Sinopsis
-
Un
gavilán que alza el vuelo. Líneas quebradas que se vuelven rectas.
Un mensaje oculto. La palabra de un loco. Tres fotografías. Papel
quemado. Un precipicio y una mirada abatida. Una esperanza que
regresa. Una mano tendida que ofrece ayuda al guerrero caído en sus
luchas internas... ¿la tomará?
Una
muerte que supone el triunfo de una vida.
De
la vida misma.
Y
es que, lo merecía...
MERECÍA
MORIR DE VIEJO
Parte
3 – Vencerá el deseo de vivir
(...)
VÍSPERA
DE SU MUERTE
22
de junio de 2075.
Los
mellizos ya estaban dormidos. Entró en el dormitorio y encontró a
su compañera leyendo su libro de memorias. Se tumbó a su lado y
sonrió:
-
“Qué, ¿está interesante?”
Ella
cerró el libro, lo dejó en la mesilla, y se acurrucó bajo su
brazo, mirándole con orgullo.
-
“Nos lavaste la cabeza, amor. Pero buena falta nos hacía, la
teníamos llena de mierda.”
-
“En el corazón llevamos un buen limpiador. Sólo había que
aprender a utilizarlo”, pecó él de falsa modestia.
Ella
le devolvió la sonrisa. Le apetecía picarle un poco.
-
“Y tú que te querías tirar... menos mal que te salvé.”
El
anciano se enfadó. Eso no era cierto. Siempre detestó sentirse
vulnerable, y nunca lo había sido tanto como aquel día, cuarenta y
tres años atrás. Uno de los más felices de su vida, sí. Pero una
parte de su ser, y no era ningún secreto, lo odiaba.
-
“¡Tú no me salvaste, me ayudaste a que me salvara yo!”
responde con enojo. Como siempre, fue incapaz de entender que le
estaban tomando el pelo.
-
“Y tú no me enamoraste...” –la anciana se acerca a él,
le besa en la mejilla y le susurra al oído– “me enamoré
yo.”
(...)
CUARENTA
Y TRES AÑOS ANTES
16
de mayo de 2032.
Tras
una última mirada de aprobación a la pantalla, contempla con horror
cómo aquel hombre, sin dejar de mirar al precipicio, se inclina
hacia adelante. Fugaz, recoge sus utensilios, y mientras trata de
colgarse la mochila al hombro echa a correr hacia él, montaña
abajo, gritándole:
-
“¡Oiga! ¡Oiga! ¡Deténgase! ¡No lo haga!”
Sus
gritos sorprenden al varón, que creía hallarse solo en el lugar.
¿Lanzarse
antes de que se lo impidieran? No lo tiene del todo claro. “Las
cosas se hacen bien o no se hacen”, resuena en su cabeza uno de
los dichos a los que más recurría. Suspira, niega con la cabeza, y
con varios envites de fuerzas de flaqueza, se incorpora de nuevo.
-
“¿En qué estaba pensando? ¡Podría haberse matado!”, le
grita al llegar a su encuentro, jadeando.
Él
la mira durante un instante, mostrándole su rostro. A ella le
resulta familiar.
-
“Pero usted es...”
-
“Llámame Paul”, le dice ya sin mirarla.
Eso
la desconcierta. Pasa un minuto en silencio. No sabe qué decir, ni
qué hacer. Pero no quería irse. No quería dejarle así. No podía
dejarle así. Y menos, a él.
Decide
sentarse a su lado.
-
“Me llamo Lena”, se presenta mientras fuerza una sonrisa.
Él
la observa de reojo, asiente con la cabeza y vuelve a desviar la
mirada, siempre impasible.
Lena
intenta crear conversación:
-
“Te conozco. Llevo tiempo viéndote en la tele. Me gusta mucho
cómo piensas. O bueno... más bien cómo hablas. Da la impresión de
que no piensas antes de hablar. Ah, y “El aullido del lobo negro”
es maravilloso, siento una gran conexión contigo. No te asustes,
pero... cuanto más te leo, más te admiro.”
Paul
parece sentir una mezcla de satisfacción y melancolía. Ladea la
cabeza hacia ella, la mira a los ojos, y volviéndose, duda:
-
“Quizá no lo merezca”.
Se
hace el silencio de nuevo, durante unos segundos que parecen una
eternidad. Lena se da cuenta de que el abatimiento de aquel hombre
era crítico. Pero por oficio sabía que si quería ayudarle, lo
mejor que podía hacer era permanecer a su lado, hacerle sentir su
presencia.
De
pronto Paul, mirando al horizonte, suspira:
-
“¿Sabes lo que es... tocar fondo? ¿Sabes lo que es... sentir
que el mundo te odia, y plantearte si merece la pena luchar por él?
Dudar de lo que piensas, de lo que dices, de lo que haces, de la voz
de tu interior... de ti mismo...de lo que sientes...
Toda
una vida buscando lo mejor para los demás...
¿Y
si al final nada ha tenido sentido?”
Lena
le apoya suavemente la mano en el hombro, señal de comprensión. Y
poco después, Paul, al borde del llanto, rompe:
-
Es duro estar en mi lugar. No consigo que la gente me tome en serio.
Puedo transmitir, pero no convencer. Al final, cada uno mira al mundo
desde su propio cristal, y eso es muy difícil de cambiar. La
realidad perceptible siempre lo hará mejor que las palabras de un
loco dándoselas de predicador. Ya no sé qué pensar. Estoy cansado.
Muy cansado...
Lena
le retira la mano del hombro y mira con él hacia el horizonte,
pensativa:
-“Estamos
enfermos, Paul. Es como si viviéramos en silencio un apocalipsis
zombie. Millones y millones de personas perdiendo su espíritu, pero
conservando su cuerpo y su capacidad motriz, a la caza del humano
sano. Y no necesitan morder para comerse tu cerebro. Les basta con
gruñir, e ignorarte si tratas de defenderte. Te destrozan sin
piedad.”
A
Paul no parece disgustarle ese símil.
-
“¿Cómo luchar contra eso? Eres uno entre un millón. Te
buscan, te encuentran, te persiguen, te acorralan, te gruñen...”
Ella
se encoge de hombros.
-
“¿No decías que querías cambiar el mundo? Yo soy enfermera,
no puedo darte esa respuesta. Ni siquiera sé si existe o no. Pero me
gustaría que la encontraras. Quizá esa sea tu mayor razón para
vivir...”
Él
hace un gesto de afirmación, y se anima. Decide que ya es momento de
corresponder el interés que aquella chica mostraba hacia él.
-
“Y dime Lena... “ -se gira hacia ella y fuerza una
sonrisa - “¿cuál es la tuya?”
Lena
se sentía fantástica. Ahora percibía de Paul una cercanía casi
imposible de transmitir con tan pocas palabras y gestos. ¿Cómo era
capaz de parecer tan presente siendo tan distante?
Sin
dudarlo, le abre su corazón:
-
“He visto esperanzas, demasiadas, escapándose entre mis manos.
He visto miradas luchando hasta el límite de sus fuerzas y su fe
para no perderse en el vacío... y terminar cayendo en él. He
asistido al instante exacto en que un alma muere, antes que el propio
cuerpo, cuando asume que su destello de luz ya nunca llegará. He
visto a gente perderlo todo. He visto tanta risa tornarse en llanto
en tan sólo unos instantes...
Y
entonces, comprendí que cada minuto cuenta. Que cada día puede ser
el último, pero también el mejor. Me enamoré de la vida. Me
propuse ayudarle a dar a quien más sufre una segunda oportunidad. Y
a eso entregué la mía. A salvar la de los demás.”
Paul
se muestra sorprendido. No sabía qué tenía aquella chica, si eran
sus palabras, su tono de voz, su mano en el hombro o su simple
respiración, pero le hacía sentirse apoyado y comprendido. Poco
sospechaban ambos que sin que ninguno se diese cuenta, su barrera de
hielo estaba empezando a derretirse...
-
“Ayudar a quien lo necesita es una causa noble. Muy noble.
Benditas seáis, tú, tu profesión y cualquiera que la desempeñe
con pasión. En cierto modo te admiro, no sería capaz de estar en tu
lugar aunque quisiera.”
A
Lena se le ilumina la mirada. Y nada mejor se le ocurre que jugar un
poco con su pelo y mirarle con ternura. Deseaba grabar esas palabras
en su memoria para siempre.
Él,
ajeno a los pensamientos de la chica, continúa hablando:
-
“Creo que estamos juntos en esta guerra. La tuya es una buena forma
de buscar el éxito. Para mí, no hay mayor éxito que conseguir
mejorar, al tiempo que nuestra propia vida y la de nuestra gente, la
de todos los demás. Cada persona, a su manera, debe llegar a vivir
la sensación de saber que está ayudando a la humanidad. Yo la he
perseguido con anhelo desde hace muchos años. Es mi mayor deseo, mi
mayor sueño. Pero no la he conocido aún. Y el miedo a jamás
conocerla es lo que me ha traído hoy hasta aquí.
En
fin, ojalá tú tengas más suerte que yo. Dicen que quienes más han
sufrido son quienes más capacidad tienen de sanar...”
Lena,
hasta entonces embaucada, libera una mueca sarcástica cuando escucha
esa última frase:
-
“Mechanic:Resurrection. Esperaba más de ti, Paul.”
Paul
se sonroja y deja escapar una sonrisa de esas que ruegan
misericordia, como la de un niño que ha sido sorprendido comiendo
bombones a escondidas:
-
“¡Me has pillado! Me gusta esa peli. Y esa frase es de las que
marcan. Ya sabes, escribí sobre eso...”
Lena
continúa ironizando:
-
“¿Americanada comercial con el falso macho alfa, fuerte,
protector, que nunca muere, al heroico rescate de su querida hembra
en apuros? No sé yo si te pegará mucho Jason Statham...”
Paul
ya es incapaz de controlar su risa nerviosa. Definitivamente, algo
había en esa chica que le estaba devolviendo la esperanza. Él no
era una persona fácil de tratar, pero se las había arreglado para
hacer que se desinhibiese. Era como si supiera, en cada momento
exacto, qué decir o qué hacer para sacar lo mejor de él. No había
conocido a nadie así hasta entonces. Empezaba a replantearse que
quizá valía la pena seguir luchando, por personas así. Y bueno...
quizá también por ella en concreto. Además, creía notar en su
mirada un brillo muy particular. No se lo podía creer. ¿La había
enamorado? ¡Pero si no lo pretendía!
Entonces,
Lena, fingiéndose inocente, abre su mochila y coge la cámara.
-
“Mira, te hice esta foto antes. ¿A que es bonita?”
La
pantalla del dispositivo muestra a Paul un hombre de unos treinta y
cinco años, sentado al borde de un precipicio, mirando hacia abajo,
dudando. Detrás de él, rocas, hierba alta, pequeños arbustos y una
valla de madera rota y carcomida que en algún momento decidió
sortear. Al frente, la hermosa pradera de las afueras de aquella
ciudad. Más allá, casi en la línea del horizonte, la ciudad en
todo su esplendor. Arriba, el cielo, azul grisáceo, algo nublado
pero no amenazante. Abajo... la nada.
Se
sentía extraño. Si le hubiesen mostrado esa imagen un rato antes,
no sabría qué hacer de haber estado en lugar de ese hombre. Pero en
ese momento, tenía claro que se pondría a salvo de inmediato.
Y
ese hombre, era él.
Un
escalofrío recorre todo su cuerpo. De golpe, todavía sentado, se
arrastra medio metro hacia atrás, como si por puro instinto quisiera
huir de un peligro que ya no corría.
Entonces
Lena se levanta, y mirándole con ternura, le tiende la mano:
-
“No te vayas, Paul. El mundo necesita gente como tú.”
Paul
ya no tenía ninguna intención de irse. Habían revivido en él los
motivos que le hacían levantarse cada mañana. Sus porqués para dar
la bienvenida a un nuevo día. Y por si le faltaban... ahora tenía
otro más. Absurdo negar lo evidente.
-
“Si me quedo, ¿volveremos a vernos?”, le pregunta.
Ella
sonríe.
-
“Hoy tengo guardia de noche en el hospital. Pero mañana podemos
hablar.”
Paul
toma la mano de Lena... y se levanta.
FIN.
Epílogo
Y
así, el deseo de vivir venció.
Un
joven pensador venido a menos aceptó la mano que una enfermera
aficionada a la fotografía le tendió... para no soltarla jamás.
Dio
el “sí” a la vida.
Y
murió de viejo.
BW.
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Me ha encantado.... Ésa última foto... Aquélla....
ResponderEliminarRelato tranquilo, sin suspendes, distinto.... Relatas una historia muy humana y llena de amor. La de cualquiera. Bueno, no. La de cualquiera no. Yo que te conozco bien veo cosas que no todos verán, ni sabrán, ni recordarán.... Magnífico....
Me reafirmo y corrijo. Sin suspense, pero leyendo todo seguido sí que lo hay. Hay intriga y ganas de seguir. Dominas la narrativa. Nada que ver tus relatos con el resto de tus publicaciones. Aquí tus palabras son arte. En el resto comunican y hacen pensar. Quiero más de éstos.
ResponderEliminar👏🏽👏🏽👏🏽👏🏽
Entre este comentario y el anterior, puedo observar que has sido capaz de apreciar el relato, de conectar con su esencia y dejarla que te guíe. Me siento muy orgulloso de esta obra, y con gusto aceptaré estas bonitas palabras. Muchas gracias!!
EliminarHe disfrutado leyendo esta historia tierna, un relato sencillamente humano, la busqueda de no pasar por la vida de puntillas, un objetivo vital de aportar y no solo demandar, un ideal generoso que lleva casi a la muerte. Muy bién redactado. Para releerlo varias veces.
ResponderEliminarHa sido toda una odisea encontrar la forma de combinar humanidad, locura y benevolencia. Este relato tiene mil y una complicaciones, que intentan calar en el lector, y si éste está atento, lo van a conseguir. Me siento muy orgulloso de él, y aprecio estas palabras. Muchas gracias!!
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