27 abr 2019

MERECÍA MORIR DE VIEJO (3) - VENCERÁ EL DESEO DE VIVIR


Sinopsis
-
Un gavilán que alza el vuelo. Líneas quebradas que se vuelven rectas. Un mensaje oculto. La palabra de un loco. Tres fotografías. Papel quemado. Un precipicio y una mirada abatida. Una esperanza que regresa. Una mano tendida que ofrece ayuda al guerrero caído en sus luchas internas... ¿la tomará?

Una muerte que supone el triunfo de una vida.

De la vida misma.

Y es que, lo merecía...


MERECÍA MORIR DE VIEJO

Parte 3 – Vencerá el deseo de vivir

(...)

VÍSPERA DE SU MUERTE

22 de junio de 2075.

Los mellizos ya estaban dormidos. Entró en el dormitorio y encontró a su compañera leyendo su libro de memorias. Se tumbó a su lado y sonrió:

- “Qué, ¿está interesante?”

Ella cerró el libro, lo dejó en la mesilla, y se acurrucó bajo su brazo, mirándole con orgullo.

- “Nos lavaste la cabeza, amor. Pero buena falta nos hacía, la teníamos llena de mierda.”

- “En el corazón llevamos un buen limpiador. Sólo había que aprender a utilizarlo”, pecó él de falsa modestia.

Ella le devolvió la sonrisa. Le apetecía picarle un poco.

- “Y tú que te querías tirar... menos mal que te salvé.”

El anciano se enfadó. Eso no era cierto. Siempre detestó sentirse vulnerable, y nunca lo había sido tanto como aquel día, cuarenta y tres años atrás. Uno de los más felices de su vida, sí. Pero una parte de su ser, y no era ningún secreto, lo odiaba.

- “¡Tú no me salvaste, me ayudaste a que me salvara yo!” responde con enojo. Como siempre, fue incapaz de entender que le estaban tomando el pelo.

- “Y tú no me enamoraste...” –la anciana se acerca a él, le besa en la mejilla y le susurra al oído– “me enamoré yo.”

(...)

CUARENTA Y TRES AÑOS ANTES

16 de mayo de 2032.

Tras una última mirada de aprobación a la pantalla, contempla con horror cómo aquel hombre, sin dejar de mirar al precipicio, se inclina hacia adelante. Fugaz, recoge sus utensilios, y mientras trata de colgarse la mochila al hombro echa a correr hacia él, montaña abajo, gritándole:

- “¡Oiga! ¡Oiga! ¡Deténgase! ¡No lo haga!”

Sus gritos sorprenden al varón, que creía hallarse solo en el lugar.

¿Lanzarse antes de que se lo impidieran? No lo tiene del todo claro. “Las cosas se hacen bien o no se hacen”, resuena en su cabeza uno de los dichos a los que más recurría. Suspira, niega con la cabeza, y con varios envites de fuerzas de flaqueza, se incorpora de nuevo.

- “¿En qué estaba pensando? ¡Podría haberse matado!”, le grita al llegar a su encuentro, jadeando.

Él la mira durante un instante, mostrándole su rostro. A ella le resulta familiar.

- “Pero usted es...”

- “Llámame Paul”, le dice ya sin mirarla.

Eso la desconcierta. Pasa un minuto en silencio. No sabe qué decir, ni qué hacer. Pero no quería irse. No quería dejarle así. No podía dejarle así. Y menos, a él.

Decide sentarse a su lado.

- “Me llamo Lena”, se presenta mientras fuerza una sonrisa.

Él la observa de reojo, asiente con la cabeza y vuelve a desviar la mirada, siempre impasible.

Lena intenta crear conversación:

- “Te conozco. Llevo tiempo viéndote en la tele. Me gusta mucho cómo piensas. O bueno... más bien cómo hablas. Da la impresión de que no piensas antes de hablar. Ah, y “El aullido del lobo negro” es maravilloso, siento una gran conexión contigo. No te asustes, pero... cuanto más te leo, más te admiro.”

Paul parece sentir una mezcla de satisfacción y melancolía. Ladea la cabeza hacia ella, la mira a los ojos, y volviéndose, duda:

- “Quizá no lo merezca”.

Se hace el silencio de nuevo, durante unos segundos que parecen una eternidad. Lena se da cuenta de que el abatimiento de aquel hombre era crítico. Pero por oficio sabía que si quería ayudarle, lo mejor que podía hacer era permanecer a su lado, hacerle sentir su presencia.

De pronto Paul, mirando al horizonte, suspira:

- “¿Sabes lo que es... tocar fondo? ¿Sabes lo que es... sentir que el mundo te odia, y plantearte si merece la pena luchar por él? Dudar de lo que piensas, de lo que dices, de lo que haces, de la voz de tu interior... de ti mismo...de lo que sientes...

Toda una vida buscando lo mejor para los demás...

¿Y si al final nada ha tenido sentido?”

Lena le apoya suavemente la mano en el hombro, señal de comprensión. Y poco después, Paul, al borde del llanto, rompe:

- Es duro estar en mi lugar. No consigo que la gente me tome en serio. Puedo transmitir, pero no convencer. Al final, cada uno mira al mundo desde su propio cristal, y eso es muy difícil de cambiar. La realidad perceptible siempre lo hará mejor que las palabras de un loco dándoselas de predicador. Ya no sé qué pensar. Estoy cansado. Muy cansado...

Lena le retira la mano del hombro y mira con él hacia el horizonte, pensativa:

-“Estamos enfermos, Paul. Es como si viviéramos en silencio un apocalipsis zombie. Millones y millones de personas perdiendo su espíritu, pero conservando su cuerpo y su capacidad motriz, a la caza del humano sano. Y no necesitan morder para comerse tu cerebro. Les basta con gruñir, e ignorarte si tratas de defenderte. Te destrozan sin piedad.”

A Paul no parece disgustarle ese símil.

- “¿Cómo luchar contra eso? Eres uno entre un millón. Te buscan, te encuentran, te persiguen, te acorralan, te gruñen...”

Ella se encoge de hombros.

- “¿No decías que querías cambiar el mundo? Yo soy enfermera, no puedo darte esa respuesta. Ni siquiera sé si existe o no. Pero me gustaría que la encontraras. Quizá esa sea tu mayor razón para vivir...”

Él hace un gesto de afirmación, y se anima. Decide que ya es momento de corresponder el interés que aquella chica mostraba hacia él.

- “Y dime Lena... “ -se gira hacia ella y fuerza una sonrisa - “¿cuál es la tuya?”

Lena se sentía fantástica. Ahora percibía de Paul una cercanía casi imposible de transmitir con tan pocas palabras y gestos. ¿Cómo era capaz de parecer tan presente siendo tan distante?

Sin dudarlo, le abre su corazón:

- “He visto esperanzas, demasiadas, escapándose entre mis manos. He visto miradas luchando hasta el límite de sus fuerzas y su fe para no perderse en el vacío... y terminar cayendo en él. He asistido al instante exacto en que un alma muere, antes que el propio cuerpo, cuando asume que su destello de luz ya nunca llegará. He visto a gente perderlo todo. He visto tanta risa tornarse en llanto en tan sólo unos instantes...

Y entonces, comprendí que cada minuto cuenta. Que cada día puede ser el último, pero también el mejor. Me enamoré de la vida. Me propuse ayudarle a dar a quien más sufre una segunda oportunidad. Y a eso entregué la mía. A salvar la de los demás.”

Paul se muestra sorprendido. No sabía qué tenía aquella chica, si eran sus palabras, su tono de voz, su mano en el hombro o su simple respiración, pero le hacía sentirse apoyado y comprendido. Poco sospechaban ambos que sin que ninguno se diese cuenta, su barrera de hielo estaba empezando a derretirse...

- “Ayudar a quien lo necesita es una causa noble. Muy noble. Benditas seáis, tú, tu profesión y cualquiera que la desempeñe con pasión. En cierto modo te admiro, no sería capaz de estar en tu lugar aunque quisiera.”

A Lena se le ilumina la mirada. Y nada mejor se le ocurre que jugar un poco con su pelo y mirarle con ternura. Deseaba grabar esas palabras en su memoria para siempre.

Él, ajeno a los pensamientos de la chica, continúa hablando:

- “Creo que estamos juntos en esta guerra. La tuya es una buena forma de buscar el éxito. Para mí, no hay mayor éxito que conseguir mejorar, al tiempo que nuestra propia vida y la de nuestra gente, la de todos los demás. Cada persona, a su manera, debe llegar a vivir la sensación de saber que está ayudando a la humanidad. Yo la he perseguido con anhelo desde hace muchos años. Es mi mayor deseo, mi mayor sueño. Pero no la he conocido aún. Y el miedo a jamás conocerla es lo que me ha traído hoy hasta aquí.

En fin, ojalá tú tengas más suerte que yo. Dicen que quienes más han sufrido son quienes más capacidad tienen de sanar...”

Lena, hasta entonces embaucada, libera una mueca sarcástica cuando escucha esa última frase:

- “Mechanic:Resurrection. Esperaba más de ti, Paul.”

Paul se sonroja y deja escapar una sonrisa de esas que ruegan misericordia, como la de un niño que ha sido sorprendido comiendo bombones a escondidas:

- “¡Me has pillado! Me gusta esa peli. Y esa frase es de las que marcan. Ya sabes, escribí sobre eso...”

Lena continúa ironizando:

- “¿Americanada comercial con el falso macho alfa, fuerte, protector, que nunca muere, al heroico rescate de su querida hembra en apuros? No sé yo si te pegará mucho Jason Statham...”

Paul ya es incapaz de controlar su risa nerviosa. Definitivamente, algo había en esa chica que le estaba devolviendo la esperanza. Él no era una persona fácil de tratar, pero se las había arreglado para hacer que se desinhibiese. Era como si supiera, en cada momento exacto, qué decir o qué hacer para sacar lo mejor de él. No había conocido a nadie así hasta entonces. Empezaba a replantearse que quizá valía la pena seguir luchando, por personas así. Y bueno... quizá también por ella en concreto. Además, creía notar en su mirada un brillo muy particular. No se lo podía creer. ¿La había enamorado? ¡Pero si no lo pretendía!

Entonces, Lena, fingiéndose inocente, abre su mochila y coge la cámara.

- “Mira, te hice esta foto antes. ¿A que es bonita?”

La pantalla del dispositivo muestra a Paul un hombre de unos treinta y cinco años, sentado al borde de un precipicio, mirando hacia abajo, dudando. Detrás de él, rocas, hierba alta, pequeños arbustos y una valla de madera rota y carcomida que en algún momento decidió sortear. Al frente, la hermosa pradera de las afueras de aquella ciudad. Más allá, casi en la línea del horizonte, la ciudad en todo su esplendor. Arriba, el cielo, azul grisáceo, algo nublado pero no amenazante. Abajo... la nada.

Se sentía extraño. Si le hubiesen mostrado esa imagen un rato antes, no sabría qué hacer de haber estado en lugar de ese hombre. Pero en ese momento, tenía claro que se pondría a salvo de inmediato.

Y ese hombre, era él.

Un escalofrío recorre todo su cuerpo. De golpe, todavía sentado, se arrastra medio metro hacia atrás, como si por puro instinto quisiera huir de un peligro que ya no corría.

Entonces Lena se levanta, y mirándole con ternura, le tiende la mano:

- “No te vayas, Paul. El mundo necesita gente como tú.”

Paul ya no tenía ninguna intención de irse. Habían revivido en él los motivos que le hacían levantarse cada mañana. Sus porqués para dar la bienvenida a un nuevo día. Y por si le faltaban... ahora tenía otro más. Absurdo negar lo evidente.

- “Si me quedo, ¿volveremos a vernos?”, le pregunta.

Ella sonríe.

- “Hoy tengo guardia de noche en el hospital. Pero mañana podemos hablar.”

Paul toma la mano de Lena... y se levanta.

FIN.


Epílogo

Y así, el deseo de vivir venció.

Un joven pensador venido a menos aceptó la mano que una enfermera aficionada a la fotografía le tendió... para no soltarla jamás.

Dio el “sí” a la vida.

Y murió de viejo.


BW.


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5 comentarios:

  1. Me ha encantado.... Ésa última foto... Aquélla....
    Relato tranquilo, sin suspendes, distinto.... Relatas una historia muy humana y llena de amor. La de cualquiera. Bueno, no. La de cualquiera no. Yo que te conozco bien veo cosas que no todos verán, ni sabrán, ni recordarán.... Magnífico....

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  2. Me reafirmo y corrijo. Sin suspense, pero leyendo todo seguido sí que lo hay. Hay intriga y ganas de seguir. Dominas la narrativa. Nada que ver tus relatos con el resto de tus publicaciones. Aquí tus palabras son arte. En el resto comunican y hacen pensar. Quiero más de éstos.
    👏🏽👏🏽👏🏽👏🏽

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    1. Entre este comentario y el anterior, puedo observar que has sido capaz de apreciar el relato, de conectar con su esencia y dejarla que te guíe. Me siento muy orgulloso de esta obra, y con gusto aceptaré estas bonitas palabras. Muchas gracias!!

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  3. He disfrutado leyendo esta historia tierna, un relato sencillamente humano, la busqueda de no pasar por la vida de puntillas, un objetivo vital de aportar y no solo demandar, un ideal generoso que lleva casi a la muerte. Muy bién redactado. Para releerlo varias veces.

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    1. Ha sido toda una odisea encontrar la forma de combinar humanidad, locura y benevolencia. Este relato tiene mil y una complicaciones, que intentan calar en el lector, y si éste está atento, lo van a conseguir. Me siento muy orgulloso de él, y aprecio estas palabras. Muchas gracias!!

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