pero es la ley. Una expresión latina que sintetiza el pensamiento de no querer o no sentirse capaz de cambiar una realidad, y terminar por aceptarla. Y da para mucho que hablar.

Es un pensamiento presente en la mentalidad conformista y adaptable y en la conservadora con tintes autoritarios. En este escrito veremos cómo piensan y cuáles son sus propuestas, para luego poder juzgarlas.

En un Estado, las leyes son quienes dicen qué está bien y qué está mal. Términos ambiguos cuya interpretación puede dar problemas, y por eso se utiliza la ley para alzar sobre el resto sus significados más aceptados en cada comunidad, rodeándola de un potente mecanismo de coerción para que pueda hacerse cumplir. De aquí partiremos.

¿Cómo asimila esto la mente conformista?

Una persona conformista es aquella que, tenga o no sus propias ideas -si no las tiene le resultará mucho más fácil- acepta, se conforma con lo que hay, y se adapta a ello.

Digo que lo acepta, porque al observar, desde abajo, cómo ahí arriba hay una serie de ideas al parecer tan aceptadas, blindadas a prueba de cualquier otra, deduce que esas ideas son, por consiguiente, las apropiadas, las correctas, o al menos las más cercanas a serlo, y por ello no se opone ellas.

Digo que se conforma, porque, como dedujo que son las que la sociedad quiere, son también las que tienen que regular las relaciones entre los individuos que viven en su comunidad, incluido él mismo. Es democracia.

Y digo que se adapta, porque teniendo eso claro, lo que hace es regular su vida en función de lo que disponen las reglas del juego.

No le da más vueltas, para evitar tener problemas. El conformista no quiere líos. Para él es mejor, porque así jamás tendrá problemas -al menos por voluntad propia– ni con sus semejantes, que se supone que también siguen las mismas reglas, ni con el poder, que le castigaría si no las cumpliese.

Pero además, como ser social, predicará ese pensamiento. Si todos fuesen como él, en su comunidad -o mejor todavía, en el mundo- habría una tranquilidad y una seguridad sin precedentes, y quizá se erradicarían la intolerancia, el odio, la inestabilidad...

Si hablas con él de esto, sus palabras te resultarán un tanto flojas, irradiantes de un angustioso aura de resignación. Pero si te paras a pensar, lo que dice tiene mucha lógica. La persona conformista suele ser pacífica, amistosa y solidaria. Sin duda, defiende unas propuestas a tener en cuenta.

"La ley es dura, pero es la ley, amigo/a. No la cuestiones, acéptala y adáptate a ella, y así no tendrás problemas, ni conmigo, ni con el poder, ni con nadie."

Buena filosofía de vida, ¿no? ¿Acaso no nos gustaría a todos vivir tranquilos y seguros?

Pues al conservador también. Ahora vamos con él.

¿Qué sostiene la mente conservadora?

El “dura lex, sed lex” funciona al revés para el conservador. Mientras que el conformista concluye eso tras analizar la realidad, el conservador parte de ahí para hacerlo.

El conservador no tuvo que analizar las reglas del juego para decidir aceptarlas; sino que analiza la realidad en función de las reglas del juego. Parte de la férrea e inquebrantable convicción de que las reglas vigentes son las correctas, las que hay que seguir y no cabe cuestionar.

Si las cuestionas, te dirá que no debes hacerlo, y posiblemente empezará a mirarte por encima del hombro, como si fueses un ignorante y/o un enemigo, para él y para todos. Y de una u otra forma tratará de hacerte entrar en razón.

El conservador defiende sus ideas reafirmando la veracidad, la pulcritud y la corrección de las reglas establecidas, instándote a aceptarlas y ya no solo adaptarte a ellas -eso por descontado-, también a predicarlas.

Así, se convierte en una especie de pequeño guardián del orden y de la ley. Por eso en sus palabras es fácil observar destellos de autoritarismo. Pero no lo hace a propósito ni pretende causar ningún mal. Está convencido de que tiene razón. para él estás equivocado, y tratará de llevarte por el buen camino. Por tu bien, por el suyo y por el de todos.

La persona conservadora es segura, tenaz y vehemente. Utilizará argumentos tajantes, con una sólida base pragmática que los hará muy poderosos. Podría incluso hacerte dudar de tus propias convicciones, a no ser que tú también seas una persona de ideas firmes.

"La ley es dura, pero es la ley, amigo/a. Acéptala, adáptate a ella y ayúdame a predicarla, porque si entre tú y yo conseguimos que la gente respete las normas, todos viviremos seguros y tranquilos."

Pero con el conservador hay que ir más allá, porque también nos propone una cultura vital. Él no sólo es fiel defensor de la ley, sino también de la costumbre y la tradición. Para él, existen directrices que nos dicen qué hacer; qué no hacer; qué es socialmente aceptable; qué no lo es...

¿Qué cultura vital nos propone el conservador?

Seré sincero: no lo sé. Y no lo sé, porque ahí está su gran fallo. Pronto lo entenderéis.

En resumidas cuentas...

Tanto el conformista como el conservador persiguen el mismo objetivo: vivir tranquilos y seguros.

Y en eso estoy de acuerdo con ambos. Al igual que ellos, y diría que al igual que cualquiera, quiero eso. Un mundo en el que todos vivamos tranquilos y seguros, en paz.

Pero ni las ideas del conformista ni las del conservador son váidas para alcanzar la paz y la seguridad. Por eso las detesto.

En primer lugar, al conservador tengo dos cosas que decirle.

La primera es pura filosofía del derecho. El conservador comete un grave error: equipara el "ser" con el "deber ser". Cree que las leyes, las costumbres y las tradiciones que están vigentes en este momento, son las que, por siempre, tienen que seguir teniendo una posición superior a las demás.

Ahí se equivoca. Y el estudiante o profesional del Derecho que también lo haga, tendrá difícil escapar de la mediocridad. Las reglas del juego de ahora no son necesariamente las que “deben ser”, ni en el presente ni en el futuro.

No hay nada, ni en las ideas que hoy por hoy son ley en nuestra comunidad, ni en la cultura vital que mantenemos, que las haga superiores a las demás. Sólo son unas, rodeadas por un número infinito de iguales. Sean ley o no, cada una de ellas defiende una forma distinta de ver la vida, una concepción diferente del "bien" y del "mal", y no debe haber mecanismo coercitivo alguno de imposición de unas sobre otras.

Y la segunda va relacionada con esa cultura vital que propone, y que yo no sabría decir cómo es. No lo sé, porque proponga lo que proponga, cae por su propio peso. Habría tenido muchísima más fuerza si todos viviésemos en una única comunidad, en la cual, generación tras generación, se hubiesen seguido unas ideas, respetado unas costumbres y mantenido unas tradiciones. Unas pocas, y no más.

Pero eso no es así. En el mundo hay más de siete mil millones de personas, unidas en infinidad de comunidades. Y en cada una de ellas se siguen unas ideas, se mantienen unas costumbres y se respetan unas tradiciones distintas a las de la comunidad de al lado. Y las de la de más allá. Y las de aquella que no alcanzamos a ver, pero sabemos que está allí.

Por eso, cuando un conservador me propone seguir una cultura vital y respetar unas costumbres y tradiciones, basándose en argumentos como "siempre ha sido así" o "las tradiciones hay que conservarlas, forman parte de nuestra identidad nacional", yo me limito a sugerirle que viaje un poco. Porque hable con quien hable, van a utilizar contra él sus mismos argumentos, pero defendiendo ideas, costumbres y tradiciones distintas.

Cuando dos conservadores se encuentran, ¿a quién debería hacerle caso?

Cada uno de ellos dirá que los demás están equivocados. Eso tiene un nombre: dogmatismo. Y el dogmatismo, cuando –como casi siempre– se une al autoritarismo, hace estallar guerras. Y la paz no se puede conseguir a través de la guerra. Entiéndase guerra también en sentido metafórico.

Ahora, en segundo lugar, vayamos al encuentro de nuestro amigo conformista. Hablemos con él de leyes, de cultura vital, de tranquilidad, de seguridad...

Puede que le hagamos pensar un poco. Pero él, pronto, terminará la conversación con sus típicas frases resignativas. "Es lo que hay", "es lo que toca", "así es la vida", "¿qué le vamos a hacer?"... Cuán amante de la paz es nuestro amigo.

Sí, todos queremos un mundo donde podamos vivir tranquilos y seguros. Pero su error es pretender eso a cualquier precio. Cuando una persona vive algo que no le gusta tiene que hacerlo saber; tiene que tener y defender sus propias alternativas; tiene que tratar de mostrar su propio concepto del "bien" y del "mal" a los demás, a ver qué les parece. Y si no los tiene, empezar por buscarlos.

En resumen: el conservador no tiene ideas propias, sino que se apropia de aquellas que imperan o imperaron en su día; y el conformista, si es que las tiene, no se atreve a mostrarlas, y acepta lo que le echen.

¿Qué ocurriría si todos tuviésemos nuestras propias ideas y nos atreviésemos a predicarlas con palabra, obra y omisión?

Si todos hiciésemos eso, la fuerza que tienen gran parte de las ideas que son ley empezaría a flaquear, porque uno de sus pilares centrales, la creencia de que las leyes irradian de la voluntad popular, comenzaría a resquebrajarse hasta caer.

Nos daríamos cuenta de que no tiene que haber una forma correcta de ver o hacer las cosas, porque en el mundo hay una distinta por cada ser humano que lo habita, y que, mientras sean compatibles con los Derechos Humanos y los grandes valores de la humanidad, son válidas.

De esta forma, si nos acompaña un desarrollo moral en concordancia -requisito imprescindible, como expliqué en otra ocasión-, algún día sería posible crear y mantener un contrato social alternativo, mucho más relativo, que no necesite de un poder artificial que asegure e imponga su cumplimiento.

Quizá, la solución para vivir tranquilos y seguros no sea aceptar las reglas del juego y adaptarnos a ellas; sino que a quienes debemos aceptar y adaptarnos es a cada una de las personas con las que convivimos, poniéndonos de acuerdo, por difícil que sea. Dando nuestro brazo a torcer en ocasiones, para que así en otra ocasión otros den el suyo.

No hablo sólo de tolerancia, voy más allá. Hablo de convivencia. Eso es lo que propongo.

Una humanidad que sea capaz de entenderse sin que exista ningún poder que eleve una idea por encima de las demás. Un mundo en el que la convivencia sea posible sin Estados, sin leyes, sin poder...

Una sociedad en la que todas las culturas respetuosas con los Derechos Humanos, existentes y por existir, puedan convivir en paz. Un prójimo al que ayudar, con el que cooperar para conseguir lo que queremos y con quien poder contar cuando necesitemos ayuda...

Y es posible.

“¿Dura lex, sed lex?” En absoluto.

La receta para un mundo mejor no lleva leyes...

BW.


ESCRITOS RELACIONADOS

NO PAIN, NO GAIN: En lo que a política se refiere, ésta es otra de mis obras estandarte. En ella destapo una grandísima trampa de las élites, muy bien planeada, con la que nos convencen de que todo en la vida hay que ganárselo y el resto de la gente puede ser un enemigo contra el que competir; mientras ellas se lucran con todo...

UN CUENTO DE NUNCA ACABAR: En este escrito, entre otros temas, profundizo en el problema del dogmatismo unido a las armas. Por ideas han estallado y estallarán las peores guerras, y es que parece mentira que cueste tanto entender que jamás se alcanzará la paz a través de la guerra...

PAPAGAYOS: Aquí profundizo en la confusión entre el “ser” y el “deber ser” en el ámbito jurídico, y sus fatales consecuencias para los profesionales del Derecho y la justicia en sí.

RECETA PARA UN MUNDO MEJOR: En este escrito intento, como su nombre indica, crear una receta para un mundo mejor. Y como he dicho, no lleva leyes...

5 comentarios:

  1. Muy en tu linea cuestionadora e inconformista. Lástima que haya gente que sí tenga sus propias ideas y moral pero que vivan a costa de atropellar a quién lo haga del modo "establecido". Personas que destruirían la armónica convivencia allá donde fueren no importa qué leyes imperasen o estuviesen aceptadas. Como te digo siempre "las leyes están hechas para quien no se entiende sin ellas" que curiosamente aceptas y observas en tu vida, pero por tu futuro profesional no te quedará más remedio que convivir permanentemente con esas mismas leyes. ¡Y qué bonito sería...! Pero a veces, demasiadas veces, quién cuestiona y no acepta las leyes es para romper la convivencia ya de por sí difícil entre tantas y diversas comunidades e individualidades..... Me gusta tu planteamiento pero no todo el mundo es bueno....o malo... Y en los matices surgen las diferencias y las intolerancias. Al final es difícil entenderse sin las leyes.

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    1. La única razón por la que existen -en efecto- personas que viven a costa de pisotear a los demás, es porque piensan -y la realidad actual acompaña- que así les irá mejor. Ni siquiera es cuestión de ser bueno o ser malo, es por puro instinto de supervivencia, como ocurre con el conformista y el conservador. Nada de distinto tienen en cuanto a sus motivaciones, lo más cuestionable son sus medios.

      El problema se solucionará, como he reiterado y reiteraré hasta la saciedad, con una cultura de cambio social progresivo, generacional, donde llegue un momento en que nadie perciba ese “peligro”, esa “necesidad”, esa “alerta” que hoy por hoy puede llevar a una persona a ser capaz de atropellar a las demás, al mismo tiempo que la búsqueda de poder también pierda su sentido porque no reportará ningún beneficio; más bien al contrario.

      Poco que decir respecto a lo de no entenderse sin leyes, me remito en su integridad a mi escrito “libertad”, que en síntesis, medita sustituir las leyes por la moral, en concordancia con los DDHH y los grandes valores de la humanidad, como único medio -y no coercitivo- para guiar la actuación humana.

      La ley sólo es un parche provisional en un neumático pinchado, más o menos apropiado según los casos. La solución es sustituirlo.

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    2. ...."la búsqueda de poder pierda su sentido..."
      Miseria humana donde las haya y difícil de erradicar.

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  2. En tu línea, es tu visión de la sociedad, imperfecta pero básicamente buena, la respeto pero no la comparto, para mi un conformista es una oveja en un rebaño dirigida por un pastor, si éste se para las ovejas tambíen, si éste se muere las ovejas también. El conformista frena la evolución, es dañino para el desarrollo de la humanidad, si sólo hubiese conformistas seguiríamos en la edad de piedra. Respeto al conservador opino que es un conformista en un día malo, si por que si porqué lo digo yo...el primero es dañino para la evolución humana el segundo tiende a destruirla, los dos junto con las religiones y ciertos conservadores radicales mutando en dictadores son los ingredientes principales en las guerras fraticidas. No estoy de acuerdo contigo en que ambos busquen la Paz, vivir tranquilos, etc, el primero es voluble, el segundo se impone, mezcla ambos y tendrás a una gran parte de la humanidad. Sigo soñando, gente como tú lo merece, no soy conformista, no soy conservador, soy un ser humano que cada día sigue creyendo que otra sociedad es posible soy eso, un inconformista radical. Cómo me llamarías?

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    1. Diría que casi no hay diferencia entre tu planteamiento y el mío, simplemente tú te has molestado más en ejemplificarlo.

      Pero sí, creo que tanto el conformista como el conservador buscan esa “paz”, el primero creyendo que si no se mete en nada, nada se meterá con él, y el segundo que imponiéndose está defendiendo “el bien”. Lo que es cuestionable son esos medios que utilizan para hacerlo.

      Los pensamientos dogmáticos y religiosos que han desencadenado y desencadenarán las peores guerras persiguen -erróneamente, por supuesto- la paz; lo que ocurre es que para ellos en ese mundo “en paz” que conciben, hay personas que no tienen cabida. Esa paz es “para mí y para mis allegados”, y todo lo que no lo sea, sobra.

      Es cuestión de entender -que no justificar, ¡jamás!- qué es lo que motiva a la gente así, para poder encontrar las mejores maneras de hacerle frente. Y sus motivaciones beben de dos fuentes principales: el (auto)engaño y la debilidad. En una humanidad tan mermada, derrotada y sumisa, no me extraña que imperen.

      Precisamente, la revalorización y el empoderamiento individual y colectivo son las mejores armas para combatirlos; pero claro, las élites lo saben, por eso harán lo que sea para reprimirlos.

      Te llamaría progresista.

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